Nacho Vegas esparce ternura y canciones contra las injusticias en el Grec de Barcelona

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Guillermo Cabellos

Barcelona, 25 sep (EFE).- Nacho Vegas es activismo, da igual qué disco esté presentando. Lo era, evidentemente, en 'Canciones populistas'. Pero también lo fue en su descarnada trilogía fundacional, diario de la soledad depresiva y cobijo de los marginados, y lo es, inevitablemente, en 'Vidas semipreciosas', denuncia musicada al sistema que mostró este viernes en el Teatre Grec dentro de los conciertos de La Mercè de Barcelona.

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Refugiado tras los cristales ahumados de sus gafas, el asturiano llegó a la capital catalana con un puñado de canciones de combate, balas refinadas que tanto señalan al abusón como liberan al oprimido, un género cultivado a lo largo de sus 25 años de carrera que tomó especial importancia tras la pandemia, con la publicación de 'Mundos inmóviles derrumbándose' (2022) y este último 'Vidas semipreciosas' (2026).

Y así comenzó la noche, con 'Alivio', corte que abre el disco y que advirtió, desde el hieratismo de Vegas, que "quizás cualquier placer sea un alivio", un primer adelanto de lo que sería una velada cargada de llamadas a la solidaridad popular.

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Antes de seguir con el álbum que patrocina esta última gira, el asturiano ofreció un receso para desempolvar sus primeros trabajos. 'Nuevos planes, idénticas estrategias', puñalada en el corazón del 'Desaparezca aquí' (2006), dio paso a 'Crujidos' de 'El manifiesto desastre' (2008), testimonios de una época en la que Vegas se ahogaba en su propia supervivencia que el público del Grec aprovechó para llenar el foso.

La crueldad autoafligida se mudó hacia coordenadas más confortables, sea 'Fíu', agradecimiento a Cristina Vegas, madre que enseñó que "sin justicia, libertad no es cosa cierta" que provocó un sonoro grito antifascista en Montjuïc; 'Deslenguarte' y sus incontables "me cago en dios" o el resplandor de 'Los asombros'.

Entre tanto, llegó la primera denuncia de la noche en forma de audio de Javitxu, uno de 'Los seis de Zaragoza'. No fue la única, ya que, igual que en los interludios del disco, los altavoces del Grec dieron voz a Anna Gabriel y su suspiro por la "trinchera de la dignidad" y a Adur, uno de los implicados en el caso Altsasu.

El activismo siguió con la amenaza al poder de 'Cómo hacer crac'; 'Ciudad vampira', en esta ocasión con la misión de "matar sionistas"; y la agorera 'La gran broma final', rastros de una discografía dolorosa que se erigió como faro de la escena independiente española de principios de siglo.

El traje con pantalón de campana y el talón cubano, sumado a 'Mi pequeña bestia', dejaron en el Grec un aire a Julio Iglesias, que se esfumó inmediatamente entre la crudeza 'El hombre que casi conoció a Michi Panero', corte tras el que desapareció del escenario.

Vegas regresó a los pocos minutos y se pronunció, resguardado tras la media melena que luce desde que se dio a conocer en Manta Ray durante los años del Xixón Sound, sobre los casos de Maricarmen, en Madrid, y Olga, en L'Hospitalet, quien "no se suicidó, fue asesinada por un fondo buitre".

"Tenemos que seguir luchando desde todas las trincheras que podamos", lanzó en una mezcla entre catalán y asturianu, antes de seguir con el asombro optimista de 'Ser árbol', que arrancó entre el público gritos de "vergonya em faria ser policia" y 'La pena o la nada' y su elección del dolor, última punzada ante un Grec totalmente entregado a la causa tras hora y media tierno activismo. EFE

gcm/fp

(foto)(video)

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