A poco más de 100 kilómetros de la frontera con España, en el corazón del Alentejo portugués, a mitad de camino entre Lisboa y Extremadura, se encuentra Évora, un auténtico tesoro histórico. Los monumentos medievales, las calles laberínticas y las casas encaladas que actúan como testigo de épocas pasadas hacen de esta ciudad un libro de historia del arte luso. La mejor forma de descubrir sus secretos es recorriendo sus vías serpenteantes.
Por su ambiente tranquilo y acogedor, es fácil comprender por qué los reyes de Portugal del siglo XV escogieron esta ciudad -cuyo origen se remonta a la época romana- como su residencia. Este hecho contribuyó al desarrollo e importancia que vivió en los siglos posteriores. Fue esa historia -y el haber conservado hasta hoy un impecable conjunto urbano-, lo que hicieron que la UNESCO reconociera a Évora como Patrimonio Mundial.
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Una ciudad que esconde maravillas arquitectónicas
Esta antigua villa real esconde, entre sus calles y casas blancas, numerosas maravillas arquitectónicas e históricas. Una de ellas, que destaca por su importancia histórica y sus proezas de ingeniería, es el Aqueduto da Água de Prata. Este monumental acueducto fue construido en el siglo XVI bajo el reinado de João III para abastecer de agua dulce a la ciudad.
Un acueducto con casas incrustadas

El acueducto es más que una obra de ingeniería. Erigido entre 1531 y 1537 y diseñado por Francisco de Arruda (también participó en el diseño de la Torre de Belém) abarca 18 kilómetros desde la Granja de Divor hasta el centro de Évora. Las canalizaciones y arcadas de granito son de estilo renacentista y descansan sobre lo que probablemente fue el antiguo acueducto romano.
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No sólo impresiona la monumentalidad de sus dimensiones, también llama la atención cómo desde la Edad Media se han construido casas insertas en el acueducto. En esa época no existía el concepto de protección del patrimonio, por lo que los vecinos de la localidad sólo trataban de aprovechar cualquier recoveco para construir su hogar.
La leyenda detrás del acueducto
El nombre de Agua de Plata proviene de una antigua leyenda que cuenta que la luz de la luna que se reflejaba en el caudal que fluía por los arcos otorgaba al agua un aspecto plateado. No obstante, algunos historiadores apuntan que su homónimo podía deberse al impuesto llamado ‘Agua Real’ que se utilizó para financiar su construcción, de ahí que se asocie con la plata, como se suele representar el dinero.
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El acueducto fue nombrado Monumento Nacional de Portugal en 1910 y no sólo cumplió su función vital, sino que también embelleció el centro histórico con añadidos como el pórtico renacentista Fecho Real do Aqueduto o la Caja de Agua.
Una silueta que domina el horizonte

La silueta de la Catedral domina el horizonte y recorta el paisaje de Évora. Más conocida como Sé de Évora, su verdadero nombre es Basílica Sé de Nossa Senhora da Assunção. Es la catedral medieval más grande de todo Portugal. Este edificio religioso protege la ciudad desde la parte más alta y refleja la transición del románico al gótico. Sus torres medievales y el valioso tesoro del Museo de Arte Sacro la convierten en una visita imprescindible.
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Una increíble riqueza histórica
La riqueza histórica de esta villa se remonta dos milenios, desde que los romanos la conquistaran en el 59 a.C. hasta el dominio musulmán y la posterior Reconquista cristiana en el siglo XII. Aunque, el apogeo de esta ciudad llegó durante los reinados de D. João II y D. Manuel I, donde floreció y se enriqueció con palacios y monumentos que hoy en día siguen en pie. Un paseo por sus calles es un recorrido por estas diversas culturas que han dejado su huella en este tesoro del Alentejo.
Cómo llegar
Para llegar a Évora desde Badajoz, tendremos que coger la A-6 y circular por ella durante 101 kilómetros, 1 hora y ocho minutos de viaje aproximadamente.
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