El principal acusado de la muerte de Lukas Agirre dijo en comisaría que lo había matado, pero ahora lo niega

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El principal acusado de la muerte del joven hernaniarra Lukas Agirre, tras recibir dos navajazos cuando tenía 24 años el día de Navidad de 2022 en las inmediaciones de una discoteca de San Sebastián, confesó cuando se entregó en la comisaría de la Ertzaintza que "se le había ido la olla" y que "había matado a alguien", pero ahora rechaza autoinculparse y su defensa pide su absolución.

Este lunes han comenzado la declaración de los testigos en el juicio por la muerte de Lukas Agirre tras la lectura de los escritos de las partes y su presentación oral ante el jurado popular, que se desarrolla en la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Gipuzkoa contra dos varones, uno acusado de asestar los navajazos y otro el presunto dueño de la navaja, como colaborador necesario del crimen, y una mujer acusada de encubrirlos.

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Para los dos primeros la Fiscalía solicita 22 años de prisión, mientras que las dos acusaciones particulares 25, y para la tercera tres años el Ministerio fiscal y dos las acusaciones particulares. En el momento de los hechos tenían 24, 26 y 28 años, respectivamente.

Las defensas han insistido en la "inocencia" de sus representados. Según han relatado, los dos acusados principales cenaron aquella Nochebuena con sus familias y consumieron alcohol y sustancias estupefacientes durante toda la noche.

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Además, reconocen que a la salida de la discoteca hubo una pelea entre dos grupos de amigos y, de hecho, cuando sucedieron los hechos a uno de ellos, presunto dueño de la navaja (su letrado niega que fuera propietario del arma homicida), "le estaban dando una paliza". A este acusado, al que se considera "colaborador necesario", su defensa se ha referido como "politoxicómano" y con "doble patología" mental, al tiempo que ha señalado que lleva en centros de desintoxicación "desde que era menor de edad".

Asimismo, ha pedido al jurado que "se alejen de lo que fuera y razonen desde el origen, no desde un final", porque "tienen la justicia en sus manos" y su representado "ni es titular de la navaja, ni la entregó a nadie". Por su parte, la defensa del principal acusado ha destacado que "nadie vio la agresión" y ha apelado a la presunción de inocencia.

"Nadie discute que hubo una pelea entre dos grupos", ha reconocido, a la vez que ha negado la participación de su representado en la muerte de Agirre, aunque en su declaración en comisaría, a donde acudió con su madre, se autoinculpó. Este letrado ha pedido al jurado popular que sean "permeables" y así "igual llegan a una conclusión que no es ni convencional".

Por su parte, la defensa de la mujer acusada ha destacado que ésta tuvo "actitud conciliadora entre las partes en todo momento" y "desconocía los hechos", porque "no estuvo presente". Según ha sostenido, "ella no sabía nada, no era consciente de lo que había sucedido y se va a demostrar su inocencia a través de las pruebas".

El fiscal, Jorge Bermúdez, y los abogados de las acusaciones particulares han sostenido que los tres procesados "son culpables", ya que "hay indicios que van a llevar a que exista una probabilidad que raya la certeza" sobre su participación en este presunto crimen.

El abogado de la acusación particular que ejerce la madre y hermanos de Agirre ha mostrado al jurado tres fotografías del lugar de los hechos, la navaja de más de 11 centímetros de filo y la cazadora con una calavera de brillantes que llevaba uno de los acusados, en uno de cuyos bolsillos presuntamente llevaba la navaja que luego le habría pasado al otro, que sería el que cometió la agresión. Además, ha destacado la "brutal violencia" de los dos navajazos que recibió la víctima, en el costado izquierdo y el cuello.

"FAMILIA ROTA"

Por su parte, la letrada que ejerce la acusación particular del padre de Agirre ha señalado que no acusan "por acusar" y este caso es "muy serio", porque "este muerto no falleció de cualquier manera", detallando que la víctima mortal presentaba un corte de 16,5 centímetros en el cuello y otro de 5,6 centímetros en un pulmón.

Además, ha pedido al jurado que ponga "atención", porque "hay mucha prueba" y llevan "años trabajando preparando este juicio" en el que ha asegurado que van a convertir "los indicios" en "prueba", que espera les lleve "a la convicción de que estas tres personas hicieron lo que hicieron y tienen que cumplir su responsabilidad", aunque está claro que "nada va a devolver a Lukas a su familia, rota".

El primer testigo en declarar ha sido el agente de la Ertzaintza instructor jefe que ha explicado que, cuando acordonaron la zona de la plaza Okendo donde murió Agirre y recabaron los primeros testimonios, tuvo lugar el "hallazgo clave" de una zapatilla "muy cerca" del cuerpo de la víctima. Después averiguarían que esta zapatilla era del principal acusado, al que al parecer, tras perderla, el otro acusado le dio una de las suyas que luego apareció con el resto de la ropa del primero en un contenedor próximo a su casa.

En cuanto a la navaja, se encontró en un contenedor cerca del lugar de los hechos. Además, ha explicado que tras su detención el principal acusado se mostraba "nervioso", la acusada "tranquila" y el otro acusado "con media sonrisa, un poco retador, con cierta soberbia". También ha relatado que varios testigos trasladaron a los agentes que antes de la muerte de Agirre el presunto dueño de la navaja se metió varias veces la mano en el bolsillo de su cazadora "en actitud intimidatoria", tras lo cual sacó una navaja que le habría dado al principal acusado.

También ha indicado que tras intentar localizar a éste, los agentes hablaron por teléfono con su madre, que les dijo que ella misma le acompañaría a comisaría y una vez allí el principal acusado dijo que "había matado a una persona" y que el otro acusado "tendría más información sobre dónde estaba el arma".

Por otro lado, ha señalado que tras identificar a la mujer y al segundo acusado, fueron detenidos aproximadamente una hora después de los hechos en la calle Fuenterrabía, gracias a la descripción que les dieron varias personas que se encontraban en la plaza Okendo cuando murió Agirre poco después de recibir los navajazos, ya que cuando llegaron los sanitarios "no pudieron hacer nada más que certificar su muerte", quienes también les refirieron el nombre del principal acusado.

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