Los nuevos códigos estéticos plantan cara al algoritmo: son los versos libres de la moda

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Inmaculada Tapia

Madrid, 31 ago (EFE).- Frente a una moda globalizada surgen versos libres que definen nuevos códigos estéticos. Firmas pequeñas como Edward Cuming, Mans, Tíscar Espadas, Acromatrix o Carlota Barrera saltan barreras y limitaciones con sus marcas.

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Todos ellas plantan cara a lo convencional, a "alejarse del algoritmo", ha señalado Tíscar Espadas que, graduada en el Royal College of Art de Londres con un máster en Moda Masculina, creó su firma en 2019 y desde 2021 la desarrolla junto a Kevin Kohler, un proyecto con el que ha sido semifinalista en el prestigioso LVMH Prize 2026 para diseñadores emergentes.

"Buscamos soluciones reales para nosotros, con las limitaciones, económicas y de espacio de una marca pequeña; eso genera nuevos lenguajes, nuevas formas de hacer", explica a EFE Tíscar Espadas, que huye de las etiquetas para confeccionar una "moda libre".

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Detrás de cada una de sus prendas hay un estudio profundo de tejidos y patrones hasta llegar a la versión definitiva para que sea "cómoda, vestible, porque habla de quien la lleva".

Reconoce que nunca hubiera imaginado llegar hasta donde está con un proyecto como el suyo. Espadas se inició en la sastrería y también en la ilustración y en esa simbiosis encontró una forma de desarrollar un estilo.

A partir de ahí nace una ropa atemporal, sin género, que no está atada a las estaciones y que "dura en el tiempo, porque no está solo vinculada al diseño".

Piezas versátiles para que quien las vista pueda crear un "personaje diferente según las combine", con tejidos que buscan la excelencia con materiales orgánicos que cumplan la función que quieren: "y ese es el estilo que nos sale", añade Espadas.

El lenguaje estético de la diseñadora jienense va más allá de la creación de ropa, se amplía a otras disciplinas y estudios artesanales, una circunstancia que invita a la experimentación y a priorizar la artesanía, con una clara apuesta por la sostenibilidad y lejos del ritmo frenético que marca el calendario de presentaciones.

"La artesanía va en contra de la globalización", añade una diseñadora que considera que con su trabajo apoyan la industria de sus lugares de origen.

Argumenta que cada una de sus prendas es única, basada en proyectos reales que les "obligan a ser cada vez más creativos, a tener nuevas ideas". "Siempre hay una búsqueda para diseñar algo mejor que lo anterior".

Consciente de que forma parte de una nueva generación de creadores con equipos pequeños e independientes que han creado una comunidad en la que la moda se une a otras disciplinas artísticas, distintos relatos con los que "enriquecer el trabajo".

Admiradora de creadores como Yohji Yamamoto o Rei Kawakubo, es precisamente el mercado asiático el que mejor ha recibido sus diseños construidos por dentro sin procesos industriales, sin remallado y a veces con solo tres costuras.

"Me gusta la buena acogida desde tan lejos, enseñar nuestro proceso creativo. Nos hemos acostumbrado a la moda efímera, compramos y no nos cuestionamos de dónde viene", subraya esta joven creadora que ha diseñado uniforme para un restaurante y está en proceso de confeccionar el vestuario para la compañía de danza suiza St. Gallen.

"No nos limitamos, surgen retos supercreativos", admite la emprendedora que, aunque reconoce que les cuesta entrar en el mercado europeo, la venta on line está creciendo.

Sabe que sus piezas no son comerciales y necesitan de puntos de venta físicos: "No es lo mismo verlas que probarlas, quien lo hace se sorprende porque quien se las pone trasciende".

La ganadora del Vogue Fashion Fund 2024 asegura que los puntos de venta dan visibilidad y ofrecen la sensación "de hacer algo que va más allá de las cuatro paredes del estudio". EFE

(Foto)

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