Muchas orejas y mucha bravura pero solo Juan Ortega hace el buen toreo en Pamplona

Guardar
Google icon

Paco Aguado

Pamplona, 14 jul (EFE).- En una tarde en la que, con aún mayor holgura que en el resto de la feria, se cortaron hasta seis orejas -cuatro de ellas para Tomás Rufo, que salió a hombros- y en la que se lidió, con el hierro de Jandilla, la corrida más brava y completa de los Sanfermines, solo Juan Ortega hizo el toreo de sinceridad y calidad que los astados merecían.

PUBLICIDAD

Como en una oferta de 'liquidación por cierre', el día del 'Pobre de mí' se produjo un auténtico derroche orejero del que el más beneficiado, incluso sin los méritos suficientes para llegar a tanto, fue el torero toledano, al que le cupo en suerte un lote de los que en el mundillo se califican como 'de consagración'.

Además de presentar unas perfectas hechuras y un trapío serio pero sin excesos ni deformidades, esos dos Jandillas, tal vez por eso mismo, embistieron sin descanso y con una calidad suprema a los engaños de Rufo, hasta el punto de que, puestos a señalar méritos, los animales pusieron un noventa por ciento para que ambos trasteos fueran premiados con tantísima generosidad.

PUBLICIDAD

Al primero de ellos, jugado en tercer lugar, se le distinguió con toda justicia con la vuelta al ruedo en el arrastre, pues no paró de embestir entregado y largo desde que el manchego lo saludó con una larga afarolada de rodillas, misma postura con la que abrió una faena de muleta en la que casi siempre desplazó al animal por las afueras, sin el suficiente ajuste pero tampoco con la sinceridad y el mando que Castigado requería.

Estuvo Rufo por debajo de la calidad del toro, por mucho que, en esta monumental con criterio de portátil, se le dieran esas dos orejas que luego dobló con el sexto, con el que provocó, en la misma tónica, los mismos olés de admiración, es decir, casi ninguno, pese a que Oyente tuvo un pitón izquierdo de ensueño, de calidad suprema.

La cuestión es que el manchego solo se puso por esa lado en una sola y vulgar serie, antes de ir a amarrar el populachero triunfo con más rodillazos y alardes vacíos de cara a las peñas, que ya para entonces comenzaban a festejar el fin de las fiestas y de un tendido que buscaba la salida para ver el partido de la selección española.

Por eso mismo tuvo hoy especial importancia, dado el necesario contraste, la actitud de Juan Ortega, que fue quien, con el lote de menos posibilidades, hizo el auténtico y mejor toreo, es decir, el que se hace con asiento, citando con verdad y llevando con mando y compromiso las escasas arrancadas de sus dos Jandillas, que fueron la excepción de una gran corrida.

Y no solo lo hizo con la muleta, sino también con el capote, apostando por la hondura de la verónica en el recibo de ambos y en la gracia de las chicuelinas en el quite al toro de la vuelta al ruedo, frente a las suertes volanderas que salpicaron sus compañeros de cartel.

A ese que abrió plaza le cuajó luego Ortega la mejor y más auténtica serie de naturales de toda la tarde, enganchando despacio con los vuelos y acompañando las embestidas que ya se iban agotando y que no pudo redondear más, para llevarse también una oreja impropia una vez que lo tumbó de un feo bajonazo.

Aun así, esa honestidad, que no le sirvió para remontar el escaso fondo del cuarto, el de peores hechuras de los seis, fue una nota de aire fresco y clásico que agradeció la minoría, pero desdeñó la mayoría que premió también a Roca Rey por su espeso, rígido y mecánico trabajo, plagado de tediosos pausas, con un tercero medido de fuerzas pero con clase por el pitón derecho.

Aunque el peruano no escuchó mientras tanto una sola palma, al final le dieron esa otra oreja barata, que ya no consiguió siquiera con el quinto, otro astado con calidad pero más medido de fuerzas que pedía un pulso que nunca encontró en las duras muñecas de un Roca Rey displicente.

-----------------

FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Jandilla, de muy buena presencia y en general idóneas hechuras, con seriedad sin aparatosidad. En general, por bravura y clase, la corrida más completa de la feria, a excepción del lote de Juan Ortega, con menos fondo. El tercero, Castigado, nº 80, negro mulato listón, de 565 kilos, fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre,

Juan Ortega, de gris perla y oro: estocada muy baja delantera (oreja); estocada caída delantera (ovación tras petición de oreja).

Roca Rey, de nazareno y oro: estocada desprendida (oreja); pinchazo hondo y estocada delantera desprendida (silencio).

Tomás Rufo, de azul turquesa y oro: estocada trasera desprendida (dos orejas tras aviso); estocada caída atravesada (dos orejas con petición de rabo). Salió a hombros.

Entre las cuadrillas, destacó Jorge Fuentes con dos pares de mérito al primero.

Décimo y ultimo festejo de la feria de San Fermín, con lleno (19.500 espectadores) en tarde de calor sofocante. EFE

(foto)

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD