Jorge Ocaña y Mercedes Ortuño
Madrid, 27 sep (EFE).- Turistas con maletas, gente volviendo de fiesta, personal de la limpieza, otros trabajadores de camino a sus jornadas... Todo eso, como cualquier otro día, está en la Puerta del Sol este domingo al amanecer, pero también cientos de personas acampadas para protestar por la crisis de vivienda.
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Esta estampa que recuerda tanto al 15-M de 2011 comenzó a orquestarse al final de la manifestación multitudinaria del sábado por la tarde en la capital, que congregó a miles de personas: 25.000, según la Delegación del Gobierno; cerca de 300.000, de acuerdo con el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid, convocante de la marcha.
"Si no nos dejan vivir en Madrid, nos plantamos en su centro", ha reivindicado el Sindicato, que ha logrado movilizar improvisadamente a cientos de personas para ocupar este bajo exterior y muy luminoso de 16.751 metros cuadrados, en una ciudad en la que el precio del alquiler ha subido 60,7 % en los últimos cinco años, según el portal Idealista.
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La protesta empezó aquí mismo a las 18:30 horas y culminaba oficialmente frente al Congreso, después de pasar por el Ayuntamiento. Pero, al término del manifiesto, la portavoz del Sindicato de Inquilinas, Valeria Racu, anunció que la acampada que se estaba gestando.
Entre la sorpresa y el entusiasmo, fue entonces cuando centenares de manifestantes no dudaron en marchar de las puertas de la cámara baja a la plaza, donde han pasado la noche entre tiendas de campaña, cartones y algún que otro colchón, quince años después de que lo hicieran los 'indignados'.
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Un "punto de inflexión"
La toma de Sol ha sido una acción que muchos de los asistentes a la protesta por la vivienda no esperaban, como Iker, que ha venido desde Bilbao a Madrid a pasar el fin de semana con amigos y ha terminado durmiendo al raso junto al kilómetro 0.
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"Creo que si no pasa esto y queda en una manifestación más en la que todo el mundo se va a su casa, probablemente no pase nada el martes, no haya cambios. Este es el inicio de un punto de inflexión. Con acciones más allá de una protesta es cuando se consiguen cosas", explica a EFE este joven de 26 años, recién amanecido en el colchón de un amigo que ha sido la envidia de muchos asistentes.
Elia, de 17 años, a quien la convocatoria de la acampada le pilló ya en casa tras haber acudido a la marcha de la tarde, también confía en que esta iniciativa sea un "punto de inflexión" para que la gente se sienta con más fuerza para seguir con las reivindicaciones en materia de vivienda y otros asuntos.
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"Estoy aquí para reivindicar la vivienda, pero también los derechos públicos, la sanidad y la educación", señala, junto a los amigos con los que ha pasado la noche.
En bici desde Leganés aparece Manolo, que ha venido a propósito hasta el centro de la capital para ver en directo una imagen que le emociona: "Yo tengo un piso en propiedad y me siento millonario. Pienso en mi hijo y en lo difícil que lo tienen los jóvenes", cuenta antes de dar ánimo a un grupo de chavales.
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La acampada se mantiene de momento
"Seguimos en Sol y tiene pinta de que no nos vamos, nos quedamos", celebra Gonzalo Álvarez, portavoz del Sindicato de Inquilinas, que da las gracias a quienes han pasado la noche, que ha transcurrido sin ningún incidente, antes de anunciar que hay desayuno para quien quiera y turnos de limpieza voluntarios para hacer batidas a mano e incluso con escobas por la plaza.
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Además, a las 9:30 ha empezado la primera de las actividades del día, un "taller de acción directa", con las que pretenden seguir haciendo fuerza "para que la vivienda deje de ser un bien de mercado".
Según ha confirmado el equipo de prensa del Sindicato a EFE, a lo largo del día habrá una asamblea para determinar un poco más el futuro de este campamento espontáneo, de duración indefinida por el momento.
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En cualquier caso, el primer objetivo es que el Consejo de Ministros apruebe el martes el bautizado como 'decreto Maricarmen' con una batería de medidas sobre vivienda que palíe la crisis y doblegue la curva de precios.
En esta primera noche en la que no ha cesado el movimiento, los asistentes piensan ya en la organización de los días siguientes y hablan de comprar tiendas de campaña o hacer turnos para no dejar el campamento vacío antes de que sus reivindicaciones se materialicen. EFE
(foto) (vídeo)
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