Mohamed El Morabet lleva a ‘Ecos en la nieve’ a una víctima de violencia, “no una heroína”

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Fermín Cabanillas

Sevilla, 18 abr (EFE).- El escritor marroquí afincado en España Mohamed El Morabet cuenta en su última novela, ‘Ecos en la nieve’, la historia de una mujer que se recluye en una cabaña para dar a luz, con un trasfondo en el que denuncia la discriminación y la violencia hacia la mujer “en cualquier lugar del mundo”.

En una entrevista con EFE antes de presentar su obra en la sede de la Fundación Tres Culturas, en Sevilla, Mohamed El Morabet describe a la protagonista como una víctima de la violencia, "no una heroína", para dejar claro que este punto es importante, no es algo improvisado.

Así, no identificar con un nombre a la mujer y no ubicarla en ningún lugar o país identificables fue “una decisión tomada muy al principio, con la idea clara de no llevarla a un lugar concreto”, de forma que, incluso “antes de empezar a escribir”, ya tenía claro esa parte del trabajo final.

Luego llegó la segunda parte de la idea, situar a la mujer “en una montaña poco habitada, pero sin decir explícitamente dónde está”, y aunque el público que conozca su obra tiende a ubicarla en algún lugar recóndito de Marruecos, el sitio exacto es aleatorio: “Está en mi cabeza, obviamente, y en la cabeza de los lectores”, apostilla.

‘Ecos en la nieve’ (Galaxia Gutenberg) es la tercera novela del autor de ‘Tras un solar abandonado’ y ‘El invierno de los jilgueros’ (obra ganadora del Premio Málaga de Novela), y en ella se adentra en la vida de una joven embarazada que huye de su hogar y se refugia en una choza abandonada, una historia sin nombres sobre la soledad y la opresión donde la naturaleza se convierte en coprotagonista.

Mohamed El Morabet la concibe como “una reivindicación de los derechos de la mujer y de la libertad en cualquier lugar del mundo”, y asegura que le gustaría “que se leyese así”, pero yendo un paso más adelante tras cerrar sus páginas, porque “es una historia de denuncia, sobre la violencia, pero más allá de eso, es un poco sobre el amor, un poco sobre la nostalgia o un poco sobre el futuro”.

En sus páginas “hay visos de esperanza” y, sobre todo, hay una idea fundamental para él, que es “no convertir a la protagonista en heroína o protagonista”. La define como “víctima de violencia”, y durante el proceso creativo no quiso dar ningún paso en falso “para que se interprete como una gran heroína que se redime o que se levanta como el Ave Fénix” porque “es una mujer que ha sufrido violencia, y esa violencia la hunde”.

Y todo ello en un libro en el que la naturaleza “es agente activo y condicionante”, el único interlocutor directo que tiene la mujer, hasta tal punto, sin desvelar el contenido de sus páginas, que “hay un elemento relacionado con el agua que es decisivo en el devenir de la historia”.

El autor sí admite que la novela es un punto y seguido en la labor que los hombres tienen en la defensa de la igualdad, y subraya que ya era “feminista antes de ser escritor”, de modo que lo que ahora se puede leer “ha sido un ejercicio de ordenar sus ideas sobre sus miedos”, y su propia sensibilidad la intenta transmitir “a la sensibilidad crítica, pero también a la casi ambiental que vivimos”.

Lo afirma en un punto de su vida en el que ha tomado una decisión: “Cuando me señalan algo, en vez de enfadarme, me lo cuestiono y me lo replanteo, y eso acaba permeando mi forma de escribir”. EFE

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