Guillermo Cabellos
Barcelona, 18 jun (EFE).- Durante dos días, la Llotja de Mar, sede de la Cámara de Comercio de Barcelona y centro histórico de los negocios en la ciudad, se convierte en una gran nave del arte digital futuro gracias a Sónar+D, la sección del festival Sónar centrada en la creación contemporánea, por primera vez desvinculada físicamente de la programación musical de Fira Gran Via.
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Su directora, Andrea Faroppa, ve esta 14.ª edición de Sónar+D como "el encuentro más singular entre cultura y tecnología", un espacio en el que pretenden demostrar que "la tecnología no es un lujo que esté únicamente en Silicon Valley", sino que "también es cultura".
Para ello, a lo largo del jueves 18 y el viernes 19 de junio, la Llotja de Mar se transforma en el centro neurálgico de la creación digital, un espacio en el que convive el pasado burgués de la ciudad con un futuro marcado por la inteligencia artificial y la corporalidad de los algoritmos.
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De hecho, hablar de IA en el Sónar queda casi como algo extemporáneo, ya que la investigadora Irma Vilà, que ha guiado hoy a los periodistas por las entrañas del proyecto, ha recordado que el festival lleva más de una década hablando de inteligencia artificial y que ahora acoge a "artistas que trabajan con las nuevas tecnologías y sus usos".
Este es el caso de la artista catalana Eneritz Tejada, quien esta misma tarde ofrecerá una conferencia sobre la "conexión con las máquinas" y "cómo podemos expandir las capacidades físicas a través de la tecnología".
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Su proyecto, 'Human Learning', parte de la investigación de la relación entre el cuerpo y la tecnología, lo que en última instancia se traduce en la instalación de unos 'wearables' en el cuerpo de un bailarín que generan música en tiempo real a través del movimiento.
No es la única, ya que, por ejemplo, 'Mirror into Auntieverse', la instalación de la artista singapurense niceaunties, que se puede ver en una de las esquinas del patio de la Llotja, explora la relación entre el cuerpo, la tecnología y la memoria cultural a través de un espejo Napoleón III del siglo XIX que incorpora captura de movimiento y renderizado en tiempo real.
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A su vez, el estudio belga Superbe llega a Barcelona con 'from0', un aparato que toma la voz del visitante y la reproduce a través de unos péndulos que la distorsionan hasta generar algo que vagamente puede recordar a la música electrónica.
Más allá de proyectos y performances, lo más sorprendente de este nuevo Sónar+D es su sede, ya que por primera vez se ha desvinculado físicamente de Sónar y su cartel musical.
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Hasta ahora, este encuentro creativo tenía lugar en la Fira de Montjuïc, en el mismo recinto en el que sucedían parte de los conciertos, pero ahora que la programación de Día y Noche se ha mudado a Fira Gran Via de L’Hospitalet, Sónar+D se ha independizado en el centro de Barcelona.
Si la anterior feria de congresos brindaba una sensación aséptica, este nuevo emplazamiento genera unos lazos totalmente inesperados y anacrónicos que explican muy bien el espíritu del festival.
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Así, el Salón Dorado, sala de dos pisos forrada en tela granate, molduras de oro y cinco grandes lámparas de araña, da cobijo a una decena de instalaciones, pantallas y cachivaches que se mueven con la mirada del espectador, como 'Receipts', una advertencia de los peligros de internet, 'Softly Sounds Matter', instalación que permite escuchar la naturaleza, o 'Linaje Recursivo', proyecto que nos invita a avanzar hacia nuestros vestigios digitales. EFE
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(foto)(vídeo)
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