Valeria Castro destila ternura y delicadeza en el cierre de su gira en Barcelona

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Guillermo Cabellos

Barcelona, 30 oct (EFE).- Justo un año después de que Valeria Castro anunciara una pausa para recuperarse “física y mentalmente”, la canaria cerró este viernes una larga gira de más de treinta fechas por España, América Latina y Europa con una noche llena de emoción y sentimiento ante un Palau Sant Jordi entregado.

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La velada arrancó con ‘La soledad’, en un abrazo colectivo brindado a los miles de asistentes que habitaban el pabellón en la última gran parada del tour, después de haber llenado arenas en Madrid, Tenerife y Gran Canaria.

El gran formato, que en un principio podía sonar excesivo para el recogimiento de la propuesta de Castro, quedó plenamente justificado ante el ímpetu de ‘Tiene que ser más fácil’, ‘Honestamente’ y ‘Parecido a quererte’, primeros pasos de una noche destinada a filtrarse por los poros de la delicadeza.

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Así, la voz de la canaria, siempre en el filo de un quiebre que la convierte en algo de una calidez abrumadora, brilló en Montjuïc con ‘El cuerpo después de todo’, sencillo que da nombre a su segundo trabajo de estudio, disco absolutamente protagonista de esta gira.

“El cuerpo queda lo suficientemente entero para que merezca la pena levantarse cada día”, reflexionó la cantante a modo de preámbulo, en una mirada hacia este año y medio de gira, con baja laboral de por medio, a la que sumó un agradecimiento a su gente por “mirar con ternura esta piel cuando yo no he podido”.

La sutileza ocupó todos los rincones del Sant Jordi en cuanto apareció Silvia Pérez Cruz, abanderada de la canción como gesto poético, que compartió junto a la canaria ‘Debe ser’, en uno de esos duetos que tienen el triunfo como único destino.

La noche salió por primera vez de los cauces de ‘El cuerpo después de todo’ (2025) con ‘Ay, amor’ y ‘Cuídate’, cortes contenidos en el EP de 2021 ‘Chiquita’, y ‘Poquito’, primera aproximación a ‘Con cariño y con cuidado’, debut en formato largo de 2023.

La dulzura, que se había aposentado como un fino velo sobre el cielo barcelonés desde el inicio de la velada, se hizo más presente cuando la canaria se enfrentó sola, sentada en una silla y usando una guitarra acústica como máquina de percusión, a ‘Devota’, desencadenante de una larga ovación.

‘Guerrera’, dedicada a su madre, su abuela y a todas aquellas mujeres que siguen enfrentándose a la vida, sirvió para anunciar un receso a lo largo de 2027 para seguir componiendo, en un aparte acústico al que sumó ‘El borde del mundo’, banda sonora de ‘El 47’ que incluyó un abrazo para los vecinos de Torre Baró.

Tras esto, María de la Flor y Meritxell Neddermann se unieron a Castro para cantar ‘Hoxe’, antes de que la noche tomara un breve desvío electrónico con ‘La corriente’.

Cobijada por un violín, un saxo, un clarinete, un teclado, un bajo y una batería, Castro, a ratos con una guitarra o un tres cubano en mano, en otros despojada de cualquier instrumento, aceleró el pulso con ‘Abril y mayo’ y ‘Sobra decirte’, que bailó con el público que abarrotaba la platea del Sant Jordi.

Un diálogo entre vientos invitó a la cantante a lanzarse, sostenida en su sonrisa inamovible, a ‘Dentro’, antes de buscar ‘La raíz’ de su isla de La Palma y despedirse de los escenarios, por un tiempo, con la cumbia íntima ‘Sentimentalmente’, última punzada en una gira que ha aupado a Castro como una de las grandes voces —en todos los sentidos— de nuestra música. EFE

gcm/plv

(foto)(vídeo)

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