Carlos de Torres
Redacción deportes, 11 abr (EFE).- Paul Seixas (Lyon, 19 años) la nueva sensación del ciclismo mundial y esperanza del ciclismo francés, despejaba el miércoles en Basauri durante la Itzulia la pregunta sobre la presión de estar en el centro del foco y ser comparado con Tadej Pogacar.
"Ya se que se habla mucho de mi, pero solo me preocupa dar pedales". Un resumen de un carácter tranquilo, impropio de su edad, que contrasta con el carácter guerrero que muestra en la carretera, reflejado esta semana con su triunfo en la general de la Itzulia y en las tres etapas en las que se impuso.
Francia, que no gana el Tour desde Hinault en 1985, está volcada con la incipiente estrella. El diario L'Equipe le dedicó la portada entera en un día que hubo Champions League y que Kylian Mbappé había perdido en casa contra el Bayern. La palabra Tour emerge, suena por todos los lados y se la vincula a Paul Seixas, un juvenil espigado, de tez blanquecina, aún estudiante, que no se inmuta delante de la prensa.
Seixas, de abuelo portugués, ha explotado en la Itzulia. Sus exhibiciones han sido concluyentes; además en todos los terrenos. Arrasó en la crono de Bilbao, sorprendió atacando en los puertos, en los descensos, tomando decisiones ofensivas lejos de meta, imponiéndose al esprint en Eibar. Un catálogo que solo se puede atribuir a los elegidos del ciclismo, y el chaval de Lyon es uno de ellos.
Seixas destacó en edad aún más juvenil, pero en el pelotón de los mayores empezó a demostrar su pedigrí de campeón en 2025. Con 18 años gano el Tour del Porvenir, octavo en el Dauphiné, tercero en el Campeonato de Europa tras Pogacar y Evenepoel, segundo en la París Camembert y séptimo en Il Lombardía. Datos concluyentes.
La joya del Decathlon, ya con cantos de sirena de ofertas millonarias para cambiar de equipo, se habla del UAE de Pogacar, pasó de juvenil a profesional sin pasar por la categoría sub'23.
Esta temporada ha seguido una progresión que parece no tener límites. Ganó la Faun Ardeche con un ataque a 70 km de meta, fue segundo en el Algarve tras JUan Ayuso, ganando una etapa y la Strade Bianche solo le pudo ganar un tal Tadej Pogacar.
Con la modestia por bandera, Seixas dejó en la Itzulia la sensación de madurez, de calma y de tener los pies en el suelo ante el tsunami de halagos que le llueven por los cuatro costados. En el Algarve ya le resultó "increíble el hecho de competir con ciclistas como Ayuso", y allí le pudo dedicar una etapa a su abuelo portugués, además en la cima de Foia, donde Pogacar en 2019 abrió su palmarés. Curiosa coincidencia.
En las salas de prensa no falta la pregunta sobre la presión que puede ejercer su éxito a un corredor tan joven.
"¿Presión? No, no siento eso. No me fijo mucho en esas cosas. Ya se que estoy en el foco, se habla mucho de mí, pero lo que tengo que hacer es lo que me gusta, que es subirme a la bici y dar pedales". Tema zanjado.
¿Hará Seixas el Tour de Francia?. Es improbable que el Decathlon exponga a su perla ante semejante miura en julio. La idea es no someterlo a un excesivo desgaste. Tal vez podría debutar en la Vuelta, también como hizo Pogacar en 2019, y ambos se verán las caras próximamente en la Lieja Bastoña.
En la incipiente trayectoria de Seixas hay un personaje clave, Alexandre Pacot, su entrenador desde la categoría sub'17.
"Paul es joven y aún tiene cosas por aprender, pero ya es muy profesional. En el equipo de desarrollo trabajamos con él aspectos fundamentales: nutrición, descanso, entrenamiento, táctica. Y hoy, su enfoque es excelente", según reflejó el técnico en Marca.
Un auténtico guerrero en carrera, fuera de la carretera el chaval de Lyon es una persona tranquila, al que le gusta el ambiente familiar. Tiene una vinculación especial con su abuelo, quien le transmitió el amor por el ciclismo, ya que en el seno familiar no hay ninguna tradición ciclista.
A Seixas le gusta la montaña como su lugar favorito para escaparse con su padre o sus abuelos y desconectar desconectarse, afición de "un chico normal y tranquilo".
En la cresta de la ola del ciclismo, Seixas sigue con los estudios a distancia en una escuela de negocios. Le resulta complicado compaginar las concentraciones de invierno con los exámenes, pero ante los libros también se muestra combativo, no se rinde. Para el equipo es importante que el corredor "no dependa solo del ciclismo y que tenga una visión abierta del mundo".
La joven promesa gala ha demostrado en la Itzulia sus condiciones de ciclista completo, gran escalador y contrarrelojista, inteligente en carrera y batallador, un auténtico guerrero.
"Paul es un guerrero sobre la bici. En la vida normal es tranquilo, pero en la bici se transforma, es otro. Corre para ganar, ya sea para él o para su equipo. No tiene otra opción", según el entrenador.
Una nueva figura del ciclismo se presentó en sociedad en la Itzulia. Primera gran victoria en el World Tour. En el centro de las miradas, y en pleno periodo del "imperio Pogacar", el francés pide paso. Otro aliciente para un periodo brillante del ciclismo. EFE


