García de Silva, el diplomático extremeño que viajó a Persia en 1614 para 'salvar' Ormuz

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Carlos González de Rivera

Mérida, 11 oct (EFE).- El conflicto entre EE.UU. e Irán ha servido para desempolvar la figura del político y explorador extremeño García de Silva y Figueroa y su histórico viaje diplomático a Persia en 1614 para disuadir al sha Abbas I El Grande de apoderarse de la isla de Ormuz.

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No todo el mundo conoce que Ormuz, un punto geoestratégico ahora para la salida del petróleo y hace cuatro siglos para el comercio, pasó a ser de soberanía española cuando Felipe III heredó la corona de Portugal.

El viaje fue un fracaso político, porque el sha conquistó Ormuz en 1622 con ayuda inglesa, pero no así su legado cultural.

El erudito identificó las ruinas de Persépolis, la antigua capital del imperio persa durante la dinastía aqueménida, que fue destruida por Alejandro Magno el 330 a.C, además de ser el primer occidental en describir la escritura cuneiforme.

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Las letras eran "pequeños triángulos piramidales", escribió en sus 'Comentarios' del viaje, publicados en 1903 por la Sociedad de Bibliófilos Españoles.

"Inscripciones del todo incógnitas, siendo mayor su antigüedad que las hebraicas, caldeas y arábigas, no teniendo semejanza alguna con ellas, ni mucho menos con las griegas y latinas".

Nacido en Medina de las Torres (Badajoz) en 1548, su familia estaba emparentada con los duques de Feria.

Antes de entrar en la Corte, fue corregidor de Jaén y Andújar, Toro y Badajoz y su nombre se barajó para ser gobernador de Chile.

Su regreso a España se demoró cuatro años desde Goa por los impedimentos que le pusieron las autoridades lusas y murió en alta mar en 1624, a los 75 años, una década después de iniciar su embajada.

Nombró a la Cofradía de la Caridad de Zafra (Badajoz) heredera de todos sus bienes, entre los que se incluían los 60.000 ducados que le debía el rey por sus servicios, pero no llegaron a cobrarse como él mismo preveía en su testamento.

Así se recoge en el libro de los historiadores José María Moreno y Carlos Martínez Shaw, publicado en 2016 por la Diputación de Badajoz, que aclaraba y completaba su biografía y que incluía documentos inéditos como las 91 páginas que se conservan del diario de gastos del viaje a Persia.

Moreno explica a EFE que García de Silva sigue siendo todavía un personaje "muy desconocido" en España porque durante mucho tiempo se creyó que era portugués.

De formación autodidacta, supo "escribir y describir" con todo detalle lo que veía y transmitir sus vivencias, según el historiador, que destaca también los "dibujos asombrosos" que hizo en su crónica.

Abbas I el Grande (1571–1629) gobernó Persia entre 1588 hasta su muerte en 1629 y está considerado el rey más importante de la dinastía safávida.

Acometió importantes reformas administrativas y militares y trasladó la capital a Isfahán, que destacó desde entonces por su arquitectura.

Ganó la larga guerra contra el imperio otomano en 1618 y sumó nuevos territorios, lo que supuso otro revés para el diplomático extremeño, al que también se le había encomendado afianzar una alianza con los persas frente al enemigo común turco para alejarlo de Europa.

García de Silva se entrevistó dos veces con Abbas I sin resultados. De nada sirvieron los ricos presentes del rey de España que portaron para la primera audiencia "más de seiscientos hombres porque cada uno de ellos singularmente llevase una pieza por pequeña que fuese", según detalló en su manuscrito, conservado en la Biblioteca Nacional.

En 1607 tuvo su primero encuentro con los persas, ya que por orden del rey acogió y agasajó en su casa de Badajoz a Imam Quli Beg cuando su legación se dirigía a Madrid procedente de Lisboa, lo que pudo pesar posteriormente para su nombramiento como embajador.

García de Silva partió del puerto de Lisboa en abril de 1614 y desembarcó en Bandar Abbas (Persia) en octubre de 1617 tras atracar primero en Goa, donde los recelos portugueses retrasaron su salida, y pisar Ormuz.

La isla tenía unos 40.000 habitantes repartidos en 3.000 casas, la mayoría árabes. Con la llegada del calor dormían en las azoteas juntos hombres, mujeres y niños "sin cosa alguna encima".

"Trazó un detallado retrato del lugar a la altura de los mejores relatos viajeros de todos los tiempos, desde Marco Polo a Charles Darwin", según subrayó el escritor Javier Reverte en su libro 'La frontera infinita'.

El comercio dejaba grandes beneficios aduaneros en la isla, ya que por allí pasaban productos de gran valor en el mercado como perlas, especias, caballos árabes, terciopelo, seda, alfombras o porcelana fina.

Hasta mayo de 1618 no llegaría a la Corte de Isfahán. Además de Persia, recorrió Mesopotamia y Anatolia. EFE

(foto)

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