São Paulo (Brasil), 7 jun (EFE).- A menos de una semana de la llegada de la Copa del Mundo, algunas calles de Brasil se transformaron en un lienzo colectivo, con banderas 'verdeamarelas' gigantes pintadas sobre el asfalto y las fachadas de las casas.
Esta movida, que en algunos barrios tiene casi cuatro décadas de vigencia, ya dejó de ser una simple ornamentación para transformarse en una tradición vecinal que une a distintas generaciones.
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Como en el caso de São Paulo, en cuya periferia se respira una brisa mundialista mientras que el centro neurálgico aún se muestra más esquivo e indiferente a la fiebre del torneo.
En Osasco, a unos 20 kilómetros de la capital, se planifica con un mes de anticipación para convocar a vecinos, recaudar fondos y tramitar los permisos de la alcaldía para cerrar la calle.
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Gustavo Paiola, un ingeniero civil de 39 años, cuenta a EFE que este año el costo estimado en pintura era de casi 5.000 reales (unos 950 dólares) pero que, gracias al descuento en la tienda de un amigo, la cuenta final cerró en 1.000 reales menos, valor dividido entre las aproximadamente 66 casas de la calle.
El día elegido para pintar, los organizadores despiertan a los moradores a las 6:30 de la mañana con música a todo volumen.
Un grupo de vecinos se distribuye las tareas en una sola jornada, aplicando primero el color verde, seguido del amarillo y el azul conforme se va secando el asfalto.
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Aunque la tradición en su calle nació en 1982 con dibujos de artistas locales, desde 1986 adoptaron el formato de pintar banderas gigantes a lo largo de toda la calle.
“Día de Copa es día de fiesta”, dice Paiola, quien cuenta, que, en día de partido, algunos sacan los televisores a la calle, hacen asado y los niños improvisan partidos de fútbol en el asfalto.
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Tereza Lazarinho, de 65 años, es una de las fundadoras de la tradición, que comenzó como una divertida disputa decorativa con un vecino, y hoy celebra la continuidad del legado en manos de los más jóvenes.
"Hoy las personas están más introspectivas, cada uno en su ‘mundillo’, con su celular. Pero esto es lindo, porque todavía une a las personas y nos permite conocer a los nuevos residentes de la calle", exclamó.
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En Río de Janeiro, una escalera escondida en una calle del centro despliega los colores de la bandera en cada escalón y se convirtió en el fondo perfecto de las fotos de turistas y locales.
Noemí y Carolina, de 27 y 32 años, ambas funcionarias del estado de São Paulo que viajaron a la ciudad para participar en el Maratón de Río, vieron la escalera y pararon a tomarse una foto.
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"Si Dios quiere, va a salir todo bien” en este Mundial, cree Noemí.
En Río, esta tradición también nació en la década del 80, cuenta a EFE Vera Lúcia, familiar de quien plasmó la bandera en la escalera por primera vez.
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En la década de los 80, “se ornamentaba toda la calle y generalmente se pintaba un escalón de cada color”, y cuenta que, en 1998, fue su hermana mayor quien tuvo la idea de pintar la bandera de Brasil en la escalera.
Desde aquel Mundial de Francia, su hermana no ha fallado a la cita y cada cuatro años renueva la pintura y añade siempre algún nuevo detalle.
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En Manaos, capital del estado de Amazonas, al norte del país, miles de cintas y flecos plásticos de colores cubren completamente el cielo de la calle, formando las banderas de Brasil, y de Estados Unidos, México y Canadá, los anfitriones.
En este caso, los locales han elegido retratar a Endrick, “el 9 del Hexa”, según el mural situado en la calle 3, del barrio humilde de la Alvorada, convocado por primera vez al equipo nacional, y a Neymar haciendo su clásico gesto de festejo de gol, con las manos en las orejas y la lengua afuera. EFE
(foto) (vídeo)
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