De Kissinger a Trump y del Cosmos a Messi; el largo camino del 'soccer' en EEUU

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Andrés Sánchez Braun

Washington, 7 jun (EFE).- De los esfuerzos del exsecretario de Estado Henry Kissinger, por traer grandes estrellas del fútbol y el Mundial a EE.UU. a los golpes de pecho del presidente Donald Trump por organizar el torneo de selecciones que arranca el 11 de junio hay un largo camino que pasa por la fundación de dos ligas nacionales, la fugaz presencia de Pelé o la pasión incondicional de las comunidades latinas en el país.

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Tras los grandes datos de audiencia que cosechó el Mundial de 1966, un grupo de inversores se atrevió a explorar el potencial inexplorado del fútbol en EE.UU. fundando la North American Soccer League (NASL).

Tras un inicio titubeante, el proyecto para atraer estrellas a la NASL empezó a apuntalarse con la creación en 1970 del Cosmos de Nueva York, club fundado para que la capital financiera y mediática del mundo tuviera también un equipo de alcance global.

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Ahí entra en escena el entonces secretario de Estado Henry Kissinger, obseso del fútbol desde su infancia en Baviera que logró en 1975 que el Cosmos fichara a Pelé tras llamar a su homólogo brasileño y asegurarle que el tránsfer del astro del Santos mejoraría las relaciones entre el Gobierno de Gerald Ford y la dictadura militar de Ernesto Geisel.

Otros nombres rutilantes como Franz Beckenbauer, Carlos Alberto o Giorgio Chinaglia atterizaron en Nueva York y se unieron a un proyecto en el que Kissinger, ya alejado de la primera línea diplomática, siguió ejerciendo de lobbista, facilitando fichajes y usando su influencia para abrir puertas en la FIFA.

En 1982 Kissinger anunció a bombo y platillo la necesidad de que EE.UU. organizara por primera vez en su historia un Mundial. Meses después, Colombia se declararía incapaz de acoger la edición del torneo de 1986 y el país norteamericano presentaría una candidatura exprés que no prosperó al resultar México elegido.

Aquel fracaso, unido a la mala salud financiera de la competición, llevó a la NASL a cerrar en 1984.

Pero el sueño de Kissinger se cumpliría cuatro años después cuando la FIFA, tras imponer la exigencia de que el país debía crear una nueva liga profesional, escogió a EE.UU. para organizar el Mundial de 1994.

Pese a las dudas sobre el campeonato en un país que había vivido un idilio demasiado corto con el deporte rey y su desaparecida NASL, aquella Copa del Mundo resultó un éxito rotundo, batiendo el récord histórico con una asistencia total a los estadios que superó los 3,5 millones de aficionados y un promedio de 69.000 asistentes por partido.

Pero ni eso lograr disipar cierto escepticismo con respecto al éxito del nuevo torneo nacional, la Major League Soccer (MLS), cuya primera temporada arrancó en 1996.

Tras un primer lustro de escaso éxito y estrecheces financieras, la actuación de EE.UU. en el Mundial de 2002, en el que alcanzó los cuartos dejando a Portugal o México en la cuneta, coincidió con un resurgir de la liga doméstica.

Entre tanto, el fútbol base empieza a crecer, mientras el éxito de la selección femenina estadounidense, con un segundo Mundial ganado en 1999 en suelo nacional, contribuye a seguir popularizando el balompié entre la población.

A partir de los 2000, la demografía hace el resto. El crecimiento de la población latina, que para final de la década ya alcanza el 17 % del total nacional, convierte al fútbol en elemento identitario de barrios enteros en ciudades como Los Ángeles, Houston, Miami o Nueva York.

La popularidad de la MLS sigue creciendo al compás de la llegada de estrellas como David Beckham,

Robbie Keane, Thierry Henry, David Villa o Kaká y pese consolidarse como una “liga de retiro” para futbolistas que han triunfado en Europa, la competición también comienza a exportar talento al viejo continente, con nombres como Damarcus Beasley, Clint Dempsey o Jozy Altidore.

En ese contexto vuelve a irrumpir la figura de Beckham, que, ya retirado, lidera un grupo de inversores que obtiene una franquicia en Miami en 2018, el mismo año en el que la FIFA elige la candidatura conjunta de EE.UU., México y Canadá para organizar el Mundial de 2026.

El Inter Miami debuta en 2020 y tres años después da un golpe sobre la mesa al fichar al mejor futbolista del mundo, Lionel Messi. Al astro argentino le seguirán Luis Suárez, Jordi Alba, Sergio Busquets y Rodrigo De Paul, afianzando al club como un heredero del Cosmos, pero en una MLS mucho más sólida y estructurada.

Dos años después, el club ya tiene su primera su primera liga, agota abonos y es la franquicia más valiosa del país y la cara visible del nuevo boom del "soccer".

Mientras, Trump saca pecho de un Mundial, el más grande de la historia, cuya concesión se logró en su primer mandato y que se celebrará durante su segundo lapso en el poder e incluso ha dicho que debería sustituirse el término "soccer" por "fútbol" en EE.UU. y buscarle otro nombre al fútbol americano. EFE

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