Una escombrera, un cuévano y las historias que faltaban en la Montaña Palentina

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Almudena Álvarez

Barruelo de Santullán (Palencia), 12 oct (EFE).- Durante décadas, en Barruelo de Santullán (Palencia) el carbón se sacó de la tierra y las mujeres se ocuparon de sostener la vida alrededor de la mina; ahora, sobre el terreno de una antigua escombrera, son ellas las que han construido un gran cesto para recoger las historias femeninas que quedaron fuera del relato minero de la Montaña Palentina.

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Se llama Cuévana y es una estructura circular y transitable que recuerda a los cuévanos, las cestas que las mujeres de la zona cargaban a la espalda para transportar carbón y otros objetos, que ahora contiene fotografías del pasado y del presente de Barruelo de Santullán para que el pueblo vuelva a mirarse.

"Vivimos en una zona minera y aquí el minero siempre ha tenido mucha relevancia, pero la mujer nunca ha existido en ese relato", explica a EFE Mila Blanco, la bibliotecaria de Barruelo y una de las mujeres que ha participado en el proyecto que ha contado con la mediación de Concomitentes y el talento del colectivo Todo por la Praxis.

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La actividad forma parte del proyecto europeo 'Art Living Lab to Repair the Land' que trabaja sobre las secuelas que ha dejado la industria en Alemania y Croacia y en España impulsa Concomitentes, y buscaba "reparar las heridas" que dejó la actividad minera en Barruelo, donde llegaron a vivir unas 12.000 personas y hoy habitan 1.200.

"Era muy importante reparar", explica a EFE Alfredo Escapa, mediador de Concomitentes, entidad sin ánimo de lucro que acompaña a grupos ciudadanos interesados en responder, con herramientas de arte contemporáneo, a problemáticas concretas de su territorio.

"Pero no solo el territorio, había que reparar también a las personas que habitan ese territorio, en este caso a las mujeres", continúa Escapa.

Durante aproximadamente un año y medio, vecinos de la comarca se reunieron para hablar del pasado y, sobre todo, de aquello que se quería recuperar para poder pensar el futuro.

Inicialmente participaron hombres y mujeres, pero el grupo que acabó dando forma al proyecto estuvo integrado fundamentalmente por mujeres, muchas de ellas hijas y nietas de mineros que acabaron poniendo la mirada en la minería y el papel de las mujeres.

"La imagen del minero está siempre en todos los sitios, es como que el minero era la parte más importante. Pero entonces las mujeres también tenían su parte importante", relata Mila mientras señala como muestra que en el Museo de la Minería de la localidad solo hay una foto de una mujer.

Así que decidieron ampliar la memoria y poner en valor el papel de la mujer con la ayuda del colectivo de arte y arquitectura Todo por la Praxis que se encargó de idear la pieza.

El cuévano, el cesto asociado a la tarea de transportar, recoger y sostener, se convirtió en una metáfora de las propias mujeres y de su papel en la comunidad.

El nombre de la pieza cambió de género y acoge dentro fotografías procedentes del archivo histórico recopilado por Fernando Cuevas y otras realizadas en la actualidad que los artistas organizaron en distintos estratos para hacer referencia a la propia naturaleza minera del territorio.

Aparecen Ana, la directora del colegio de Barruelo y Marta, la maestra; Enara, la farmacéutica o Milagros, la de la tienda de ultramarinos. Mujeres que siguen dando vida al pueblo y que, de alguna manera, continúan haciendo aquello que hicieron sus antecesoras, sostenerlo.

La estructura de hierro realizada por el herrero de Salinas de Pisuerga, Raul Abad, también dialoga con el lugar donde se levanta: sobre ella, tubos de riego reciclados del color negro del carbón y la escombrera, trenzados con una estética industrial que conecta con el territorio. EFE

aaf/aam/ros

(Foto)

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