Wimbledon vuelve a rendirse a Serena

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Javier Peña Atienza

Londres, 30 jun (EFE).- No era un día cualquiera en Wimbledon. No siempre se tiene la oportunidad de volver a ver a una jugadora que cuenta con 24 Grand Slams y que ha ganado siete veces en el All England. Después de cuatro años de ausencia, Serena Williams volvió, y aunque no ganó, demostró la leyenda que es.

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Una batalla sin cesar de 2 horas y 25 minutos con puntos inverosímiles. A sus 44 años, la estadounidense luchó, corrió y se dejó la piel en cada punto. No fue suficiente. No consiguió la victoria, pero se ganó el respeto de toda la central, que la despidió con honores. Como se merece una deportista de gran calibre y que ha significado tanto para el deporte.

Desde el principio todo fue muy emotivo. Sobre las 19:30, hora londinense, la pista central del prestigioso torneo británico estalló de júbilo cuando vio entrar a la estadounidense por detrás de su rival, la australiana Maya Joint, que cuando nació, la de Compton ya había ganado dos veces en Wimblendon. Como indica la normativa, vestida de blanco y proyectando la grandeza que le caracteriza desde sus inicios.

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Con una cara de concentración y con unos cascos rosas, cruzó la pista hasta su banquillo. Los presentes, entre los que se incluía su familia, no dejó de aplaudir porque eran conscientes de que iban a vivir algo histórico. Estaban en lo cierto, lo vivieron. Poca gente puede decir que ha visto en directo el que, a priori, es el último partido de Serena en el All England.

Desde el comienzo, la exnúmero 1 mundial fue llevada en volandas por la grada. Celebraron con entusiasmo cada punto, lamentaron cada fallo y se resignaron por cada bola que salía desviada por milímetros.

Eso sí, siempre mostraron respeto por la australiana. A pesar de la magnitud, Joint estuvo a la altura, honró la figura de su rival y sobre la hierba, fue superior.

Los puntos se sucedieron y se vieron destellos de la Serena del pasado. Sus saques y derechas potentes y su tradicional revés a dos manos seguían siendo reconocibles, aunque no eran tan eficaces como antaño.

Aún así tuvo sus oportunidades. Con 2-2 y 15-40 al resto, la gente comenzó a creerse que una victoria era posible, aunque Joint, a base de buenos saques, neutralizó cualquier oportunidad y supo aprovechar su momento.

En el tramo decisivo de la manga, la australiana consiguió ese 'break' deseado. Esa ventaja fue decisiva para llevarse la primera manga, pero todavía quedaba batalla.

El segundo fue otra historia. Con la rotura de saque en el juego inaugural de la joven australiana, todos lo daban por perdido. Pero Serena es Serena. Igual que lo ha sido siempre.

El momento demandaba orgullo y carácter. Y así fue. La estadounidense se agarró a la pista y encajó cada golpe que recibió sin titubear. Recuperó la ventaja, y tras ceder de nuevo el saque, volvió a recuperarla.

La gente aplaudió incansablemente y la temperatura ambiente de la central, cerrada para la ocasión, subió. La gente soñó con un tercer set y lo consiguió.

En la muerte súbita, Serena mostró su mejor versión al saque, e incluso llegó a ir por delante 5-4. Tras salvar una bola de partido, consiguió forzar el set definitivo.

Los presentes perdieron la voz animando y vieron como la de Compton se acercó a la victoria con el 'break' del tercer juego. Fue todo un espejismo. Joint puso la directa y encadenó cuatro juegos consecutivos que lo hicieron insalvable.

Serena perdió, pero lo hizo con honores. Fue despedida como lo que es, como una leyenda. La ovación fue atronadora y Serena se puso la mano en el corazón en símbolo de agradecimiento. Puede ser la última vez en Wimbledon, pero será recordado para siempre. Gracias Serena. EFE

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