Un voluntario de un museo ‘destroza’ una obra de arte al confundirla con un espejo sucio y limpiarla con papel higiénico: “Parece imposible restaurarla”

La obra, llamada ‘Sintaxis invertida-16’, expresaba la “autoconciencia distorsionada de la clase media” a través del polvo acumulado durante 40 años

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La obra 'Inverted Syntax-16', del
La obra 'Inverted Syntax-16', del artista Chen Sung-chih, antes y después de ser arruinada por el voluntario. (X)

Un episodio inesperado en el Museo de Arte de Keelung en Taiwán ha reavivado el debate sobre los límites entre el arte conceptual contemporáneo y la vida cotidiana. La eliminación accidental de una acumulación de polvo que formaba parte integral de la obra Sintaxis invertida-16 del artista internacionalmente conocido Chen Sung-chih ha provocado repercusiones legales, críticas estéticas y dilemas éticos.

El incidente se produjo cuando un voluntario del museo, confundiendo la pieza con un simple espejo descuidado, decidió limpiarla utilizando papel higiénico. Sin tener conocimiento de que el polvo reunido durante cuarenta años sobre la superficie era, en realidad, el núcleo simbólico de la instalación, el trabajador retiró la mayor parte de este elemento antes de que otros empleados pudieran detenerlo. El carácter intencionado de la mancha ubicada en el centro y el aspecto envejecido eran elementos fundamentales: la obra pretendía representar la “autoconciencia distorsionada de la clase media” a través de la acumulación y el deterioro consciente de objetos cotidianos.

Un incidente que deja “preguntas sin resolver”

La reacción del museo fue inmediata. La institución, según lo relatado por su subdirectora Cheng Ting-ching a medios internacionales, organizó reuniones de emergencia para determinar los pasos a seguir y evaluar tanto la restauración como una eventual compensación económica para el artista. La Oficina de Cultura y Turismo de Keelung también emitió una disculpa formal al creador, mientras considera formas de resarcimiento.

El valor conceptual de la pieza residía precisamente en la autenticidad del polvo y la intencionalidad de la suciedad. Así lo explicaba la descripción museográfica que acompañaba la obra: una consciencia cultural distorsionada y una reflexión sobre la desaparición, la inestabilidad y la transformación de materiales ordinarios. En palabras del propio museo, “restaurar la pieza a su condición original parece imposible”, lo que deja “preguntas sin resolver sobre el futuro de la obra de arte”, tal como admitieron los responsables institucionales.

El artista taiwanés Chen Sung-chih
El artista taiwanés Chen Sung-chih junto a una de sus obras. (Chien Hao-Chiang/Instagram)

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La exposición We Are Me, donde se encontraba la obra, exhibe trabajos realizados a partir de materiales de construcción y objetos domésticos, explorando el modo en que los artistas subvierten su función habitual para dotarlos de una nueva carga discursiva. La propuesta de Chen Sung-chih incorpora espejos manchados, mallas textiles y paneles inacabados con la intención de provocar una reflexión sobre memoria, ritualidad y adaptación humana.

Este tipo de incidentes no es aislado en el mundo del arte contemporáneo. En 2016, trabajadores de limpieza eliminaron por error una instalación en una galería italiana al considerarla basura. En 2021, la intervención de un guardia de seguridad ruso en una pintura aparentemente incompleta también desencadenó polémicas sobre el carácter interpretativo del arte vigente.

El artista podría no ser indemnizado porque la limpieza no se considera “daño material”

Desde el punto de vista legal, la situación es compleja. El especialista Tsai Chia-hao indicó que la eliminación de polvo podría “no calificar como daño físico a la propiedad”, lo cual dificultaría reclamar compensaciones judiciales. Esta postura genera incertidumbre respecto a la protección de obras efímeras o no convencionales dentro de los marcos jurídicos tradicionales.

Por último, la voz de críticos no ha faltado. Algunos sostienen que la desafortunada limpieza debe entenderse ahora como parte inseparable de la obra, transformando el incidente en una nueva capa de significado. Otros, sin embargo, ven en ello una llamada de atención sobre la necesidad de una delimitación más clara entre el arte y los objetos que lo rodean.

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En el centro del debate permanece el interrogante sobre cómo afrontar la restauración o reinterpretación de obras cuyo sentido reside en lo efímero y lo accidental, mientras el museo estudia alternativas y el artista sopesa el resultado de una intervención que ha alterado por completo la intención original de su creación.