El cuadro de Goya que Franco quiso regalar a Hitler, fue sacado ilegalmente de España y regresó tras varios años desaparecido: “Marcó un antes y un después”

La recuperación de esta obra tras su salida ilícita del país llegó tras un histórico juicio en el que se dio por válido un precedente jurídico de 1861

Guardar
Los dictadores Francisco Franco y Adolf Hitler, en uno de sus encuentros, junto al cuadro de Goya. (Montaje realizado por Infobae)
Los dictadores Francisco Franco y Adolf Hitler, en uno de sus encuentros, junto al cuadro de Goya. (Montaje realizado por Infobae)

Más allá de los cuadros, de los museos y marchantes, hay obras de arte que albergan una historia casi tan valiosa como su propia naturaleza de objetos artísticos. Así ocurre con La Marquesa de Santa Cruz, un célebre retrato pintado por Francisco de Goya, que, como bien señalan en el Museo Nacional del Prado, experimentó un largo viaje por medio mundo que “marcó un antes y un después en la defensa del patrimonio”.

Este jueves, la institución ha querido conmemorar el 40 aniversario de su regreso a España, tras varios momentos en los que pareció que su retorno no iba a ser posible. La obra representa a Joaquina Téllez Girón (dama de la orden de Damas Nobles de la reina María Luisa y camarera mayor de Palacio) reclinada y con una lira. Estuvo a punto de salir definitivamente de España en varias ocasiones. La primera fue el momento en que, en plena Segunda Guerra Mundial, Francisco Franco intentó regalársela al dictador alemán Adolf Hitler.

El interés nazi por la pintura se remonta a 1939, cuando el jefe de las SS, Heinrich Himmler, visitó Madrid y recorrió el Museo del Prado. Según el conservador Carlos González Navarro, “ese día sucede algo: la presencia nazi en la capital fue total, pues Himmler asoció un adorno de la lira de la marquesa a una cruz gamada”, aunque en realidad era un lauburu vasco, símbolo solar de origen etrusco.

Cuadro de 'La marquesa de Santa Cruz', de Francisco de Goya.
Cuadro de 'La marquesa de Santa Cruz', de Francisco de Goya. (Museo Nacional del Prado)

De Madrid a Zúrich, de Los Ángeles a Londres

El interés nazi por la pintura se remonta a 1939, cuando el jefe de las SS, Heinrich Himmler, visitó Madrid y recorrió el Museo del Prado. Según el conservador Carlos González Navarro, el alto mando alemán “asoció un adorno de la lira de la marquesa a una cruz gamada”, aunque en realidad era un lauburu vasco, símbolo solar de origen etrusco.

Con todo, la transacción nunca se completó. El cambio de rumbo de la guerra y la presión aliada, especialmente la ofensiva del general Eisenhower en el norte de África, frustraron el envío. Sin embargo, en 1983, la pintura sería vendida por sus propietarios con documentos falsificados y saldría ilegalmente del país rumbo a Zúrich (Suiza). Más tarde apareció en Los Ángeles, donde fue ofrecida al Museo Getty, y finalmente fue detectada en Londres, lista para ser subastada por Christie’s en abril de 1986.

El juicio que lo cambió todo

El entonces ministro de Cultura, Javier Solana, lideró una iniciativa gubernamental sin precedentes para recuperar una obra que nunca debería haber salido del país. Esto conduciría a una larga batalla legal con Reino Unido en la que España trataría de demostrar que la salida de la obra se produjo con permisos falsos, una estrategia que resultaría exitosa gracias a un precedente jurídico ocurrido más de cien años antes.

Así, se consiguió bloquear la subasta y el regreso del cuadro por seis millones de dólares, la mitad de su precio estimado. “Este caso no solo devolvió a España una pieza fundamental de su tesoro artístico en 1986, sino que supuso un punto de inflexión en la defensa jurídica del patrimonio frente a la exportación ilegal”, destacan desde el Museo del Prado.

La Policía recupera uno de los cuadros robados de Francis Bacon

Tras la firma del contrato de adquisición el 9 de abril de 1986, el cuadro regresó a Madrid y, desde entonces, “lleva una vida tranquila” en el Prado, en palabras del conservador. Actualmente, el museo ha dispuesto una muestra en la que se puede ver el cuadro original junto a una copia “recientemente localizada” que Franco ordenó realizar “para compensar a los legítimos propietarios”, cuando su idea de regalárselo a Adolf Hitler seguía en pie.