Cuando se presentó en el pasado Festival de Venecia, The Brutalist se convirtió, de manera inmediata, en una de las películas protagonistas de la edición. La prensa estaba impresionada por la ambición y la monumentalidad de una propuesta de casi cuatro horas de duración, filmada en el formato PanaVisión y que contaba la historia de un arquitecto húngaro que había sobrevivido a los campos de concentración nazi y que buscaba una nueva oportunidad en los Estados Unidos, donde terminaría sucumbiendo al lado más perverso del Sueño Americano.
Quién es Brady Corbet, director de ‘The Brutalist’
Su director, Brady Corbet, había hecho dos obras previas, La infancia de un líder y Vox Lux pero, para los aficionados al cine era más conocido por su faceta como actor. Fue, junto a Michael Pitt, uno de los psicópátas de la versión americana de Funny Games, dirigida por Michael Haneke y había trabajado con cineastas como Catherine Hardwicke, Gregg Araki, Lars Von Trier o Sean Durkin, por lo que su inclinación por la esfera ‘indie’ era de lo más palpable.

En 2012, protagonizaría Simon Killer, y también firmaba el guion junto a su director, Antonio Campos y la actriz y cineasta Mati Diop. Sería su primer trabajo en este nuevo registro y más tarde, también se encargaría de los libretos de sus películas.
“La verdad es que tengo un interés personal en el tema de la posguerra y el impacto del estrés postraumático. Por eso, en mis anteriores películas se abordaban temas como el Tratado de Versalles (tras la Primera Guerra Mundial) o el 11 de septiembre. Y como me gusta completar círculos, quise centrarme en esta ocasión en la II Guerra Mundial. Sin embargo, ya había muchas aproximaciones a ese tema y me pareció que la arquitectura podía ser un ‘leit motiv’ interesante a la hora de hacer algo diferente”, cuenta el director a Infobae España en una visita a Madrid para presentar la película.
Diferencias entre ‘The Brutalist’ y ‘El pianista’
En The Brutalist, Adrien Brody interpreta a László Tóth, que después de haber sido un eminente arquitecto en Hungría, se encuentra como refugiado de guerra en Norteamérica, separado de su familia y en una situación de penuria extrema, hasta que un magnate con delirios de grandeza (Guy Pearce), le encargará una construcción megalómana en honor a su difunta madre.
“Creo que László tiene una visión muy utópica y poética de lo que significa transcender en el tiempo a través de su obra. Es algo con lo que me identifico un poco, me gustaría dejar algo que me sobreviva y que sirva de guía para los otros”, comenta Adrien Brody que acaba de conseguir el Globo de Oro por su interpretación, un galardón que no ganó con El pianista, por la que sí que se llevó el Oscar de Hollywood (al que vuelve a estar nominado). “Para mí es una responsabilidad y un privilegio hacer trabajos con significados potentes”.

El actor piensa que ambas interpretaciones, las que hace en The Brutalist y en El pianista, tienen un significado diferente. “Esta es la historia sobre un hombre que se enfrenta a dificultades diferentes en un periodo distinto. Se embarca en un sueño de esperanza dejando atrás los horrores de la guerra. The Brutalist empieza donde terminaba El pianista y eso me ayudó mucho en el enfoque, para tratar de dar luz a la oscuridad a pesar de las atrocidades de la vida”.
América y la creación de monstruos
Cuenta Brady Corbet que configuró el personaje de Guy Pearce como un antagonista de un melodrama de los años cincuenta para que sirviera de contrapunto al de Adrien Brody. “Quería que fuera como una especie de James Mason, hecho a partir de grandes pinceladas para diferenciarlo del protagonista, cuya construcción está basada en la sutileza. “Es una especie de monstruo que se cree con derecho a todo y es algo que también vemos en el mundo actual, verdaderos sinvergüenzas que, desde el privilegio, humillan y hacen lo que quieren”.
¿Podríamos conectar el mensaje de The Brutalist con lo que ocurre en la actualidad con los inmigrantes en esta segunda era Trump? “Ya vivimos un primer mandato de Donald Trump que, obviamente no fue fantástico y ahora aparecen nuevas preocupaciones. La suerte es que es una persona poco eficiente, su incompetencia está a la altura de su ego”.

A Brady Corbet la polémica alrededor de la duración no le parece importante y la ha defendido desde el principio, algo con lo que está de acuerdo Brody “A mí es que me parece una película muy entretenida que, además, creo que cuenta cosas interesantes. Cuando era pequeño, mi padre me llevaba a ver películas de artes marciales o de la Nouvelle Vague, de Martin Scorsese o Tiburón, que me traumatizó de por vida. Lo que siempre busco en una película son los buenos personajes, que tengan un grado de complejidad que nos sumerjan en la historia”.
En ese sentido, el director cita el teatro Kabuki, en la que se yuxtaponían los elementos trágicos con los cómicos. “Piensa en una montaña rusa, hay momentos en los que estás aterrorizado y otros en los que disfrutas mucho. Pues eso pasa por ejemplo, con Alfred Hitchchock, que es entretenido, pero también tiene una parte muy oscura y perversa. Era lo que he intentado hacer en The Brutalist”.
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