Almudena González
Madrid, 9 jul (EFE).- Ochenta y tres arquitectos fueron depurados después de la Guerra Civil por el régimen franquista. La inhabilitación y, en muchos casos, el exilio truncaron prometedoras carreras, y con ello, una España que nunca se llegó a construir.
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Josep Lluís Sert, Luis Lacasa, Fernando García Mercadal, Manuel Sánchez Arcas, Martín Domínguez, Carlos Arniches, Félix Candela o Matilde Ucelay son algunos de los arquitectos depurados por una resolución del 9 de julio de 1942, emitida por el Ministerio de Gobernación, tras un proceso llevado a cabo por los colegios de profesionales de toda España entre sus 1.088 miembros.
¿Cómo sería hoy España, sus ciudades, sus parques, sus colegios, sus hospitales o sus viviendas si estos profesionales hubieran seguido trabajando en libertad?.
Esta pregunta sobrevuela en las investigaciones de los catedráticos Jesús Martínez Verón (autor de 'Causa 21679. El COAM ante el Consejo de Guerra') y Carlos Sambricio (coordinador de 'Arquitectura española del exilio'), que arrojan luz sobre este grupo heterogéneo, de generaciones distintas y con visiones diferentes de la arquitectura, como también lo fueron sus ideologías políticas, desde el comunismo al conservadurismo republicano.
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Es lo que Martínez Verón denomina "el patrimonio no construido", una reflexión que concluye tras haber documentado en su libro este proceso de depuración, así como el consejo de guerra al que previamente fueron sometidos los colegiados que se hicieron con el mando del Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM) al inicio de la contienda (la causa 21679).
"España se queda con un brazo amputado", explica a EFE Carlos Sambricio para ilustrar las consecuencias de apartar a unos profesionales que, preparados y brillantes en muchos casos, quisieron aplicar las corrientes de la arquitectura moderna y del urbanismo que surcaban Europa.
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Pero el régimen tachó estos postulados de comunistas. Su consigna fue el 'Imperio' y su referente 'El Escorial', precisa Sambricio. Hasta la década de los 50, con una nueva generación, España quedó atrapada en ese modelo.
Cuarenta y nueve partieron al exilio a México, Venezuela, Cuba, Estados Unidos o la antigua URSS. Hubo dobles exilios por una convulsa geopolítica, al desatarse la II Guerra Mundial o cambiar los regímenes gobernantes en los países de acogida.
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Otros se quedaron en España, sin poder firmar sus proyectos, que en algunos pocos casos avalaron compañeros en activo.
Fueron objeto de un homenaje en 2004 promovido por el Ministerio de la Vivienda y el Consejo Superior de Colegios de Arquitectos. Apenas ninguno quedaba vivo, y de hecho, solo acudió Matilde Ucelay y esa madrugada moría Fernando Chueca Goitia, convertido en un referente intelectual.
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Un repaso por este legado puede comenzar en la madrileña Casa de las Flores, un ejemplo de la corriente racionalista que firmó en 1931 Secundino Zuazo, considerado el padre de los jóvenes arquitectos de la capital ansiosos de modernidad. En ella vivió Pablo Neruda. Zuazo, autor entre otros ejemplos de los Nuevos Ministerios, fue forzado a marchar a Canarias por el régimen.
Emblemático es el pabellón de España en la Exposición Universal de París de 1937, firmado por Luis Lacasa y Josep Lluís Sert. La República quiso visibilizarse ante la comunidad internacional en plena contienda civil con obras de grandes artistas, entre ellas el 'Guernica', de Picasso. En 1992 se levantó una réplica del pabellón en Barcelona.
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Luis Lacasa fue duramente inhabilitado a perpetuidad por su ideología comunista. Se exilió en Rusia y luego en China, y aunque consiguió pasaporte para volver a España en 1960, fue conminado a abandonar España en 48 horas a riesgo de ser detenido. Volvió a Moscú, donde murió en 1966.
Sert (Barcelona, 1902-1983) está considerado uno de los grandes, primera figura de la vanguardia catalana. Desarrolló en EE. UU. una amplia carrera profesional y docente, especialmente en la Universidad de Harvard, de la que fue decano en la Facultad de Arquitectura.
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Entre sus obras antes del exilio, figura la representativa Casa Bloc y los apartamentos de la calle Muntaner (Barcelona).
Icónico es el Hipódromo de La Zarzuela (Madrid), diseñado por Carlos Arniches Moltó y Martín Domínguez, junto al reputado ingeniero Eduardo Torroja. Se terminó después de la Guerra Civil (1941) y es fácilmente reconocible por sus marquesinas onduladas.
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Martín Domínguez se exilió en Cuba, donde trabajó mucho, aunque nunca le reconocieron el título de arquitectura. También vivió un doble exilio y tras la Revolución cubana marchó a Estados Unidos con 62 años, ligero de equipaje y apenas dinero.
Carlos Arniches Moltó, que deslumbró a Le Corbusier por su reforma de la Casa de Edgar Neville, vivió el denominado 'exilio interior' en España, de la que no quiso marcharse.
En la Ciudad Universitaria de Madrid se conserva una destacada obra: la Central Térmica, firmada por Torroja y Manuel Sánchez Arcas, que también diseñaron el Mercado de Abastos de Algeciras.
Sánchez Arcas fue inhabilitado a perpetuidad y murió en Berlín sin volver nunca a España, al igual que Bernardo Gíner de los Ríos, fallecido en México.
"Nos podemos hacer una idea de lo que hubiera sido para España por lo que construyeron en América durante su exilio", concluye Martínez Verón. EFE
(Foto)
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