Con leche, negro, blanco o con frutos secos, el chocolate es una de las joyas más dulces que se pueden disfrutar. Este ingrediente es uno de los productos más consumidos a nivel mundial y que más amantes tiene. Esto no es para menos, pues su versatilidad permite degustar recetas que van desde deliciosas tartas y galletas hasta salsas que acompañan a guisos y estofados. Pero hasta en su versión más simple, el chocolate cautiva a los paladares más exigentes.
Durante los días fríos de invierno, no hay nada mejor que un buen vaso de chocolate a la taza para entrar en calor. Una receta que lleva en nuestras casas más de 400 años y que su origen reside en uno de los monumentos arquitectónicos y naturales más impresionantes de España. Estamos hablando del Monasterio de Piedra, un espectacular conjunto ubicado en Zaragoza, concretamente en Nuévalos, y que es uno de los sitios más emblemáticos y visitados por su rica composición histórica y natural.
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La cuna del chocolate a la taza

Junto a todos los encantos que atesora el Monasterio de Piedra, lo que muchos desconocen es que es donde nació el chocolate a la taza en España. Este tiene su origen en la llegada del chocolate a la península, de forma que allá por el siglo XVI, en uno de sus viajes, Hernán Cortés llevo consigo a Fray Jerónimo Aguilar. Estos llegaron a México, donde descubrieron el cacao, y a su vuelta, el eclesiástico envió el primer cacao junto con la receta al abad del Monasterio de Piedra, Antonio de Álvaro.
Un regalo que no tardó en ganar popularidad entre los monjes de la orden. La acogida del cacao por parte de estos religiosos se debió, en gran medida, a su eficacia como método para combatir el frío, así como a la ausencia de restricciones por parte de la doctrina católica respecto a su consumo durante los períodos de ayuno. Este detalle fue crucial para su rápida adopción y posterior diseminación a lo largo de la Península Ibérica y, más tarde, por toda Europa.
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Los encantos del Monasterio de Piedra

El cuánto al Monasterio, este fue fundado en 1194 por monjes provenientes de Poblet, en la provincia de Tarragona. Bajo el patronazgo de Alfonso II de Aragón, este monasterio cisterciense se erige en un entorno natural privilegiado, que incluye un parque de exuberante vegetación y cascadas impresionantes. Fue un centro importante de la vida monástica hasta su desamortización en 1835, momento en el que pasó a manos privadas y comenzó una nueva etapa como atractivo turístico y cultural.
El parque natural que rodea el monasterio es otro de los grandes atractivos del lugar. Inaugurado al público en 1867, el parque es un oasis de naturaleza que alberga diversas especies de flora y fauna, así como espectaculares formaciones rocosas, grutas y cascadas, siendo la Cola de Caballo una de las más famosas por su caída de agua de más de 50 metros, así como las de los Chorreadores o La Caprichosa.
Pero por si esto fuera poco, este espacio cuenta con numerosos senderos que permiten recorrer todos los tesoros que oculta el parque. Así, son la mejor forma de disfrutar de las diferentes cascadas y cuevas en mitad de un entorno natural inimaginable. El complejo incluye también el Museo del Vino de D.O. Calatayud, ubicado en las antiguas bodegas del monasterio, donde los visitantes pueden conocer más sobre la historia vitivinícola de la región y degustar diferentes variedades.
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Cómo llegar
Desde Zaragoza, el viaje hasta el Monasterio de Piedra es de alrededor de 1 hora y 20 minutos por la carretera A-2. Por su parte, desde Madrid el trayecto tiene una duración estimada de 2 horas y 30 minutos por la misma vía.
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