Juanma Bajo Ulloa regresa a la dirección después de unos años en barbecho, aunque él nunca haya dejado de trabajar. Fue uno de los ‘enfants terribles’ del cine español a principios de los 90, gracias a sus dos primeras películas, consideradas de auténtico culto: Alas de mariposa (1991), que ganó la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián y tres Goyas (incluida la mejor dirección novel) y La madre muerta (1993).
En un giro inesperado de los acontecimientos, se convirtió en un director taquillero gracias a Airbag (1997), pero después de este éxito sin precedentes en el cine español, a Juanma Bajo Ulloa le costó volver a su universo personal.
A partir de ese momento, se le ha considerado un autor maldito, una etiqueta que tampoco le molesta demasiado porque siente que se encuentra al margen del sistema y que lucha por sacar adelante sus proyectos raros y oscuros, que poco tienen que ver con las modas actuales.
De qué va ‘El mal’
Tras obras como Frágil o Baby, el director vuelve a componer una fábula retorcida en El mal, en la que intenta reflexionar sobre la parte más oscura del ser humano a través de ese concepto. Y lo hace de forma kamikaze, poniendo de manifiesto una reflexión tanto filosófica como política en torno a lo que resulta permisible o no en nuestros días.

La protagonista (Belén Fabra) es una escritora que habla sobre psicología, pero que no termina de tener éxito con sus libros. Hasta que una mujer contactará con ella para que ponga en palabras su historia, marcada por la necesidad de matar sin ningún motivo, solo porque se le da bien, porque ese es su don.
Un director incómodo
-Pregunta: Es un placer tenerle de vuelta con una nueva película.
-Respuesta: Tampoco nadie parece que quiera que vuelva.
-P: ¿Por qué piensa eso?
-R: Puede que algunos espectadores echen de menos mis películas, pero la industria no me echa de menos. Los granos en el culo no son bienvenidos. Pero a mí eso me da igual, sigo desarrollando cosas que me interesa contar, aunque tarde más tiempo del que me gustaría, como ocurre con El mal, que es una historia cuyo primer borrador data de 2006.
-P: ¿Y qué ha ocurrido para que ahora haya decidido apostar por ella y sacarla adelante?
-R: Creo que, en el fondo, se trata de una historia de egos y narcisismos, porque la sociedad se ha vuelto tremendamente egocéntrica. Así que pensé que era el momento de rescatarla.

-P: Supongo que le han comentado que la trama se asemeja mucho a la polémica que ocurrió con El odio, de Luisgé Martín, que se adentraba en la figura de José Bretón.
-R: Este tipo de coincidencias me han pasado más veces. Cuando estaba rodando Rey Gitano salió la noticia de que el rey de España abdicaba, y era un argumento que había hecho en tono de broma y comedia. Aquí pasó algo parecido. Estábamos montando El mal cuando aparece el caso de este libro, El odio, y el paralelismo estaba claro.
-P: ¿Y qué le parece lo que sucedió con ese libro, que terminó por no ser publicado?
-R: Lo que encuentro amoral es que alguien se enriquezca con las miserias ajenas. Que el libro vea la luz y que la gente conozca el alma humana me parece aceptable. Lo que no me parece justificable es que haya un lucro a través del dolor. Eso me parece obsceno. Lo otro, pues bueno, creo en la libertad de expresión, está ahí y yo la defiendo.
-P: Sin duda, es un tema muy controvertido.
-R: Lo es, lo es, mucho. Creo que, al final, tú eres libre de leerlo, comprarlo, es decir... Pero, ¿qué hacemos? ¿Prohibimos La lucha, de Hitler? Habrá quienes también quieran cancelar La Biblia, ¿no? Va a depender de la mirada. Pero bueno, la película, en realidad, va por otro lado, pero sí que hubo esa conexión curiosa.
-P: Lo que está claro es que siempre le ha interesado la naturaleza de lo oscuro.
-R: En la naturaleza humana hay un lado oscuro, te guste o no. Hay una sombra, y la negación de que existe es un error. A mí lo que me interesa es iluminar esas zonas, asumir que todos tenemos envidia, celos, ira y que, hasta que no lo tienes en cuenta, vas por el camino equivocado, no existe sanción posible.

-P: Hábleme de las dos mujeres que protagonizan El mal, la de la escritora y la de la psicópata.
-R: Quería establecer entre ellas un paralelismo. Martin (Natalia Tena) simboliza el mal en estado puro. Es alguien que no actúa por rencor, por odio o por venganza, simplemente es su don. Lo hace bien y reivindica que eso es lo que sabe hacer. Pero, curiosamente, cuando empieza a sentir algún tipo de emoción, de afecto y empatía, su don empieza a fallar.
Al mismo tiempo, al personaje de Belén Fabra, que es Elvira Anous, la escritora, le ocurre un poco al contrario. Al principio es una persona más o menos normal, como tú y como yo. Tiene una hija y, bueno, tampoco es una buena madre, pero trata de triunfar. Es educada, tiene conocimiento del ser humano y busca la verdad. Pero por causa de su ambición y la falta de escrúpulos, empieza a justificar sus acciones e ir hacia el lado más oscuro. Entonces una se va hacia la luz, la otra se va hacia la oscuridad.
Es aquello de ese dicho oriental que dice: tenemos dos lobos dentro de cada persona, el lobo blanco, que es generoso y que es empático, y el lobo negro, que es rabioso y lleno de odio. Y hay una lucha entre ellos. La pregunta es: ¿quién gana? Y la respuesta es: el que tú alimentes. Es lo que hacemos las personas, alimentamos el lado oscuro o alimentamos la luz, Y ahí vamos. Te conviertes en un viejo odioso o en un señor maravilloso que acaricia a sus nietos y es simpático por la calle. Y solo tú tienes un camino para llegar a un sitio o a otro.
La cultura de la cancelación y la incorrección política
-P: En una película en la que prima la incorrección política, ¿cómo se sitúa frente a eso?
-R: Lo sé, había unas líneas rojas que no se podían pasar. Pero el mal no tiene líneas rojas, sería tramposo si no las traspasara. La película no se llama Bambi, se llama El Mal. El que entra, va a ver el mal en estado puro. Si no, no es tu película, no entres. Pero ahí está. Yo entiendo que el público vaya a ver entretenimiento, que tenga la necesidad de pasar un buen rato. Pero aquí se trata de pasarlo mal, y de reflexionar sobre ello. Es una especie de espejo en el que mirarnos y en el que hay un desafío. Y quien no quiera mirarse en ese espejo, que vaya a ver una película de superhéroes.
-P: ¿Cómo ve hoy el panorama audiovisual y la industria, comparado con cuando empezó a principios de los años 90?
-R: Básicamente se hacen película más blancas. El negocio ha cambiado, pero los patrones siguen estando ahí. Antes eran grupos de poder, grupos mediáticos, familias del cine español, los que mandaban. Y ahora, bueno, pues son plataformas. El Gobierno maneja muchos de los hilos de la creación. Muchos cineastas se han convertido en propagandistas del régimen y hacen propaganda ideológica, hacen corrección política. Nos dicen qué es lo éticamente aceptable y qué no lo es. Señalan con el dedo a colectivos, victimizan a otros.
-P: ¿Usted cree eso?
-R: Totalmente. (risas) ¿Dónde has visto un cineasta que pretenda ser revolucionario o criticar diciendo el mismo discurso que dice el Gobierno de la nación? Se supone que el creador está ahí justamente para lo contrario. Para sacarle los colores al poder y al Gobierno. Pero no es así.
-P: ¿Cree que en El mal hay muchas cosas de sus primeras películas?
-R: Bueno, las obsesiones se repiten. Me interesa la iconografía religiosa, el simbolismo, los templos como lugares de refugio, porque son los únicos lugares donde se puede estar en silencio en la actualidad y reflexionar. Me interesan las relaciones madre-hija, la infancia, la vida que se abre camino. Los espejos. Mis personajes siempre se miran en algún momento al espejo. En esta película, creo que hay tres o cuatro personajes que se miran en el espejo, que es una pura metáfora. Te miras tu propia cara, tu ser. Y a veces no lo ves.
Cine revolucionario vs. reaccionario
-P: Antes ha comentado que el cine español estaba un poco politizado. ¿Es algo que se circunscribe a nuestro país?
-P: Bueno, viene de Norteamérica. España es una colonia, es un satélite, política, económica y militarmente, del imperio. Y todo lo que ha salido de las universidades, lo que se llama el mundo ‘woke’, que ahora ya es término popularizado, antes no existía en España hace 20 años y se ha importado y la gente lo ha absorbido a través de los medios de comunicación, de los partidos políticos. Nos lo han impuesto como si fuera una revolución.
-P: Pero ahora existe un movimiento a la inversa, otra ola reaccionaria.
-R: El péndulo. Porque se ha empujado mucho en una dirección, de una manera muy grotesca, muy injusta y muy interesada. No era para liberar a nadie y no era una rebelión del pueblo para nada, era una imposición de alguien que estaba muy interesado en que fuera así. Y de hecho, se han conseguido grandes cosas, los que están detrás de toda esta ingeniería social han conseguido su propósito, sobre todo dividirnos. Cuando tú divides a un pueblo, cuando no hay grupos sociales cohesionados, son borregos, no son grupos sociales y nunca has visto más borregos que ahora.
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