Málaga, 22 oct (EFE).- Julio González, el artista que aseguraba que sus esculturas eran "como dibujar en el aire", se revela además como un gran pintor y dibujante en la nueva exposición temporal del Museo Carmen Thyssen de Málaga, que conmemora el 150 aniversario de su nacimiento en Barcelona.
Como ha resaltado este jueves la directora artística del Museo, Lourdes Moreno, la obra escultórica de González se puede colocar al nivel de Brancusi, Calder o Jean Arp, e incluso se le puede considerar "el primero que abre la puerta a la abstracción y al cambio de materiales en la escultura moderna".
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Esta muestra, con fondos del Centro de Arte Reina Sofía, recoge una selección de su producción pictórica, que se divide en tres etapas, una inicial hasta el final de la Primera Guerra Mundial, una segunda entre 1918 y 1930, y la última, desde esa década, cuando "la pintura y el dibujo se convierten en algo subsidiario de su trabajo como escultor".
En la primera etapa, cuando había viajado a París intentando triunfar como pintor, tiene una gran influencia del simbolismo francés, y en la segunda le influye el 'Noucentisme' catalán y las protagonistas de sus cuadros "suelen ser mujeres que representan las raíces, lo mediterráneo y la tierra".
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Julio González, que procedía de una familia de orfebres, lo que le llevó a trabajar también la joyería con materiales no siempre tradicionales, llegó a la escultura curiosamente de la mano de Picasso.
"En 1927, a Picasso le encargan un monumento a Apollinaire y llama a Julio González, pese a que este era considerado en ese momento más pintor que escultor".
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Pero Julio González había trabajado en los talleres de la fábrica de automóviles Renault, en Francia, y conocía la soldadura autógena. "Y Picasso pensó que crear una escultura de la nada, del vacío, sería maravilloso, y la producción de ambos se considera la génesis de la escultura contemporánea", ha resaltado Moreno.
El monumento de Picasso y González nunca se llegó a instalar sobre la tumba de Apollinaire, "porque nadie lo entendió", pero esta colaboración abrió los ojos del artista barcelonés para centrarse desde entonces en la escultura.
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"Julio González, incluso en su etapa de escultor, siempre definió su escultura como dibujar en el aire. Es decir, mentalmente él mismo siempre estuvo vinculado a esa disciplina, aunque estuviese expresándose en otra, que es por la que ha pasado de forma más rotunda a la historia del arte".
Como botón de muestra de esa faceta más famosa se puede ver en el Thyssen de Málaga la escultura de bronce 'Dafne' (1937), "que termina explicando lo que para él era dibujar en el aire y crear dibujos distintos con una materialidad diferente".
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En su obra hay mucho de cubismo, y el expresionismo y la abstracción "también intentaron apropiarse de su figura, pero él siempre fue Julio González y nunca estuvo de esos movimientos".
De ahí la dificultad de encasillarle en alguna de esas corrientes, puesto que González "no es explicable en ninguno de esos movimientos, porque al mismo tiempo estuvo en todos y se relacionó con todos, y eso hace también que se quedara en una especie de territorio de nadie", según Moreno.
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La exposición, con once pinturas y catorce dibujos además de la citada escultura, permanecerá instalada en la Sala Noble de la pinacoteca hasta el 17 de enero de 2027. EFE
(foto) (vídeo)
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