Rafael Argullol: La pintura es un testimonio mudo de nuestra vida, de la vida del mundo

Guardar

Irene Dalmases

Barcelona, 24 oct (EFE).- Sostiene el filósofo Rafael Argullol que gracias a la magia de la pintura, el tiempo se detiene. A él le gusta "confrontarse" con la "buena pintura, con la que produce conmoción y belleza". En su nuevo libro, 'Pinacoteca soñada', crea un "museo imaginario" a partir de 168 pintores que le han impactado a lo largo de su vida.

PUBLICIDAD

En una entrevista con EFE, el barcelonés rememora que esta obra, publicada por Acantilado, es posible gracias a los artículos que durante tres años escribió semanalmente en catalán para el diario Ara, construyendo una "pinacoteca sin muros".

Se impuso que los artistas fueran europeos y que todos hubieran ya fallecido, siendo la obra más antigua que comenta los retratos de El Fayum, de hace unos dos milenios; y la más moderna 'Nigredo', de Anselm Kiefer, de 1984, el único vivo y que incluyó por equivocación, pero es un artista que le gusta mucho y decidió que debía permanecer en esta selección.

PUBLICIDAD

Junto a estos dos pintores, el lector podrá conocer lo que piensa de obras de Giotto, Fra Angelico, Da Vinci, Durero, Miguel Ángel, Caravaggio, Rembrandt, Velázquez, Goya, Van Gogh, Picasso, Magritte, Francis Bacon o Lucian Freud.

"La pintura es un espejo de la condición humana, un testimonio mudo de nuestra vida y de la vida del mundo y esto me atrae y me tranquiliza. Me gustan todas las artes, pero la pintura tiene un efecto tranquilizador en mí. La música me encanta, me conmueve, pero en ocasiones me lleva a un emocionalismo extremo", argumenta.

En cambio, la pintura es "una emoción serena", afirma, y añade: "Incluso 'El grito', de Munch, que la vi en directo en Oslo y me sorprendió, porque pensaba que sentiría como un grito, pero estaba entre un silencio extraordinario".

Además, la pintura "es un corte en el tiempo, es como si cortara el fluido del tiempo, incluso en una obra como 'Saturno devorando a su hijo', de Goya, que cuando la ves el tiempo queda detenido, aunque trata sobre la fugacidad". "Esa es la magia de la pintura", destaca.

Cuando se le pregunta por cuál de los pintores y de los cuadros se decantaría si tuviera que escoger alguno, Rafael Argullol, sin pensarlo, señala que como pintor se queda con Piero della Francesca; para conversar, quedaría con Leonardo da Vinci, y como pintura para tener en casa "robaría" 'La tempestad', de Giorgione, porque "tiene un misterio que nunca se aclarará por muchas interpretaciones que se hagan".

Confiesa que, una vez, hace años, la tenía delante en la Academia de Venecia, en un momento de "decadencia" de la institución, sin apenas medidas de seguridad, y llegó a pensar: "¿Y si la cojo y me la llevo a casa? Además, estaba colgada torcida, pero no la llegué ni a tocar".

A pesar de estas consideraciones, el ensayista remata que la pintura que cree "insuperable", desde el punto de vista técnico y de contenido, es 'La escuela de Atenas', de Rafael, que califica de "magistral".

Con su prosa adictiva, en el libro precisa que cuando se contempla "con detenimiento, uno tiene la impresión de que en esa escena el mundo se preparaba para ser mejor".

Defiende, por otra parte, que la pintura muestra las posibilidades de la realidad y éstas son "tan infinitas como lo puede ser nuestra imaginación", hasta el punto de que se han ido "ampliando las fronteras de la realidad hasta llegar a una enorme ficción".

"En el fondo -prosigue- la pintura actúa sobre nosotros como si fuera un espejo. Cuando contemplamos una pintura, nos estamos mirando en un espejo, que nos hace ver cómo somos. Es por eso que en diferentes etapas de la vida una misma pintura ofrece diferentes informaciones sobre cómo y quién eres tú".

En cuanto a qué prefiere, si puntura abstracta o figurativa, no duda en indicar que lo que intenta es confrontarse siempre con la buena pintura, con la que emociona y ofrece belleza y, por tanto, le da lo mismo que sea "abstracta, figurativa, corporal o paisajística".

Sobre los temas que más se repiten en las obras, el escritor señala que son los que tienen que ver con las preguntas "esenciales" de la condición humana.

Respecto a cómo puede afectar la Inteligencia Artificial (IA) a la pintura, Rafael Argullol deja caer que está trabajando sobre ello por lo que, de momento, sólo opina que la "nunca pintará con defectos y matices" como sí lo han hecho todos los grandes pintores y pintoras de la historia. EFE

(foto)

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD