España en 2050: familias más diversas y una vida cotidiana atravesada por la tecnología

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Barcelona, 28 sep (EFE).- La vida cotidiana de los españoles podría ser muy distinta en 2050: habrá más formas de construir una familia y convivir, trayectorias laborales menos lineales y una población que necesitará más cuidados. Unos cambios atravesados por la tecnología, que abrirá posibilidades, pero también riesgos, desde la hiperconexión hasta un acceso desigual a sus ventajas.

Así lo expone el informe 'Vidas futuras: un día en 2050', un ejercicio de prospectiva social elaborado por la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia (ONPE) junto a 25 especialistas que analiza los cambios en las formas de vivir durante los últimos treinta años y explora su posible evolución siguiendo a tres generaciones: baby boom, millennial y alpha.

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El estudio se ha presentado este lunes en un acto que ha clausurado el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien ha subrayado que este informe interpela a las instituciones a diseñar "políticas públicas de hoy pensando en una sociedad" futura formada por individuos y hogares con vínculos de convivencia "mucho más diversos y mucho más heterogéneos".

El informe apunta que la familia seguirá siendo un eje de la vida social, aunque adoptará formas cada vez más variadas. Continuará el retraso de la primera maternidad, con una edad media en torno a los 32 años y, al menos, una de cada cuatro mujeres y uno de cada tres hombres podrían no tener hijos. Influirán las condiciones económicas y laborales, así como la dificultad para consolidar una pareja estable.

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En paralelo, podrían ganar presencia los hogares con hijos de relaciones anteriores, las madres solas por elección y las parejas estables que no comparten domicilio. También aumentarían las personas que viven solas y los jóvenes que comparten piso.

Ante esta diversidad, las viviendas podrían incorporar "espacios más flexibles", mientras que la rehabilitación energética cobrará importancia para afrontar los efectos del cambio climático y evitar desigualdades en las condiciones de habitabilidad.

Trabajar menos horas y repartir mejor las responsabilidades familiares podría dejar más tiempo libre. Buena parte de ese ocio transcurriría en entornos digitales, con contenidos personalizados por plataformas y algoritmos, lo que podría "generar tensiones" para la atención, el descanso y la salud mental.

En ese contexto, las experiencias analógicas basadas en la desconexión y la interacción social "podrían adquirir mayor valor", y será importante garantizar que su acceso no "dependa del código postal o de los recursos" de cada persona

También cambiaría la manera de relacionarse: con familias más pequeñas y una mayor movilidad geográfica, muchos vínculos se mantendrían a distancia gracias a la comunicación digital. Las amistades y las llamadas "familias elegidas" podrían ganar importancia como redes de apoyo cotidiano.

Una transformación que no implicará "necesariamente" perder vínculos, aunque estar más conectados tampoco garantizará sentirse acompañados, señala el estudio, que sitúa la soledad no deseada como otro de los desafíos.

En educación, el estudio apunta a una mayor atención al bienestar del alumnado y al aprendizaje activo, así como a capacidades como la creatividad, la comunicación y el trabajo en equipo, e indica que la escolarización de 0 a 2 años podría acercarse a los niveles de los países nórdicos.

Las herramientas digitales permitirán adaptar la enseñanza a cada estudiante y aliviar la carga del profesorado, aunque también podrían intensificar la hiperconexión o ampliar las brechas educativas.

Las trayectorias profesionales, por su parte, serán más flexibles y menos lineales; es posible que se reduzca la jornada laboral, que el teletrabajo gane peso y que la formación continua acompañe a las personas durante más etapas de su vida. El reto, subraya el informe, será extender esas oportunidades a quienes trabajan en sectores con menos posibilidades de adaptación tecnológica.

Esos cambios afectarán asimismo a la movilidad: el trabajo a distancia reducirá algunos desplazamientos y el transporte público y la movilidad ofrecerán alternativas. El coche privado podría perder protagonismo, aunque seguirá siendo necesario en muchas zonas rurales.

El informe prevé una mayor longevidad, si bien advierte de que vivir más años no equivale necesariamente a vivirlos con buena salud. Entre los retos cita la obesidad, la salud mental -especialmente entre los jóvenes- y las enfermedades relacionadas con el cambio climático.

Al mismo tiempo, tecnologías como la inteligencia artificial, la secuenciación genómica o las terapias celulares mejorarán el diagnóstico y tratamiento de enfermedades como el cáncer y el alzhéimer. El "interrogante" será si esos avances resultarán accesibles para toda la población.

El envejecimiento, además, elevará la demanda de cuidados de larga duración. Con familias más pequeñas y generaciones que no siempre viven cerca, esa tarea deberá compartirse entre familiares, servicios públicos, profesionales y redes de apoyo.

Entre las recomendaciones plateadas por la ONPE figuran proteger los derechos digitales, apoyar la crianza, impulsar la igualdad educativa y adecuar las normas a las nuevas formas de familia y cuidado, además de mejorar el acceso a la vivienda y reforzar los espacios de convivencia.

Respecto a la posibilidad de que las desigualdades aumenten como consecuencia de estas transformaciones sociales, fuentes de Moncloa aseguran que el informe no plantea que se vaya hacia "un escenario mucho peor" que el actual -en el que "existen formas de desigualdad profundas"-, sino que advierte en cómo "van a vivirse". Por ello, sostienen, son "importantes" las políticas públicas que se desarrollen durante estas dos décadas. EFE

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