Cristina Lladó
Madrid, 4 jun (EFE).- El fotógrafo dominicano Alejandro Cartagena presenta ‘Ground Rules’, reglas del juego, una gran exposición en la que condensa 21 años de trabajo que explora desde Monterrey (México) el significado de la frontera, la explosión urbanística, el deterioro medioambiental y los efectos reales de las decisiones políticas.
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Y, por encima de todo, el ser humano: “¿qué significa ser migrante en América; quiénes somos como seres humanos, nuestras identidades, nuestra cultura, nuestras costumbres?”, explica en conversación con EFE antes de la inauguración.
Organizada por la Fundación Mapfre y el San Francisco Museum of Modern Art con motivo de la 29ª edición de PhotoEspaña, la exposición, que se podrá ver hasta el 30 de agosto, reúne alguno de sus proyectos más conocidos.
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Como los retratos de ‘Suburbia Mexicana’ en las que explora la realidad de la vida a las afueras de una megalópolis mexicana; la serie ‘Carpoolers’, compuesta de decenas de imágenes de camionetas en las que los obreros se desplazan camino del trabajo, o la trilogía sobre la frontera con Estados Unidos.
Son cientos de rostros humanos que sobreviven cansados y resignados a la desigualdad, el esfuerzo diario y los cambios consecuencia del Tratado de Libre Comercio con EE.UU. que provocó un crecimiento desmesurado y repentino de la ciudad de Monterrey y la falta de planificación urbana y el consiguiente “desastre” tanto humano como medioambiental, explica.
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“La frontera, es un lugar muy complicado. Tiene la constante presión de la influencia norteamericana, el idealismo americano, en cómo se construye la ciudad, cómo la gente se comporta, lo que se compra, lo que se vende y eso tiene consecuencias en muchas cosas de la frontera mexicana”, explica.
De ahí que sus proyectos sean “diferentes maneras de pensar cómo va a ser visible eso; desde cómo se construye la casa, cómo la gente viaja alrededor de la frontera y cómo se ve esa frontera”, y que presente “historias alternativas de lo que es México, historias que no se van a contar y que yo elijo ver”, señala.
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Nacido en 1971 en República Dominicana y criado desde los 13 años en México, Cartagena cuestiona su propia identidad y la necesidad de adaptarse a una nueva cultura, una nueva forma de vida como migrante en la frontera más radical de todo el continente.
“Hay un cambio de costumbres, hay un cambio de cultura, del idioma, a pesar de que hablamos en español en Dominicana y en México eran otros españoles. Entonces, con la cámara fotográfica me permitía tomar un momento y reflexionar en quién era y en quién me estaba convirtiendo”, señala sobre sus primeras series.
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La serie ‘Carpoolers’, que es cómo se llama a quienes comparten vehículos privados para ir al trabajo, un proyecto que nace porque su abuelo “era un albañil y yo lo veía desde chiquito ir a trabajar de esta manera. Llegaban sus colegas, se subían en la parte de atrás de su Ford 150 y yo veía esta actividad de personas de la construcción trabajando y transportándose de esa manera”.
En un segundo nivel, este proyecto habla de cómo la fotografía crea significados.
“Me puse una regla, voy a ir al mismo lugar a la misma hora y voy a hacer la misma foto por un año de repente empieza a haber un significado, no por que soy yo un buen fotógrafo, sino porque hay un fenómeno social” que la cámara capta.
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“Cuando ves 50, ves 100, te das cuenta de que esto es un fenómeno, esto es no es mi ocurrencia de que de repente tomé una buena foto, no. Esto es algo que le pasa a un país por falta de planeación urbana, falta de recursos para buen transporte público”, explica.
El proyecto también es “sumamente humano. Habla acerca de la resiliencia del ser humano para hacer lo que se necesite para sobrevivir, para llevar el pan de todos los días a su casa, a pesar de que están en un lugar muy vulnerable. Ahí pasa un accidente y mueren todos. Entonces hay una determinación de lograr vivir y sobrevivir en Latinoamérica”.
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La frontera está representada por sendas fotos de una madre y una hija que se reúnen a través de la tupida verja de la frontera, una desde Estados Unidos la otra desde México.
“Estos dos retratos me conmueven cada vez que los veo, porque ahí vemos la función de una frontera, es desdibujarte, no eres nadie, te vuelves un fantasma de un lado o de otro lado, no nos podemos ver como seres humanos, simplemente como fantasmas”.
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Y ahí “deshumaniza y logra su objetivo de separarnos y de vernos como personas diferentes como culturas diferentes”, dice. EFE
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