El corazón blanquiazul de A Coruña late con locura al ritmo del ascenso

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Miguel Álvarez

A Coruña, 31 may (EFE).- El corazón blanquiazul de A Coruña ha latido este domingo con locura al ritmo del ascenso del Deportivo a Primera División.

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Hicieron falta dos años para recuperar la felicidad, pues el último ascenso del Deportivo fue en mayo de 2024, a Segunda División, y ahora, con mucho trabajo y esfuerzo, vuelve a Primera, una categoría que había abandonado hacía ocho años.

La fiesta empezó ya por la mañana, con una quedada en la calle San Juan, con música en directo, y las míticas hormigoneras blanquiazules que aparecen en las grandes ocasiones.

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Unas 15.000 personas abarrotaron el Campo da Leña para salir en procesión hacia el estadio de Riazor, en un recorrido por toda la ciudad, hasta recibir al autobús del Deportivo, jaleado hasta la extenuación y acompañado por un dispositivo de seguridad con más de 500 personas.

El ambiente fuera y dentro del estadio fue imponente, con una tarde cálida, las playas llenas, la zona para aficionados a reventar y el campo sin una localidad libre.

Todo aderezado por leyendas del deportivismo que acudieron al partido y se fotografiaron con los aficionados antes de entrar a un campo, con casi 30.000 personas en el interior, que dio su mayor ovación antes de empezar a Nsongo Bil, el bigoleador de la semana pasada en Valladolid, cuando se certificó el ascenso matemático.

Un 'tifo' con el mensaje 'El destino baraja las cartas, nosotros las jugamos' e imágenes de históricos como Manuel Pablo o Fernando Vázquez dieron inicio al partido al grito de "A Primera, nos vamos a Primera".

La afición no dejó de creer, a pesar de ver a su equipo por detrás desde el principio, con el mensaje "Sí, se puede" e incluso la ola en las gradas en la segunda parte.

Ya en la recta final, con el equipo por detrás, empezaron los cánticos de "Que bote Riazor" y "Nos vamos a Primera".

Y la fiesta se extendió al sector de la afición visitante, que se veía ya en la fase de ascenso: "Sí, sí, sí, vamos a subir", corearon los seguidores de la Unión Deportiva Las Palmas.

Con el pitido final empezó la invasión de campo, primero tímida y luego ya desatada, con los accesos abiertos, los jugadores rodeados y una bengala encendida.

Fue necesaria la advertencia de que se cancelaría la celebración en Riazor si el público no abandonaba el césped para poder empezar a montar el escenario y que empezase la fiesta oficial una hora después del partido.

El público entonó el nombre de Yeremay por encima de los demás y el club organizó un recibimiento especial para los jugadores que llevan en el Deportivo desde la etapa en la tercera categoría del fútbol español hasta ahora, con el ascenso a la primera: David Mella, Eric Puerto, Dani Barcia, Germán Parreño, José Ángel Jurado, Ximo Navarro, Yeremay y Diego Villares.

"Ximo quédate" se escuchó en las gradas antes de que el capitán, Diego Villares diese las gracias a todos los que acompañaron al equipo "en este camino", incluso en los años "en el barro", pues los que siempre apoyaron "lo merecen más que nadie".

La sorpresa llegó con la salida al campo de ItaloBrothers, la banda alemana encargada de encender al público, al ritmo de 'Stamp on the ground' y con fuegos artificiales en Riazor.

Antes de abandonar el estadio, el equipo dio la vuelta de honor para agradecer a la afición, enfervorizada, su confianza.

Ya de noche, pasadas las 23 horas, el equipo se subió al autobús para ir al lugar mítico de las celebraciones deportivistas: la fuente de Cuatro Caminos.

Hasta allí siguió al autobús un grupo de jóvenes al trote, durante casi media hora, hasta que llegaron a la fuente mientras sonaba 'Sarà perché ti amo', de Ricchi e Poveri.

Allí siguió la fiesta de una noche mágica, con los jugadores ante el público que no pudo acudir a Riazor y también con el que quiso la doble celebración después de haber estado en el estadio.

David Mella fue el primero en coger el micrófono, pedir a todos que se abrazaron y empezar los cánticos de una noche eterna.

Un día infinito blanquiazul que se hizo esperar y que demostró que, con perseverancia, llega el final feliz. EFE

(foto)

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