Aristóteles, filósofo griego: “¿Qué es un amigo? Una sola alma que habita en dos cuerpos”

En su ‘Ética a Nicómaco’ el pensador de la antigua Grecia reflexionó sobre la utilidad, el placer y la virtud que habitan en forjar vínculos de amistad con otras personas

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Estatua del filósofo griego Aristóteles.
Estatua del filósofo griego Aristóteles. (Shutterstock)

Es común pensar que la filosofía se dedica a los debates más sesudos: lógica, ética, física, metafísica... Sin embargo, lo cierto es que uno de los campos por los que más se ha interesado es el de los lazos humanos. Ya desde los antiguos griegos, muchos filósofos encontraban en la amistad el motor del conocimiento compartido, con figuras como la de Epicuro, quien llegó a afirmar que, de todas las cosas que la sabiduría provee para la felicidad, la mayor es la posesión de la amistad.

Entre los filósofos griegos que reflexionaron sobre los amigos destaca Aristóteles, considerado como uno de los más ilustres pensadores de la Antigüedad. Para él, la filosofía no era un ejercicio solitario, sino una experiencia profundamente comunitaria. De hecho, su inmenso aprecio por los vínculos afectivos quedó inmortalizado para la posteridad en una célebre y conmovedora sentencia: “¿Qué es un amigo? Una sola alma que habita en dos cuerpos".

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Esta frase, recogida históricamente por biógrafos como Diógenes Laercio en sus crónicas sobre sabios antiguos, define cómo para Aristóteles el verdadero amigo, más que un simple conocido por el que sentimos un gran afecto, es alguien con quien compartimos una conexión espiritual y emocional. La intimidad entre ambos puede llegar a tal nivel que la distancia física, de hecho, se desvanece, fusionando dos identidades en un mismo sentimiento y propósito de vida.

Aristóteles
Pintura de 'La escuela de Atenas', de Rafael Sanzio. En el centro, hablan Platón (izquierda) y Aristóteles (derecha).

Los tres tipos de amigos que estableció Aristóteles

En su obra Ética a Nicómaco, Aristóteles diseccionó la amistad dividiéndola en utilidad, placer y virtud. El filósofo afirmaba con rotundidad que “los que quieren a sus amigos por sí mismos son los mejores amigos”. Con esto hacía referencia al carácter desinteresado de este tipo de vínculos, en contraste con lo que a día de hoy podemos ver: mucha gente se relaciona con los demás solo a partir de lo que pueden aportarles personal, material y profesionalmente.

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Además, para Aristóteles, la verdadera amistad requiere reciprocidad y tiempo. Él mismo escribió que “el deseo de ser amigos es rápido, pero la amistad es un fruto que madura lentamente”. De este modo, no debemos entender nuestras relaciones como algo surgido de la nada, sino como algo cuya construcción nunca se detiene. En nuestra era digital, llena de interacciones instantáneas y likes, esta idea nos recuerda que un amigo real no se cocina a base de seguirse en Instagram, sino compartiendo cafés, confidencias y momentos únicos.

El filósofo griego también sostenía que nadie elegiría vivir sin amigos, aunque poseyera todos los demás bienes del mundo. Y es que, ¿de qué servirían los mayores éxitos del mundo si no tenemos al lado a una persona especial con la que celebrarlo? Al final, los amigos son el espejo donde mejor nos reconocemos, y sin ellos, dice Aristóteles, nuestra vida es mucho más triste.

Cubierta de 'Ética a Nicómaco'. (Alianza Editorial)
Cubierta de 'Ética a Nicómaco'. (Alianza Editorial)

Ecos de la amistad

Siglos más tarde, otros gigantes del pensamiento recogerían el testigo de Aristóteles. Friedrich Nietzsche, por ejemplo, consideraba que el éxito y la felicidad de los matrimonios no se debía a “la falta de amor”, sino a “la falta de amistad”. Para él, este vínculo era mucho más poderoso, ya que era capaz de sobrevivir en el tiempo y convertirse en un catalizador capaz de impulsarnos a ser una mejor versión.

Asimismo, el ensayista estadounidense Ralph Waldo Emerson dedicó bellas páginas a este tema, asegurando poéticamente que “la única manera de tener un amigo es ser uno“. Sus palabras conectan directamente con la generosidad aristotélica, recordándonos que el afecto genuino es algo que debemos cuidar nosotros mismos en vez de exigirlo tanto a los demás.

El filósofo y ensayista alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han, galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. (Fundación Princesa de Asturias/UIMP/MOME)

De este modo, ya sea en la Atenas del siglo IV a. C. o en pleno siglo XXI, la amistad verdadera permanece como el tesoro más valioso de la experiencia humana. Las tecnologías cambian y las sociedades evolucionan, pero la necesidad de encontrar esa alma gemela que habite en otro cuerpo sigue siendo el pilar fundamental para no caminar a oscuras por el mundo.

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