Tomás Frutos
Madrid, 30 jun (EFE).- 'Matar dos pájaros de un tiro', 'fueron felices y comieron perdices' o 'eres un cerdo' son frases asentadas en el imaginario colectivo del castellano que, para Florent Marcellesi, validan la vejación animal y merecen una "reflexión colectiva", al igual que otras expresiones con animales utilizadas para deshumanizar a determinados colectivos.
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Su libro 'Una lengua sin maltrato' pretende ser, desvela en una entrevista con EFE, el inicio de la introspección al respecto.
"¿Cómo podemos mejorar nuestra relación con el entorno, con la naturaleza, si tratamos tan mal a los animales?", se pregunta Marcellesi, eurodiputado por Los Verdes entre 2016 y 2019, coportavoz de Verdes Equo entre 2020 y 2024 y experto y consultor en transición ecológica y justa.
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"Tenemos unos dichos y unas expresiones que reflejan esta relación desequilibrada que tenemos los humanos con el resto de seres vivos", añade.
Con esta premisa trata de incitar al lector a cuestionar esas frases que, para él, toleran y perpetúan el maltrato animal verbal.
"Solemos decir 'matar dos pájaros de un tiro', cuando realmente yo creo que podríamos decir 'cuidar a dos pájaros de una tirita'", insiste.
El lenguaje es el reflejo del mundo, defiende, y por eso puede ser un arma de doble filo.
"Utilizamos a los animales también para deshumanizar a otros humanos. Lo vemos todos los días. (El presidente estadounidense, Donald) Trump compara a los migrantes con animales, lo que permite que se puedan 'capturar o cazar' como están haciendo", explica.
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"Y muchos ministros en Israel están animalizando a los palestinos, lo cual permite luego tratarles como cucarachas o ratas", añade.
No es una cuestión exclusiva del castellano, matiza, pues todos los idiomas occidentales pecan de lo mismo: "Me he centrado en el castellano porque es el idioma en el que yo trabajo, pienso y hago política".
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Un lenguaje "animalizante" puede utilizarse, además, como herramienta machista, racista y homófoba.
"Quiero hacer lo mismo que el feminismo en los últimos 20 años cambiando sesgos, pues tampoco podemos tener un idioma que reproduce sesgos que odian al resto de animales", destaca.
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Práctica que existe desde el esclavismo, donde eran "animales, bestias y bichos y se les podía tratar como tal", y que llega ahora a la violencia de género.
"Los hombres maltratan a las mujeres a través del lenguaje animalizando su aspecto físico: vacas, ballenas... O con los comentarios sexistas de que 'son más putas que gallinas'", puntualiza.
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Lo mismo sucede con personas racializadas: "Basta con ir a un estadio de fútbol para ver cómo se utiliza la palabra 'mono' para referirse a jugadores racializados".
Y con personas LGTBI, pues "hay muchísimas palabras que son relativas a animales para denigrar al colectivo".
"Podemos mejorar muchísimo porque no solamente es una cosa de cómo tratamos mal a los animales, sino de cómo nos tratamos mal a nosotros usando a otros animales", considera.
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Un ejemplo muy claro fue el holocausto judío: "los nazis lo que hicieron fue utilizar las palabras básicas para denigrar: ratas, piojos, cucarachas... y luego cogieron como ejemplo el 'fordismo' para aplicarlo a la eliminación de los judíos que previamente habían animalizado", en referencia a la producción en serie automovilística creada por el estadonidense Henry Ford y el genocidio masivo del III Reich .
A los animales se les otorga en el lenguaje, la mayoría de las veces, los peores rasgos físicos y psicológicos, son malvados, son tontos, son sucios, comenta Marcellesi
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Y defiende que son rasgos negativos "en contra totalmente de la ciencia"
"El cerdo es todo menos un animal sucio. Si es tan sucio hoy en día es por su sobreexplotación en macrogranjas donde ni se pueden mover. El dicho correcto tendría que ser 'sucio como cerdo maltratado'", manifiesta.
Lo llamativo para el autor es el uso de esa negatividad cuando pueden existir "dichos muy positivos".
"Los pájaros tienen muchas más neuronas en comparación con los seres humanos. Entonces podríamos decir 'listo como un pájaro'", expone.
El objetivo de Marcellesi con su obra es iniciar la reflexión, porque puede invitar al cambio.
"Siendo conscientes quizá podamos hacer un esfuerzo para cambiar algunas cosas, por lo menos lo más evidente. En vez de decir 'ser un gallina' podemos decir ser un cobarde", propone.
"'Fueron felices y comieron perdices' se puede decir 'fueron felices y cuidaron perdices'. Yo doy pistas, no pretendo en absoluto con un libro cambiar la lengua castellana", añade.
Su idea es la de "impulsar un cambio colectivo después de una toma de conciencia e ir proponiendo alternativas para que poco a poco tengamos un lenguaje mucho más respetuoso del resto de los seres vivos".
Un cambio en el lenguaje puede "cambiar la forma de ver el mundo" y "creo que estamos yendo por buen camino": "hay una sensibilidad muy alta en la población española, con lo cual creo que esto puede avanzar mucho más rápido de lo que pensamos". EFE
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