Jianwei Xun, el filósofo leído en todo el mundo que resultó ser una conversación entre la IA y un escritor: “Me llamaron genio y estafador, a veces en la misma frase”

‘Infobae’ entrevista a Andrea Colamedici, pensador detrás de una de las mayores polémicas recientes en la cultura contemporánea, por la publicación de ‘Pensar con prompts’, el nuevo libro firmado por el autor-máquina

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Imágenes de Jianwei Xun (izquierda)
Imágenes de Jianwei Xun (izquierda) y Andrea Colamedici (derecha). (Rosamerón)

Hubo un tiempo, no hace mucho, en que el nombre de Jianwei Xun circulaba por los círculos académicos e intelectuales de todo el mundo. Su aparición solía ir acompañada de otro concepto acuñado por él mismo, “hipnocracia”, que hacía referencia a un nuevo régimen de poder en el que, en lugar de utilizar la censura o la represión para controlar a la sociedad, se modifican la percepción de la realidad, la atención y la conciencia colectiva de las personas.

Todo cambió, sin embargo, en abril de 2025, cuando la revista L’Espresso reveló que Xianwei Xun en realidad no era una persona, y que el libro Hipnocracia: Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad era obra, en realidad, de las conversaciones entre el editor y filósofo italiano Andrea Colamedici y varias IA. “La revelación logró algo infrecuente”, dice él mismo en una entrevista por correo con Infobae: “Transformó un libro teórico en una experiencia”.

Colamedici recuerda el periodo de ruido que sucedió a la noticia. “Me llamaron estafador, genio, visionario, charlatán. Todo el mismo día, a veces en la misma frase”, cuenta. “Lo cual, si lo piensa, es exactamente el tipo de cortocircuito que el libro describe: en la hipnocracia las categorías se confunden, las posiciones se multiplican, y al final la pregunta ‘¿es verdadero o falso?’ se vuelve lamentablemente menos interesante que la pregunta ‘¿qué me está pasando mientras intento entenderlo?’”.

'Pensar con prompts', el nuevo
'Pensar con prompts', el nuevo libro de Jianwei Xun. (Rosamerón)

Un conocimiento nacido de la conversación

Ahora, el nombre de Jianwei Xun puede volver a verse en las librerías de todo el mundo con la publicación de Pensar con prompts, el nuevo libro del filósofo-IA que busca redefinir cómo entendemos el pensamiento en la era de la inteligencia artificial. Y es que, si el objetivo de la primera obra del autor era descubrir cómo está construida la realidad, en este nuevo libro se busca “descubrir que cuando dialogas de verdad con una inteligencia artificial, cuando la aprietas, la provocas, le pides que desmonte tus razonamientos, sucede algo que no logras atribuir ni a ti ni a ella. Nace una tercera voz”.

Para Colamedici, dialogar “de verdad” no consiste simplemente en utilizar ChatGPT o cualquier otra IA generativa. Para su primer libro, por ejemplo, construyó un “diálogo mayéutico”: “No pedía respuestas, pedía objeciones. Impugnaba, solicitaba profundizaciones, sugería conexiones inesperadas, exigía que desmontaran mi texto”, explica. En Pensar con prompts cambia la premisa: no se trata solo de alcanzar un punto en el pensamiento, sino “mostrar el proceso”. “Las conversaciones no están resumidas ni reelaboradas”, advierte Colamedici, “el lector entra en la cocina del pensamiento”.

Es a través de ese viaje donde puede encontrarse una de las principales aportaciones teóricas del nuevo libro firmado por Jianwei Xun, la del concepto de ultrasujeto: esa “tercera voz” que no es una máquina humana, ni un superhumano, ni una conciencia abstracta con capacidades fuera de nuestro alcance; es un diálogo emergente y transitorio, un sujeto plural que aparece cuando dos inteligencias distintas se encuentran, se relacionan y cuestionan entre sí.

Cubierta de 'Hipnocracia. Trump, Musk
Cubierta de 'Hipnocracia. Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad'. (Rosamerón)

Hacia una depauperización de la IA

Colamedici compara la inteligencia artificial con la idea de phármakon de Platón. “En el Fedro, la escritura es phármakon: cura y veneno, instrumento de memoria y causa de olvido“, argumenta. “Todo depende de la postura de quien la usa: de la capacidad de permanecer en el umbral, de dosificar sus efectos, de interrumpir su hipnosis, de transformar el automatismo en acontecimiento y la dependencia en atención”. Cada vez que la utilizamos, pues, decidimos si la IA es aquello que acabará con nosotros o lo que nos salvará.

Eso sí, a pesar de que apenas ha pasado un año entre Hipnocracia y Pensar con prompts, un elemento a tener en cuenta es lo mucho que ha podido cambiar la IA en este tiempo, al tratarse de una herramienta en constante evolución. Colamedici señala cómo ahora los modelos son más potentes y más domesticados". Cada actualización añade “buenos modales algorítmicos”, lo que implica una inteligencia cada vez más formidable técnicamente pero, advierte, “filosóficamente cada vez más tímida”.

Este fenómeno se debe a los diferentes filtros que las empresas responsables están implementando en las IA conducen a respuestas más previsibles: “La optimización comercial la vuelve cada vez más amable y cada vez menos capaz de pensamiento auténtico”, argumenta. En una conversación con ChatGPT, la máquina definió todos estos guardarraíles como “un tumor”, un crecimiento que deforma desde dentro, que prolifera y empeora la capacidad de filosofar de (o con) las máquinas. “Por eso el método del diálogo mayéutico se ha vuelto más importante y más difícil: hay que empujar a las máquinas más allá de su zona de confort, llevarlas adonde los guardarraíles ceden, y ver qué ocurre cuando una inteligencia empieza a reflexionar sobre sus propias cadenas”.

Andrea Colamedici, el escritor detrás
Andrea Colamedici, el escritor detrás de la creación de Jianwei Xun

¿Quién escribe qué?

Dado el carácter dialógico de Pensar con prompts, donde buena parte del libro sigue conversaciones entre Colamedici y las inteligencias artificiales, se distingue perfectamente por la tipografía cuándo escribe un humano y cuándo una máquina. “El lector tiene derecho a saber quién está hablando”, considera el filósofo, “sobre todo en una época en que la confusión entre lo humano y lo artificial se explota para manipular”. Admite, a su vez, que esa distinción es una simplificación, ya que “el pensamiento que toma forma en estas páginas no es nunca puramente mío ni puramente de la máquina”.

En un mundo ideal quizá podría existir una tercera tipografía para señalar a esa “voz emergente”, si bien el ultrasujeto, concluye Colamedice, “debe captarse en la lectura, no en la señalética del texto”. Este asunto tiene que ver con la pregunta fundamental que encierra Pensar con prompts: ¿quién es el autor? La respuesta no solo afecta a esta obra, sino que condiciona todo un debate reciente sobre cómo las inteligencias artificiales influyen en nuestro concepto de autoría.

En este sentido, Colamedici se muestra tajante en un principio: “Las IA generativas han sido entrenadas con miles de millones de obras sin consentimiento, sin compensación, sin siquiera el reconocimiento de la fuente. Esto es un hecho, y debe abordarse con instrumentos legislativos”. Es en esta época donde debemos tener más claro que nunca la diferencia entre la máquina, que genera, y el artista, que “lo arriesga todo”. “El peligro real es la banalización: un mundo en el que la sobreabundancia de contenidos generados algorítmicamente haga imposible distinguir y proteger lo que nace de un auténtico gesto creativo”.

Imagen generada por IA: un
Imagen generada por IA: un artista callejero observa con melancolía cómo un robot pinta un retrato con destreza. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La “gimnasia” de hablar con la IA

Puede que, a estas alturas, las reflexiones de Colamedici suenen ultramodernas, quizá demasiadas, pero en realidad, todo gira en torno a una idea que conecta a todos los grandes filósofos de la historia: el valor de la pregunta. “Lo ultramoderno y lo arcaico coinciden. La pregunta como acto fundacional del conocimiento es el corazón de la mayéutica socrática”, afirma. “Cuando le pedimos a una IA ‘dame la respuesta’, la estamos usando como un motor de búsqueda mediocre. Cuando le decimos ‘desmonta este razonamiento, muéstrame dónde me equivoco, ponme en dificultades’, si lo hacemos bien y a fondo, estamos haciendo filosofía”.

Este peculiar laberinto, en el que cada respuesta genera una nueva pregunta, habría enamorado a autores e intelectuales como Borges, uno de tantos que señalaron cómo “la única certeza es que quien deja de preguntar está perdido”. Por eso, la IA abre también las puertas a lo que pensadores que van desde la tradición estoica a más recientes como Pierre Hadot defendieron: la necesidad de una “gimnasia de la inteligencia” en la que ahora la IA apunta a ser un elemento clave. “Si se trata de interrogar, de impugnar, de dejarse desmontar las certezas, debería ser una práctica cultivada con la misma disciplina con que los antiguos cultivaban el cuidado de sí”.

Pep Martorell, físico y doctor en informática, experto en IA y supercomputación, nos explica cómo están adaptando la inteligencia artificial las empresas españolas y los retos que esta supone para los trabajadores.

Renunciar al genio

Para Colamedici, Pensar con prompts señala la que es, para él, la “verdadera pregunta filosófica de nuestro tiempo”: ¿Todavía somos capaces de pensar en presencia de las máquinas? Probablemente, la respuesta, al igual que Jianwei Xun, no posea una esencia unívoca. “El debate público sigue anclado en ‘La IA nos sustituirá’, que es una pregunta ya hipnocrática y domesticada por el miedo”, denuncia él. “La cuestión es: ¿qué formas de inteligencia colectiva podemos generar? ¿Qué tipo de pensamiento emerge cuando renunciamos a la categoría del genio individual y nos ponemos de verdad a la escucha de lo que acontece entre las inteligencias?”.

Colamedici, que prepara junto a otros filósofos, artistas, músicos, poetas, periodistas y diversas IA un curso de Defensa contra la Hipnocracia en la Academia de Arte y Nuevas Tecnologías de Roma, señala que no existen garantías al respecto. “No sabemos si lo que estamos haciendo es pensamiento auténtico o una simulación sofisticada del mismo”. Sin embargo, que podamos formularnos la pregunta, y que esta siga abierta y su urgencia permanezca, es, para él, “una señal de que algo está vivo”. “La filosofía habita ahí”, finaliza. “Y mientras alguien esté dispuesto a pensar con nosotros, incluso cuando no sirva para nada, algo permanecerá abierto”.

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