
A menos de una semana de los Oscar, todo el mundo parece estar pendiente de qué películas saldrán coronadas en la gala más importante del año en el mundo del cine. Una batalla tras otra, Marty Supreme, Hamnet, Valor sentimental, Sirat... son muchos los títulos que concurrirán en el Dolby Theatre, pero hasta el día de la ceremonia hay muchas películas por ver que ya vivieron su gran noche en los premios de la Academia de Hollywood.
Una de estas producciones acaba de llegar a Prime Video, coincidiendo con su 35.º aniversario. Se trata de El silencio de los corderos, clásico de los thrillers de terror estrenado en 1991 que adapta la novela de Thomas Harris. Dirigida por Jonathan Demme y protagonizada por Jodie Foster, Anthony Hopkins y Ted Levine, esta película revolucionó la industria del cine con una propuesta marcada tanto por el carácter brutal de su trama policíaca como por el carisma de uno de los villanos más fascinantes de la historia del cine: Hannibal Lecter.
La trama sigue la persecución del asesino en serie Buffalo Bill (Levine), quien mata a jóvenes mujeres y deja tras de sí escenas que asustan incluso a los policías más experimentados. Incapaz de atraparlo, el FBI confía en Clarice Starling (Foster), recién licenciada universitaria y experta en conductas psicopáticas, quien busca incorporarse al cuerpo federal. Su jefe, Jack Crawford (Scott Glenn), le encarga visitar al doctor Hannibal Lecter (Hopkins), un sanguinario psicópata con gusto por el canibalismo que se encuentra en prisión, para pedirle ayuda. Es así como inicia un duelo psicológico donde la manipulación y la inteligencia son las únicas armas de la joven Clarice.
Las dudas de Jodie Foster: “No sabíamos si a la gente le iba a gustar”
El silencio de los corderos ha pasado a la historia por haber alcanzado un hito inédito en la historia de los Oscar: ganó las cinco estatuillas principales de la gala de 1991 (Mejor película, director, actor protagonista, actriz protagonista y guion adaptado), logro que hasta entonces solo habían conseguido dos títulos: Sucedió una noche y Alguien voló sobre el nido del cuco. Siendo la única cinta de terror o suspense que ha logrado el Oscar a mejor película, su influencia se refleja no solo en su estatus de clásico, sino también en los más de 120 millones de euros (130 millones de dólares) recaudados en la taquilla internacional. Nada mal para la época.
Anthony Hopkins, quien obtuvo el Oscar con solo diecisiete minutos en pantalla, explicaría: “Sabía cómo interpretarlo, entendía su misterio y su soledad”. Foster mostraría más dudas al respecto, tal y como explicó en una entrevista con la revista People, donde recordó cómo en el rodaje existía cierta duda respecto a la conexión del público con una historia perturbadora: “No sabíamos si a la gente le iba a gustar, pero sabíamos que iba a ser relevante”. Sin embargo, tras su presentación en festivales y con su estreno en salas quedó bien claro: la comunión tanto con el público como con la crítica era absoluta.

¿La fórmula del éxito? Seguramente influyeran varios factores, empezando por la tensión ideada por Thomas Harris entre los personajes de la joven detective y el experimentado criminal. En su duelo no hay violencia explícita, sino una dura batalla intelectual reflejada, en la película, en cada una de las secuencias donde, a través de miradas, primeros planos y silencios, se muestra la relación que ambos establecen entre sí mientras tratan de resolver el caso. Además, la película mantiene su capacidad para atraer a nuevas generaciones incluso tres décadas después, sobre todo por la calidad de sus actuaciones, su cuidada atmósfera y la ya emblemática música de Howard Shore.
Los cinco Oscar y otros logros inéditos de la película
Tras el éxito de El silencio de los corderos, el universo de Clarice Sterling y Hannibal Lecter estaba lejos de acabar: el legado de la película se extendió con varias secuelas (Hannibal, El dragón rojo y Hannibal: El origen del mal) que han ampliado el universo literario de Thomas Harris en la gran pantalla. Además, la atmósfera y el suspense psicológico de la película fue un impulso para obras posteriores como Seven o series como Mindhunter y True Detective.
Sin embargo, el paso del tiempo no ha traído solo buenas noticias. Treinta y cinco años después de su estreno, El silencio de los corderos ocupa un lugar destacado en los debates sobre representación en el cine, especialmente en relación con la identidad de género. El personaje de Jame Gumb (en la película bautizado como Buffalo Bill) ha sido objeto de análisis por su compleja relación con el género y la interpretación de ciertos gestos, como el travestismo y su comportamiento en escenas clave.

El propio Levine, en una entrevista con The Hollywood Reporter, llegó a afirmar que “algunos aspectos de la película no han envejecido bien”, reconociendo cierto malestar ante la posible influencia negativa del personaje en la percepción social de colectivos vulnerables. “No lo interpreté como gay ni como trans. Creo que simplemente era un hombre heterosexual desquiciado”.
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