La contratación de la ex de Ábalos en empresas públicas fue "enchufismo" y se facilitó que no trabajara, según el TS

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El Tribunal Supremo (TS) enmarca en "prácticas de enchufismo" la contratación de Jéssica Rodríguez, exnovia del exministro de Transportes José Luis Ábalos, en las empresas públicas Ineco y Tragsatec, de las que, según el alto tribunal, cobró 43.950 euros sin ir a trabajar, todo ello después de que Ábalos "activara" su contratación y "facilitara" la "interesada cobertura" para "eludir los controles del desarrollo efectivo de su trabajo".

Así lo señala en la primera sentencia del 'caso mascarillas', que ha condenado a 24 años de prisión a Ábalos, a 19 años a su exasesor, Koldo García, y a cuatro años y medio al empresario y presunto conseguidor de la trama, Víctor de Aldama, que no llegará a pisar la cárcel por su "aportación realizada al descubrimiento de los delitos".

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El alto tribunal ve probado que Ábalos "activó los mecanismos influyentes para la contratación" de su exnovia y "dispuso de las condiciones para que esta no fuera a trabajar durante todo el desarrollo del plan criminal". Además, "facilitó a la interesada cobertura para eludir o neutralizar los controles del desarrollo efectivo de su trabajo" y "colaboró en la confección falsaria de partes de asistencia", según la sentencia.

La resolución expone, asimismo, que el exministro "transmitió indicaciones para que no se molestara a Jéssica Rodríguez pidiéndole explicaciones sobre el trabajo desarrollado" durante el tiempo que estuvo contratada, primero en Ineco y luego en Tragsatec.

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La misión de conseguir trabajo a Jéssica en la mencionada empresa pública fue ejecutada por Koldo García, quien "se encargó de desarrollar todo un conjunto de acciones tendentes a procurar" que la entonces pareja del exministro pudiera "no ir a trabajar" y "sortear" los "controles laborales" por parte de los responsables de las empresas contratantes, de acuerdo a la sentencia.

Unos hechos que, junto a la contratación de Claudia Montes, amiga del exministro, en la empresa pública Logirail, el alto tribunal vincula con "prácticas de enchufismo en la contratación pública, impuestas a partir de la presión que permite al funcionario su particular posición de prevalimiento".

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