Dos biografías gráficas sientan a Louis Vuitton e Yves Saint Laurent en el "front row"

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Sergio Andreu

Barcelona, 12 abr (EFE).- Aunque habitaron épocas distintas y vivieron en mundos opuestos, Louis Vuitton e Yves Saint Laurent son dos "nombres marca" instalados desde hace décadas en el exclusivo coto del "chic francés", dos creadores visionarios que ahora se citan en las librerías con sendas biografías ilustradas sobre su figura y legado.

La guionista Loo Hui Phang ('El olor de los muchachos voraces'), nacida en Laos y crecida en Normandía, y el dibujante francés Benjamin Bachelier ('El Gran Gatsby') están detrás de 'La revolución Yves Saint Laurent. La historia del esmoquin' (Lunwerg), una novela gráfica en la que acompañan al diseñador a largo de una jornada en el Nueva York de 1967, cuando estaba en lo más alto de su carrera.

Saint Laurent acababa de lanzar 'Le Smoking", el primero diseñado para mujeres, una osadía revolucionaria que removió los cimientos de la moda porque liberaba al cuerpo femenino del rigor de ciertas obligaciones y esclavitudes, más sociales que estéticas.

La obra de Hui Phang y Bachelier no es una biografía al uso, aunque define perfectamente el perfil a contracorriente con el que el creador, nacido en Orán en 1936 y formado en Maison Dior -antes de abrir casa propia en 1961- guió su carrera hasta fallecer en 2008, convertido en icono de la moda, tanto por sus piezas de alta costura como por su línea más "democrática" de 'prêt a porter' (Rive Gauche).

En un Nueva York irreal, de acuarela, Saint Laurent, acompañado por su amiga y musa, la modelo Betty Catroux, que llega a la cita despeinada y con gafas de sol oscuras tras una noche de fiesta, vestida con el esmoquin negro, se topan con que no les dejan entrar en ningún restaurante de lujo, porque ella lleva pantalones, una transgresión para los aún férreos códigos de vestimenta de la época.

Ese "veto" sirve de excusa para que Saint Laurent y Catroux inicien una irónica y didáctica charla sobre los orígenes del pantalón -nacido como prenda humilde de trabajo, o para montar a caballo- que poco a poco se fue convirtiendo en un elemento de estatus y, sobre todo, de género, coto de hombres, prohibido a las mujeres y contrario a todo lo que "el estilo" consideraba femenino.

"Negarles el pantalón a las mujeres es privarlas del mismo estatus y las mismas funciones que los hombres", le dice en un momento a su amiga el diseñador, quien también apostó por incluir bolsillos en sus creaciones, para que ellas, como los varones, pudieran meter allí las manos y mostrar en público seguridad y desenvoltura, alejadas del encorsetado y frágil papel que la moda les había asignado.

La charla por las calles de la gran manzana entre Saint Laurent y Catroux, donde se cruzan con las primeras movilizaciones feministas, sirve de licencia a los autores para incluir en la trama a nombres famosos, algunos contemporáneos, como Andy Warhol y demás miembros de la "troupe Factory", y otros que desembarcan del pasado: Marcel Duchamp, Christian Dior o Coco Chanel, una mujer moderna en su día pero, curiosamente, contraria a los pantalones femeninos.

Mucho más canónica resulta 'Louis Vuitton. El arte de viajar con estilo' (Lunwerg), la biografía ilustrada de la australiana Megan Hess dedicada al empresario quien, a mediados del siglo XIX, en plena revolución industrial y de la expansión de los viajes por placer entre las clases acomodadas, creó en París una firma artesanal de exquisitas maletas y baúles con su nombre.

Un material de equipaje, funcional y elegante, recubiertos con una lona donde tuvo la brillante idea de grabar sus iniciales (LV), a las que su hijo George añadiría en 1896 el famoso estampado Monogram, sinónimo visual, desde entonces, del lujo e identidad de la casa (una roseta gótica de cuatro pétalos y en motivos japoneses), que en aquel momento (inocente) pensaba evitaría las falsificaciones.

Hess -autora también del libro 'Nueva York a través de la moda' a partir de la serie 'Sexo en Nueva York' y colaboradora de Prada y Christian Dior Couture- relata como Louis Vuitton, nacido en una familia humilde, se formó en el taller Maréchal, donde ya despuntó gracias los encargos para la emperatriz Eugenia de Montijo, mujer de Napoleón III, que lo eligió como su "malletier et emballeur".

La ilustradora opta de forma inteligente por una gama de marrones, beiges y dorados (de los cierres y herrajes), enseñas cromáticas de la marca, para recorrer el devenir familiar de la firma -con los míticos bolsos del siglo XX, como el Speedy, "adoptado" por Audrey Hepburn- o su fusión, en 1987, con Moët Hennesy -de la que nació el grupo LVMH- o su paso a la alta costura, con el cambio de siglo, de la mano de Marc Jacobs y posteriormente, con Nicholas Ghesquière. EFE

saf/jdm