De la fase depresiva a la maníaca: la dificultad de detectar el trastorno bipolar

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Eva Ruiz Verde

Sevilla, 30 mar (EFE).- Detectar el trastorno bipolar, una enfermedad mental "compleja" en la que el paciente pasa por fases depresivas y otras "maníacas" o exultantes, es una de las mayores dificultades tanto para quien lo sufre como para su entorno, ya que muchos de sus síntomas pueden pasar desapercibidos o incluso ser considerados un rasgo positivo.

Así lo asegura a EFE el doctor José Ángel Alcalá, jefe de servicio de Psiquiatría del Hospital Quirónsalud de Córdoba y del Centro Médico Quirónsalud Jaén, que recuerda en el Día Mundial del Trastorno Bipolar que se celebra este lunes que esta enfermedad, que afecta a entre un 1 y un 3 % de la población, habitualmente debuta en etapas concretas de la vida.

"Suele haber un inicio entre los 15 y los 25 años, pero con síntomas no tan claros como cuando la enfermedad ya está más establecida, por lo que de manera retrospectiva más adelante se ve que había manifestaciones más precoces", resume.

Entre los 25 y 40 años la enfermedad acostumbra a atravesar los "picos de mayor incidencia", que dependen en ocasiones de si hay muchos patrones familiares anteriores, ya que la carga genética y por tanto la "tasa de heredabilidad" puede ser de hasta entre un 70 y un 90 %.

Es muy frecuente que ya haya un familiar de primer grado, como el padre o algún hermano, que padezcan esta enfermedad, por lo que los pacientes "más sensibles genéticamente que además han podido tener situaciones de estrés o eventos traumáticos a lo largo de su vida precipitan el inicio del trastorno bipolar".

Especialmente en estos casos de existencia de antecedentes familiares el psiquiatra llama a prestar especial atención, porque "a veces se puede confundir el pensar que una persona sea muy enérgica o muy activa con que esté presentando síntomas de bipolaridad que no se hayan identificado", por lo que es necesario realizar un diagnóstico diferencial para salir de dudas.

A partir de la confirmación entran en juego herramientas de "psicoeducación" para enseñar al paciente a aprender sobre lo que le ocurre e identificar señales de una posible recaída, además de terapia cognitivo-conductual para gestionar los pensamientos y los comportamientos.

Se le enseña también qué tipo de estilo de vida le puede ir mejor para que la enfermedad esté controlada y se utilizan fármacos como el litio, considerado "estabilizador del ánimo", buscando que "no haya esa oscilación tan brusca hacia una subida o una bajada de ánimo intensa".

"En fases depresivas hay que usar los antidepresivos con precaución porque si no podemos provocar un viraje hacia el otro polo de la enfermedad y precipitar los síntomas del 'subidón' del estado de ánimo", detalla el especialista, que añade que en ocasiones son necesarios antipsicóticos en las fases más graves.

El doctor Alcalá explica que se trata de una enfermedad "por definición con tendencia a la cronicidad", es decir, que ya siempre debe tener un seguimiento y, aunque se haya dado por finalizado un tratamiento, debe haber un control "para prevenir complicaciones".

Para ello son básicos hábitos como mantener una rutina de sueño estable -una alteración en la misma puede ser un síntoma de posible recaída-, evitar el consumo de alcohol, cocaína o cannabis, que pueden influir en desajustes del estado de ánimo, y realizar ejercicio físico.

Es frecuente además que este tipo de trastornos conviva con otros como ansiedad o adicciones, así como con enfermedades médicas como hipertensión, alteraciones tiroideas u obesidad, casos en los que es "aún más necesario un seguimiento continuado y multidisciplinar".

No obstante el psiquiatra asegura que si el paciente está estable y con un tratamiento adecuado se intenta que tenga una vida "lo más normalizada posible", que puede incluir también el ámbito laboral y en la que juega un papel fundamental el apoyo familiar, igual que en la detección de los cambios de fase.

"El paciente suele ser más consciente de la fase depresiva o 'de bajón', porque percibe que está más triste o con falta de energía y que le cuesta mucho concentrarse, pero en la de euforia, aumento de energía y aceleración del pensamiento se pueden dar más cuenta las personas que le rodean", concluye. EFE