
“¿Dónde quedó la galantería? ¿Solo existe en las películas de los 80? Quiero a John Cusack con un radiocasete bajo mi ventana, montar en una cortacésped con Patrick Dempsey y que Judd Nelson alce el puño al saber que soy suya. Pero no, John Hughes no dirige mi vida”, se lamentaba Emma Stone en Rumores y mentiras (Easy A, Will Gluck, 2010), la comedia romántica (y adolescente) con la que saltó a la fama. Más de 15 años después de aquella reflexión, Stone es considerada una de las mejores actrices de su generación, y vuelve a ser contendiente al Oscar, pero la nostalgia de su personaje ha llegado hasta nuestros días, en los que las buenas comedias románticas son más una excepción que la norma en un Hollywood que hace tiempo que dejó de prestar tanta atención al género que durante décadas le diera gran gloria.
Como Stone, Diego San José empezó en la comedia romántica. En concreto, como guionista en Pagafantas, estrenada un año antes que Rumores y mentiras y que supuso todo un soplo de aire fresco para un género que tampoco había terminado de imponerse en nuestro país, demasiado embelesado en las romcoms norteamericanas de los años 80 y 90. “Nunca sentimos que era un género por explotar, en aquel momento la comedia romántica era un género sobre la mesa. Más bien queríamos hacer precisamente una comedia romántica diferente, cínica o pesimista respecto a las relaciones de pareja”, explica el coguionista del filme y autor de la romcom española que es a su vez la más taquillera de la historia de nuestro país: Ocho apellidos vascos.
Si Stone viró hacia papeles más dramáticos que fueran carne de premios, San José ha encontrado su lugar lejos de la comedia romántica en otro escenario que se ha hecho fuerte, las series, en calidad de creador de Celeste o Yakarta. "Lo que ha cambiado a día de hoy es que el género, supongo que por algún fracaso comercial o un cambio de tendencia, ha desaparecido prácticamente. Es muy raro ver comedias románticas porque el cine familiar le ha pegado un codazo y se lo ha cargado”, explica San José, quien señala que se trata de un problema que va mucho más allá de la romcom. “La comedia que tiene mayor puja ahora mismo es la que da cabida a un público infantil, donde el humor físico y las bromas sin ningún tipo de complejidad tienen un público mayor”.

El peligro de la nostalgia
Una tesis parecida sostienen desde la prensa y la crítica especializada. “Con la llegada de grandes productoras que tienen una capacidad de producir muchísimas más películas al año, ahora se prima más la cantidad a la calidad. Es mejor producir y estrenar muchas películas y ver, bajo esta lógica mercantil y capitalista, si tienes la suerte de que alguna pega el pelotazo y triunfa, a contratar a guionistas que realmente trabajen bien el guion, que trabajen bien la construcción de los personajes, etc”, argumenta Andrea Proenza, periodista, investigadora y autora del libro Cartografías del deseo amoroso.
“No tengo tan claro que la comedia romántica esté en decadencia. Pero la industria ha cambiado mucho, ha ido muriéndose o dejado de trabajar gente que le interesaba el género como Nora Ephron, aunque gente como Nancy Meyers o James L. Brooks aún perviven”, disiente el crítico cultural Alberto Corona, quien apunta un problema capital en las romcoms de los últimos años. “Seguramente haya gente que te pueda decir: ‘Es que la gente ya no es tan cursi como antes’, o ‘la gente ahora mismo es mucho más escéptica y no cree en el amor’. Y no estoy seguro de que sea por eso. Creo que sigue habiendo un público que disfruta mucho de la sinceridad de estas comedias románticas, aunque desde luego la sinceridad es uno de los grandes problemas. Es decir, no puedes hacer una comedia romántica de forma irónica. Tienes que creer en el amor, no puedes simplemente ir de listillo y tomártelo a cachondeo”, añade Corona, mientras menciona ejemplos recientes como Viaje al paraíso o Lo que sucede después, romcoms con grandes estrellas del pasado pero estrenadas sin pena ni gloria.
Los expertos coinciden en un elemento: la nostalgia. “Estamos en un momento de nostalgia y romantización por el pasado en el que acostumbramos a mirar todas estas producciones con muy buenos ojos, a pesar de que muchas de ellas también reproducían jerarquías de poderes y desigualdades en torno al género”, señala Proenza, quien añade que esas romcoms tan adoradas hoy día también sirven como escape del amor actual. “Nos encontramos en un momento de fatiga por la forma de vincularnos emocionalmente: ligar por internet, a través de redes sociales, a través de las aplicaciones de citas... y vemos en esas ficciones un oasis analógico que parece que tantas veces echamos de menos, incluso aunque nos estén mostrando escenarios que tampoco llegamos a vivir, ni posiblemente hubiéramos vivido”.

El público fiel toma la palabra
Hay una tercera pata en esta silla sin la que no se podrían entender las comedias románticas y que de alguna manera las ha sostenido durante estos años de “sequía”. El público. Natalia, de 27 años, es una consumidora empedernida de romcoms desde que tiene uso de razón. “Creo que mi relación con este género ha ido evolucionando conmigo. La primera etapa, me gustaba ver cómo reflejaban no solo lo que son el amor y las relaciones, sino cómo dibujan a una chica de 30 años: independiente, trabajando, con vida social, viviendo en el piso de sus sueños... un poco el ideal que tenemos todas en la cabeza de lo que supone ser una persona adulta”. “Descubrí Dirty Dancing, 10 razones para odiarte o Flashdance gracias a mi madre, así que digamos que surgió como una pasión heredada. Yo creo que fue en plena adolescencia, entre los 14-15, cuando más veía este género, y hoy en día casi no me queda ninguna por ver. Las he devorado todas”, reconoce Sandra, de 29, otra adicta a las romcoms que, a pesar de todo, ha ido encontrando sus pequeños placeres en los últimos años.
“Creo que Cualquiera menos tú —Anyone but you, curiosamente del mismo director que Rumores y mentiras, Will Gluck— fue como un rayo de esperanza y fe en que las romcoms como las de antes pueden volver”, recuerda Natalia sobre la película protagonizada por Sydney Sweeney y Glen Powell. “Con Gente que conocemos en vacaciones me lo pasé genial. Me sentía de nuevo en mi adolescencia; la química entre ellos es lo más, para mí es clave en estas películas. La historia está genial contada, Emily Bader tiene muchísimo carisma y tiene momentos icónicos como el de la peluca que no voy a poder olvidar en años. Para mí ha sido un acierto de Netflix, y mira que me he visto muchos de sus intentos de comedia romántica”, añade Sandra, quien indirectamente señala una de las consecuencias de lo enunciado por los críticos: las comedias románticas han pasado a un segundo plano y el streaming es el sitio en el que tienen mejor cabida.
“El streaming se ha aferrado al género. Buena parte de las comedias románticas se hacen como si fueran telefilmes para streaming”, razona Alberto Corona, mientras menciona las que él considera pelis Wattpad, a saber, que tienen su origen en fanfics (historias escritas por fans de cualquier terreno). “Mi primer beso, La idea de tenerte... son pelis que han ido para streaming y son comedias románticas para un target u otro, que han desvirtuado el arraigo cultural de las comedias románticas. Porque lo guay de las comedias románticas es la euforia colectiva, la que yo sentí cuando vi Novia a la fuga con mi madre en un cine. Eso nunca te lo va a dar el streaming”, apunta el crítico cultural.

El secreto del éxito... “no sé cuál es”
“El secreto de la fórmula no sé cuál es, pero la romcom es el género más sensible a la química de sus personajes. La química entre los actores siempre es importante, pero más cuando se trata de hacer creer al espectador que dos personas se enamoran”, desgrana San José, quien es consciente de la dificultad de sacar el género adelante hoy día. “Las comedias románticas tienen un lastre y es que el espectador ya sabe cómo terminan. Tienes un reto de sorprender al espectador cuando este sabe que los protagonistas van a terminar juntos, encontrar algo novedoso e inesperado respecto al modo o la manera por la que acaban juntos. Y eso, con tantas comedias románticas hechas, pues no es nada sencillo”, reflexiona el guionista.
En la misma línea va Proenza: “A día de hoy me parece que la comedia romántica no debe estar ligada a ese final feliz tradicional que tantas veces hemos aprendido desde jóvenes. Vidas pasadas de Celine Song me parece muy interesante porque está contando una historia de amor, pero no una historia de amor que necesariamente termine de la forma en la que parece que hubiera debido terminar”.
Las dos espectadoras contradicen esta teoría. Natalia habla de cómo “lo previsible quizás esté menos valorado, todo tiene que estar vinculado a una reivindicación o a un propósito que vaya más allá del mero disfrute, cuando igual no es lo que se necesita. Se necesita una historia bonita, divertida y sencilla”. Sandra secunda que se trata de encontrar “una fusión entre romanticismo con o sin clichés, química entre los protagonistas y el disfrute o vitalidad en la trama”.
“Las más nuevas se exceden en dramatismos o incluso buscan ser mucho más moralistas. En mi opinión, no hace falta. Solo quiero pasar un buen rato y que la protagonista consiga lo que se proponía, sea una pareja, un trabajo o encontrarse a ella misma”, concluye Sandra. A pesar de todo, las incondicionales del género tienen claro que volverían inmediatamente a las salas si una romcom se dejara caer por ellas: “En el cine soy consciente de que presto más atención y me atrapan más que en casa, porque a veces me distraigo”.

Un rayo de esperanza
Llegados a este punto, solo cabe preguntarse, ¿realmente existe un futuro para las romcoms o está abocado no a desaparecer, pero sí a quedar relegado al último escalón? “Creo que el género como tal no está condenado. Todo depende de que haya productoras que apuesten por guiones realmente interesantes, que muestren historias de amor diferentes, que no necesariamente caigan en los mismos tropos románticos de siempre, sino que se atrevan a hacer cosas distintas, cosas que también se ajusten más a nuestros modos de vincularnos actualmente”, propone Proenza.
“La comedia romántica es un género que siempre estamos diciendo que está en agonía y que va a morir y luego de repente nos plantamos con una peli como Cualquiera menos tú que de repente arrasa en taquilla y le lanza la carrera a Sydney Sweeney y a Glen Powell. Es como el western, nunca va a morir. Siempre va a haber gente que tenga fe en el género y siempre conectará con el público de alguna manera”, predice con optimismo Corona.
Al final, puede que todo sea una cuestión de tiempo y en unos años tengamos a otro personaje como el de Emma Stone rememorando con añoranza el You’re so Vain de Matthew McConaughey y Kate Hudson o el poema de Kat al final de 10 razones para odiarte, pero también la escena de las arañas de Cualquiera menos tú, el baile con Forever your girl —peluca incluida— de Gente que conocemos en vacaciones y otros tantos momentos de romcoms que estén por venir.
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