
La Bureba es una comarca a la que Azorín definió como “el corazón de la tierra de Burgos”, y que encierra en su interior, al noroeste de la provincia, varios de los elementos que definen la esencia castellana: llanuras, arroyos y muchos edificios medievales. Pero además de todo este patrimonio, la región también destaca por una abundante y variada vegetación, que congrega también un importante catálogo de animales. Es por eso, y por la abundancia de altos picos en los alrededores, que a lo largo de todo su territorio han ido proliferando enclaves donde, desde las alturas, poder maravillarse ante la rica geografía de la zona.
Así, en esta serie de enclaves, que van desde Lences hasta Poza de la Sal, pasando por puntos como Pancorbo o el Monasterio de Rodilla, un mirador se destaca por encima del resto: el Portillo de Busto. Este mágico lugar debe su nombre a la aldea cerca de la que se ubica, dentro del municipio de Oña y circundado por las elevadas montañas de los Montes Obarenes.
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Así, desde La Aldea del Portillo de Busto, situda entre Oña y Frías, se puede ir al Kilómetro 16,800 de la carretera autónoma BU-504, desde donde se abre un sendero que, eso sí, con un pronunciado ascenso, conduce hasta un Alto a unos mil metros de altura en el que se encuentra el mirador. Este puede identificarse fácilmente gracias al muro de mampostería de varios metros de longitud, además de una mesa interpretativa donde se incluyen algunos datos y elementos sobresalientes de la zona para disfrutar mejor de las vistas.

Junto a un parque natural
Desde lo alto del mirador, los visitantes podrán disfrutar del Parque Natural Montes Obarenes-San Zadornil. Este espacio, fruto de la complicada orografía y de estar justo en medio de las regiones biogeográficas distintas -atlántica y mediterránea-, concentra una vegetación especialmente variada: se pueden encontrar encinas y hayas, arces y serbales, así como prados de siega y tierras cerealistas, por no hablar de extensos pinares junto a robles y madroños. También la fauna es un punto a destacar, puesto que congrega a más de un centenar de especies de vertebrados entre los que cabe destacar aves como el buitre leonado o el águila real, así como el gato montés, la nutria y el siempre difícil de ver desmán de los Pirineos, todas ellas especies en peligro.
De hecho, en este sentido, el gran atractivo del mirador es que, según la estación en la que se visite, se pueden encontrar vistas completamente distintas, empezando por los cambios de vegetación, pero también debido a la meteorología, que puede incluso provocar la aparición de un inmenso mar de nubes único.
El territorio del Parque ha sido y sigue siendo muy alabado por su belleza paisajística. A su alrededor, los viajeros pueden apreciar numerosos cañones, hoces y desfiladeros producidos, en gran medida, por la mezcla entre dos enclaves icónicos de la Península: la Cordillera Cantábrica y los Pirineos.

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Por último, otro elemento que se puede apreciar en la travesía hasta el mirador será la inagotable riqueza cultural, con muchos edificios medievales de entre los que cabe destacar el castillo de la ciudad de Frías y, muy en especial, el monasterio de San Salvador. No en vano, esta Iglesia aúna diferentes estilos artísticos como el románico, el gótico, el musulmán, el egipcio e incluso el romano.
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