Agregar Infobae enGoogle

La peste que sufrió la isla de Mallorca en 1820 no habría sido solo de tipo bubónico

Guardar

Madrid, 17 ago (EFE).- Las matemáticas, la estadística y la epidemiología pueden ayudar a esclarecer cómo fue una epidemia, aunque hayan pasado dos siglos. En el caso de la peste que afectó a parte de la isla de Mallorca en 1820, un estudio sugiere que esta no fue solo de tipo bubónico, como se creía.

La investigación que publica PNAS está firmada por Pedro Puig, catedrático de Estadística e Investigación Operativa del Departamento de Matemáticas de la Universidad Autónoma de Barcelona, y Joana María Pujadas-Mora, investigadora ICREA Academia y profesora titular de la Universitat Oberta de Catalunya.

PUBLICIDAD

Aquella epidemia se cobró la vida de 6.000 personas entre mayo y noviembre de 1820 en cuatro localidades de Mallorca, aunque se han centrado en el estudio en las dos en las que los datos eran más completos: Son Servera, donde comenzó, y Capdepera.

Hasta ahora, se consideraba que había sido de peste bubónica, pero la investigación apunta que podría tratarse además de sus formas neumónica o septicémica, como sugiere la tasa de mortalidad y el rápido desarrollo clínico.

PUBLICIDAD

Pujadas-Moral indica a EFE que ya había estudiado este hecho desde un punto de vista historiográfico, pero el descubrimiento de unos estadillos con datos diarios de la progresión del brote fue la puerta para avanzar un paso más allá.

Los listados se conservan en la Real Academia de Medicina de las Islas Baleares, pero fueron hechos por orden de la Junta Superior de Sanidad con los datos que diariamente recibieron de las localidades afectadas desde junio de 1820.

Cada día se supo el número de nuevos casos, fallecidos y recuperados, divididos por sexo y entre adultos y niños. Aplicando modelos estadísticos avanzados, se pudo estimar una serie de parámetros para definir cómo fue aquella epidemia, explica a EFE Puig.

Las dos localidades tuvieron una tasa global de letalidad del 78 %, más mortalidad en niños que en adultos y el periodo en que un infectado podía morir o sanar era de unos 2,5 días.

En cuando al potencial de transmisión, en Son Servera, cuando aún las medidas de contención no se habían aplicado, llego a 1,3, en cambio en Capdepera sería de 1, es decir una epidemia "muy controlada", según Puig, investigador afiliado del Centre de Recerca Matemàtica (CRM)

El artículo indica que "los breves periodos de contagio y las descripciones históricas de un rápido deterioro clínico" junto a la tasa de letalidad, sugieren "claramente que las formas neumónicas y septicémicas contribuyeron de manera sustancial a la transmisión" de la enfermedad.

La peste bubónica clásica tiene un mecanismo de transmisión a través del binomio ratas/seres humanos, la enfermedad pasa de unos a otros a través de las pulgas. En ese caso, la tasa de mortalidad es del 60 o 70 %, "como mucho", precisa Puig.

La neumónica y la septicémica se transmiten por gotas de saliva o por heridas abiertas y contacto con fluidos, respectivamente, y sus tasas de mortalidad son casi del cien por cien.

Los investigadores consideran que hubo "un componente importante" de esos dos tipos y, por eso, la mortalidad observada fue tan elevada.

Pujadas-Mora destaca que eso es lo que pueden extraer de los datos analizados, aunque matiza que el equipo "no ha tocado hueso", sino que se basa en modelos matemáticos, por lo que "hay que ser cautos".

Puig destaca que no creen que el binomio ratas/seres humanos existiera, pues se sabe que fue una transmisión muy rápida desde un barco que llegó de Tánger y llevó la mercancía a tierra en pequeñas barcas de remos.

Además, la población local también habría ido directamente al barco a comprar bienes. Así, el equipo se inclina más por una transmisión por pulgas o piojos (ectoparástitos) de humano a humano.

La numerosa documentación y los relatos de médicos dan detalles muy precisos y se conoce hasta el nombre de la primera fallecida, Francisca Brunet, a la que seguirían rápidamente su marido, su hijo y los vecinos.

Aquella documentación permite saber también, indica Pujadas-Mora, que se estableció un triple cordón sanitario, por tierra, mar y entre los cuatro municipios afectados, que "funcionaron muy bien", para evitar que la peste se extendiera por una isla pequeña.

Esa peste de 1820 habría servido como catalizador para la salud pública de la islas Baleares, que era la de mejor esperanza de vida en España.

Aquel brote -relata la investigadora- mostró a la población la necesidad de medicalizarse y de creer en la ciencia.

Ahora sabemos cómo empezó la enfermedad, pero también hubo una leyenda popular que la atribuye a un pastorcillo, el cual habría vestido una capa recogida de una tumba en la playa, donde se acababa de enterrar a alguien procedente de un barco.

Puig indica que, en 2008, el Ayuntamiento de Son Servera erigió una pequeña estatua del pastorcillo en conmemoración de las víctimas de la epidemia. EFE

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD