
“Todos tenemos mil capas y mil formas de ser”, defiende Arón Piper. El actor, cosas de la fama, está acostumbrado a que muchos crean saber cómo es y, aún peor, opinen al respecto. Prueba de ello es que, para promocionar el que es su primer disco, también llamado Arón Piper, y las películas que vendrán a lo largo de este año, ya trabaja en las decenas de apariciones públicas que vendrán de ahora en adelante y en qué imagen pública quiere construir.
“El mayor lujo son esas etapas en las que decides desaparecer”, opina al respecto en su entrevista con Infobae España. Pocas personas conocen como él lo que es esa presión. Tras saltar a la fama con apenas 16 años con el estreno de 15 años y un día, de hecho, decidió hacer un parón en su carrera porque se dio cuenta de lo difícil que era gestionar “que toda la gente te conozca”. Años después, no obstante, retomaría la actuación y volvería a cobrar una gran relevancia con las series de Élite y El desorden que dejas.
“Ahora llevo esas cosas mucho mejor”, reflexiona Arón Piper. “Creo que en eso tengo suerte: la vida me pone las cosas cuando estoy listo para ellas”. Esa misma filosofía es la que le ha llevado de la mano durante estos inicios en su carrera musical: casi cinco años desde que sacó su primera canción, llega Arón Piper, un álbum con el que presentarse a sí mismo y reconciliar esas dos facetas de su vida, la del cine y las canciones, que llevan mucho tiempo habitando en su interior.

“Ahora siento que lo que hago me representa mucho más”
La creación del disco supuso moverse entre distintas ciudades y ambientes, pero siempre con la misma base creativa. “Teníamos sesiones de estudio en Los Ángeles, después en México; también trabajamos en Madrid. Como éramos siempre los mismos, sobre todo Manuel Lara y Ben Ater (productores del disco), sentí que todo el proyecto crecía en una misma dirección. Fue un proceso muy especial y muy guay, la verdad”.
El resultado, un disco en el que no solo vemos a un Arón Piper más trabajado letrísticamente que en sus primeras canciones, sino que además comprobamos cómo el artista da un giro a su estilo: “Antes hacía música más urbana, más rap y trap, y la verdad es que ese estilo tenía un aura quizá más oscura. Ahora siento que lo que hago me representa mucho más; es más luminoso, más fiel a cómo soy y a lo que quiero transmitir hoy en día”.
Con una estética retrowave llena de sintetizadores, Arón señala referentes tan dispares como el grupo indie Tame Impala, Manu Chao, Empire of the Sun o géneros como el funk para construir un enérgico álbum “que marque el camino” de lo que ha de ser su carrera discográfica. “Las referencias que hay en el álbum vienen de la música que a mí me gusta desde pequeño y que escuchaban mi madre y mi padre. Estoy mucho más cómodo con eso porque es más fiel a cómo vivo a día de hoy y lo que quiero transmitir”.

Lleno de demonios y de luces
La autenticidad ha sido una constante búsqueda para Piper. El hecho de que el disco lleve su nombre es, para él, una forma de reafirmarse: antes su faceta musical venía acompañada solo de su nombre de pila, Arón, sin el apellido. “Llamarme Arón Piper también como músico (un cambio que ya es visible en todas las plataformas) es unificar todo lo que soy. Ya no quiero separar mis facetas, esto soy yo, con todas mis capas”.
En su disco, hay palabras que aparecen más de una vez y que apuntan directamente a esa complejidad que, como cualquier persona, Arón alberga en su interior. Son palabras como demonios o luz, por las que preguntamos al artista. “Como todo el mundo, tengo demonios; inseguridades, síndrome del impostor, cuestiones existenciales, el ego, el trabajo personal… hay muchos. Por otro lado, creo que mi luz es la pureza, la esencia, lo que me mueve por dentro, estar motivado, tener energía, intentar ser buena persona con el de al lado, eso es lo que me mantiene luminoso”.
No rehúye escribir sobre todo eso al mismo tiempo. Al contrario, para él es inevitable: “Casi siempre escribo letras muy personales, basadas en vivencias propias, en experiencias y sentimientos que me atraviesan”. Y al final, acaba produciéndose, casi, un descubrimiento, una parte “más triste y melancólica” a la que no estamos tan acostumbrados a ver en él. “Por eso hago música, porque me deja contar y liberar esa parte también”.
“Se me ha quitado un poco la urgencia que antes sentía por tener éxito”
Ahora, Arón Piper se considera al mismo nivel músico y actor, aunque es consciente de que, si en esto último ya se siente “mucho más consolidado”, en el mundo de la música le esperan “nuevos retos” que afrontar. “La música es algo más nuevo, y por lo tanto quizá más fresco también, no sé...”, duda. Añadir esta nueva faceta le “robará mucho tiempo” en su vida diaria; en algunas épocas deberá ir directamente del set de rodaje al estudio a grabar. Pero, al fin y al cabo, es algo de lo que está seguro que quiere hacer.
En la misma línea, el lanzamiento de su primer disco no solo marca el final de una etapa, sino el inicio de una nueva era donde el cantante y actor se permite afrontar el futuro con menos prisa y menos presión de la que sentía en sus comienzos. “Se me ha quitado un poco esa urgencia. Ha sido un trabajo de humildad; uno siempre tiene las expectativas muy altas y piensa si mucha gente lo va a escuchar o si tendrá un gran impacto, pero ahora lo tomo con más calma”.
Estrenar el disco en agosto, una fecha no ideal teniendo en cuenta que mucha gente estaba de vacaciones y la promoción iba a espaciarse más en el tiempo, fue una decisión que él y su equipo tomaron porque, entendieron, eso no era lo más importante. “Dijimos: ‘oye, vamos a sacarlo ya’, porque el álbum llevaba hecho dos o tres años”. También piensa que no solo importa la atención que el álbum genere ahora. “Me gustaría que la gente vuelva a escuchar este álbum más adelante, cuando publique nuevas cosas, y que lo vean como la pieza que marca mi camino desde ahora”. Porque, advierte, “este es solo el primer paso”: queda aún mucho por ver de este Arón Piper.
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