Vilau y Torrijos ponen la bravura para abrir la puerta grande de Algemesí

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Andrés Verdeguer

Algemesí (Valencia), 24 sep (EFE).- El catalán Mario Vilau el valenciano Alberto Torrijos han logrado un meritorio triunfo este jueves en Algemesí (Valencia), imponiéndose a una novillada desrazada de San Isidro.

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Un catalán por Algemesí en el día La Mercé, fiesta grande de Barcelona, 15 años después de la cancelación de la tauromaquia en La Monumental.

Un catalán llamado Mario Vilau con una determinación a prueba de bombas. Se fue a portagayola a recibir a Formidable, el primero de la tarde, el único que sería capaz de levantar la bandera del buen fondo bravo dentro de una novillada totalmente desrazada.

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Vilau, en cambio, no bajó la guardia. Una larga cambiada al primero, la cabeza fría para recogerlo de capa andándole hacia atrás; unas vistosas chicuelinas para ir calentando al personal y una larga, otra vez de rodillas, para rematar. Y la faena de muleta, más reunida y ligada, imposible. Otra vez de rodillas para comenzar con un farol y todo seguido, en redondo.

De pie, en la primera serie ya tuvo importancia el temple y el mando por abajo. Vilau dio muletazos con limpieza y mérito pese al tornillazo que soltaba el tal Formidable de puro bravo, queriendo coger los vuelos. Porque bravos son los toros que embisten por abajo y hasta el final.

Tremendo el sitio de Vilau y su mando. Al natural, la muleta cogida por el centro del palillo, esa muñeca tan personal con trazo y vuelo con toques de psicodelia setentera.

Y un arrimón definitivo de rodillas y un sorprendente desplante: arrojó la muleta y con la punta de la ayuda la recogió y se inventó un muletazo con la franela echa un trapo y el catalán, claro, de rodillas. Estocada y dos orejas para abrir la tarde. A partir de ahí la ambición de los chavales se estrelló con la mansedumbre.

Juan Alberto Torrijos, que toreaba en su pueblo y también está anunciado el próximo domingo, respondió al ataque. Pero la escasa voluntad de su lote siempre jugó a la contra.

Un eternidad pasó de rodillas frente a la puerta del corro esperando a su primero. No quería salir, dicen. Rajado estaba desde antes de pisar el cuadrilátero.

Torrijos ligó de rodillas los faroles hasta el imposible y dejó todo un surtido de variedad capotera, desde las caleserinas al galleo por chicuelinas. Tras un puyazo en la paletilla, se empeñó el palco con una vara más. Más leña a la poca raza.

Tras el inicio de rodillas, el novillo tuvo temple para una tanda. Torrijos lo pulseó perfecto, muy cosido a las telas, con suavidad y un gran pase de pecho. A partir de ahí la falta raza, la falta de toda la raza. Hambriento Torrijos, desesperado ante la falta de toro, se inventó un arrimón y lo mató de estocada.

El tercero, Huérfano, castaño, acapachado de cuerna y hechuras de torito, se afligió muy pronto. Vilau exprimió toda la bondad del animal, que quería rajarse, pero no se lo permitió, metido entre los pitones, muy encima y la muleta siempre en la cara, por delante o por detrás, era casi el novillo quien se tenía que apartar para no tropezarse con Vilau, que había venido a Algemesi a arrasar con todo. Vuelta al ruedo.

El cuarto fue el más regordío del lote. No le sobraron las fuerzas y nula fue su casta. Otra vez le tocó a Torrijos inventarse la faena, porfiar con una embestida cada vez más y más negada, meterse entre los pitones y descararse de pura desesperación. Tras estocada, Torrijos arrancó la oreja que le abría la puerta grande y así irse por ahí junto a Mario Vilau.

Cuatro novillos de San Isidro de justa presentación, cómodos de caras, bien comida, pero desrazada y falta de fuerza, salvo el primero que tuvo buen fondo bravo.

Mario Vilau, de celeste y oro: estocada arriba (dos orejas); pinchazo y estocada tendida (vuelta al ruedo).

Juan Alberto Torrijos, de fucsia y oro: estocada (oreja); estocada delantera (oreja).

Sexta de abono de la Semana Taurina de Algemesí. Lleno (uno 4.500 espectadores). EFE

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(foto)

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