
Rodeado y consumido por árboles y maleza, a 700 metros de altura y sobre un cerro, se alzan los restos de lo que fuere la ermita del Castillo, vigilando atentamente el paso por el valle del Cinca, por Aínsa, Griebal, el Muro de Roda y Buil. Ahí, en lo alto, se mantiene desde su construcción en el siglo XI, testigo del nacimiento del embalse del Mediano tras su inundación en 1969 - aunque la obra llevaba en curso desde 1915 como parte del conjunto del Mediano. Este embalse, en su inauguración, se llevó por delante el casco del pueblo, el llamado Puente del Diablo y la iglesia central, cuya torre asoma, solitaria, desde entonces. Morillo de Tou es uno de los pueblos españoles consumidos por embalses en el desarrollo de la industria hidroeléctrica.
José María Campo, natural de mediano que, a los 14 años, presenció la inundación de su pueblo tras la apertura de las compuertas del embalse, ve la iglesia como un símbolo de la resistencia del pueblo a la despoblación y la pérdida de patrimonio, recordando como “hubo que pelear para que no la derribaran, se derribó todo el pueblo”, según relata a El Periódico de Aragón.
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Fue algo inesperado, según cuenta José María, que ocurrió sin previo aviso y sin dar tiempo a reaccionar. Sucedió en una época de fuertes lluvias, ese abril de 1969. La duración de una misa fue suficiente para que el agua pasara de estar muy cerca al umbral de sus puertas, y los vecinos, imaginando que podrían regresar una vez la lluvia aminorase, se llevaron lo que pudieron. Pero fue imposible: el agua no llegó a bajar, sólo se podía llegar en barca, y sus enseres habían quedado destruidos.
La población de Morillo de Tou se vio obligada a emigrar. Sus casas, sus tierras, su vida entera había quedado sumergida en el desarrollo de la industria hidroeléctrica del país, y nadie dijo nada, según José María, hasta una semana después de haberlo perdido todo.
Tuvieron que pasar 15 años hasta que, el 4 de julio de 1984, Comisiones Obreras solicitó a la Confederación Hidroeléctrica del Ebro la cesión del pueblo y, aunque esta no se haría efectiva hasta febrero de 1986, los trabajos de recuperación comenzaron el 13 de octubre de 1985 de la mano de la Asociación de Amigos de Morillo de Tou. Este sindicato hizo todo posible por revivir el pueblo, dotándolo además de áreas de ocio y de descanso. Poco a poco, fue convirtiéndose en lo que es hoy: un gran centro de vacaciones en un pueblo vivo y dinámico, 55 años después de su abandono.
El nuevo Morillo de Tou: un centro de vacaciones en el Pirineo aragonés
Los responsables de revivir el pueblo no esperaban gran cosa a cambio, más allá que su pueblo. Se invirtieron al menos 100.000 horas de voluntariado entre trabajos de desbroce, desescombro, apuntalamiento y reconstrucción de las casas que aún, a duras penas, se mantenían en pie. Muchos de estos voluntarios, además, eran jóvenes en riesgo de exclusión laboral que iban aprendiendo un oficio al tiempo que colaboraban en los esfuerzos de reconstrucción a través de escuelas taller de carpintería, albañilería, y cantería. Finalmente, se acabó este proceso de reconstrucción con la adaptación de los edificios rehabilitados a la normativa turística y a los estándares de accesibilidad.
Hoy en día, Morillo de Tou es un centro de vacaciones con unas vistas increíbles que, en sus fechas de mayor actividad, puede llegar a acoger a 700 personas al día. Piscinas, bungalows de lujo, apartamentos, bares y zonas de juegos, rodeados de naturaleza y en pleno Pirineo aragonés: Morillo de Tou es ahora uno de los destinos clave del turismo aragonés, a solo 4 kilómetros del Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido y el Parque Nacional de la Sierra y Cañones de Guara, muy cerca de la preciosa localidad de Alquézar y del centro de Aínsa, uno de los pueblos más bonitos de España.
A pesar de tratarse de un enclave turístico, el patrimonio del pueblo sigue en deterioro, amenazado por el paso del tiempo y el descuido al que fue sometido. Debido a esto, desde Comisiones Obreras se ha lanzado la iniciativa “salvar la torre de Tou”, siendo esta torre de campanario medieval el último vestigio del pasado del pueblo aragonés. En pos del desarrollo sostenible y cultural, el pueblo ha llevado a cabo varios proyectos, como la fundación de la Huerta de Morillo, cuyo producto se sirve ya en los platos del restaurante Morillo de Tou - o su Pirineo Jazz Festival, en el que los visitantes pueden disfrutar de tonos azules, terceras y séptimas arropados por el paisaje montañés del Pirineo aragonés.
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