Friedrich Nietzsche, filósofo alemán: “Quien tiene un porqué para vivir, encontrará casi siempre el cómo”

Lejos de anclarse en el nihilismo, este pensador del siglo XIX trató de animar a todos los seres humanos a encontrar un nuevo sentido que guiara sus vidas en un momento en el que palabras como ‘Dios’ o ‘verdad’ ya no eran suficientes

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Friedrich Nietzsche
Friedrich Nietzsche

Si hay algo que el ser humano no ha podido dejar de hacer a lo largo de su historia, son preguntas. Preguntamos por lo que nos rodea, por lo que nos afecta y por lo que no conocemos; nuestra curiosidad ha impulsado la ciencia, pero mucho antes, también originó las primeras religiones que trataron de dar respuesta, quizá, a la pregunta más difícil de todas: ¿qué sentido tiene vivir? También a esa pregunta lleva mucho tiempo tratando de responder la filosofía, que desde sus orígenes ha centrado en la búsqueda de ese sentido una de sus mayores obsesiones.

En ese contexto, uno de los filósofos que más se preocupó sobre por qué vivimos y cómo deberíamos hacerlo es Friedrich Nietzsche, el cual dijo: “Quien tiene un porqué para vivir, encontrará casi siempre el cómo”. La frase pertenece a su libro El ocaso de los ídolos, donde acumula varios aforismos que encapsulan buena parte del pensamiento de esta figura clave de la filosofía. Al fin y al cabo, a él le debemos el haber evidenciado la caída de todas aquellas certezas que llevaban siglos existiendo y rigiendo las vidas de los seres humanos: la religión, la moral y la verdad.

Afirmar que vivimos con un porqué

Queriendo sacudir y no consolar, Nietzsche apuntó directamente al corazón de esa falta de grandes verdades con su frase. Para él, el problema ante el que muchas veces podemos encontrarnos es la falta de un “porqué” propio. Cuando no hay sentido, cualquier dificultad se vuelve insoportable. Pero ojo: a pesar de que se le asocia mucho con el nihilismo, Nietzsche nunca fue de los que dicen que “nada importa”. Al contrario, diagnosticó el nihilismo pasivo (la resignación, la renuncia) y lo combatió con sus ideas, proponiendo valores nuevos y afirmando la vida incluso sin las grandes garantías que hasta entonces las sostenían. El “porqué” no se recibe: se inventa y es una afirmación vital.

'El ocaso de los ídolos',
'El ocaso de los ídolos', de Friedrich Nietzsche. (Mestas Ediciones)

Leída hoy, la frase sigue siendo inquietantemente actual. Vivimos rodeados de opciones, estímulos y discursos sobre el éxito, pero con una sensación difusa de vacío en la que ni siquiera sabemos qué significa exactamente esa palabra. Mucha gente sabe cómo hacer cosas (producir, rendir, adaptarse), pero no para qué, lo que deriva en ansiedad, agotamiento y desorientación. Nietzsche no ofrece recetas, pero sí una advertencia clara: sin un propósito que valga la pena, el “cómo” se rompe.

Un descubrimiento capaz de salvarnos

La influencia de esta idea en posteriores filósofos ha sido enorme, y uno de los que la retomó de forma más poderosa fue el médico y filósofo austríaco Viktor Frankl. En El hombre en busca de sentido, escrita tras su propia experiencia como prisionero en un campo de concentración, Frankl cita explícitamente a Nietzsche. Su giro es clave: el sentido no siempre se crea, a veces se descubre incluso en el peor de los momentos, ya que “al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias”.

El filósofo argentino Darío Sztajnszrajber habla sobre el descubrimiento de la filosofía.

Así, una frase nacida en la filosofía se transforma en una herramienta terapéutica. Nietzsche la pensó como un desafío radical contra la vida sin sentido; Viktor Frankl la convirtió en una defensa de la dignidad humana en condiciones extremas. Entre ambos nos recuerdan algo incómodo pero esencial: no podemos controlar todo lo que nos pasa, pero sí qué hacemos con ello. Mientras exista un “porqué” que nos implique de verdad, siempre habrá algún “cómo” posible. Ese sigue siendo el desafío del sentido.