Carolina Marín, la niña que pudo conquistar el mundo porque pensó que podía

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Mario Asensio

Huelva, 26 mar (EFE).- Carolina Marín ha dejado para la historia con su retirada un palmarés de leyenda y un lema inspirador que se encargó de materializar en repetidas ocasiones. ‘Puedo porque pienso que puedo’ es la sentencia que la deportista onubense ha enunciado un número similar a las veces que acabó una competición en lo alto del podio.

Aquella niña que con 8 años cambió las clases de flamenco por el bádminton rápidamente se dio cuenta de que había descubierto su destino. A los dos meses de iniciarse en este deporte en el Club Bádminton IES La Orden ya ganaba a niños y niñas mayores que ella y sus técnicos fueron acelerando su aprendizaje. Sin apenas experiencia fue al Campeonato de Andalucía benjamín y quedó campeona.

Ya entonces se comenzó a forjar el carácter de una ganadora, de una niña que era grande como deportista, porque quería ganarlo todo y pensaba que podía. Con los años fue cumpliendo en cada etapa su lema e hizo de él su bandera para superar cualquier adversidad. Incluso superó dos lesiones graves de rodilla y volvió a jugar pero la más reciente supuso el final.

El cénit de su carrera está en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Un 19 de agosto cumplió el sueño de colgarse el oro al derrotar con remontada a la volantista india Pusarla Venkata Sindhua (9-21, 21-12 y 21-15).

Antes había enlazado los títulos mundiales de 2014 (Copenhague), ante la china Li Xuerui (17-21, 21-17 y 21-18), y de 2015 (Yakarta), con victoria ante la india Saina Nehwal (21-16 y 21-19). Su tercera corona mundial llegó en 2018 (Nankín, China), de nuevo ante Sindhu por 21-19 y 21-10. Además fue plata en el mundial de 2023 (Copenhague) tras ceder en la final ante la surcoreana An Se Young (21-12 y 21-10).

Si con los mundiales consiguió lo que nadie antes, en los Campeonatos de Europa arrasó completamente. Logró siete títulos y un octavo fue el de los Juegos Europeos de Cracovia (Polonia) en 2023.

Se coronó la mejor de Europa en 2014 en Kazán (Rusia) ante la danesa Anna Thea Madsen (21-16 y 21-14); en 2016, en La Roche-sur-Yon (Francia), ante la estonia Kristin Kuuba (21-11 y 21-13) y en 2017 en Koldin (Dinamarca), ante la escocesa Kirsty Gilmour (21-14 y 21-12).

El cuarto título lo logró en 2018 con el sabor especial de levantarlo en su Huelva natal. Superó a la rusa Evgeniya Kosetskaya (21-15 y 21-7). En 2021 sumó el quinto ante la danesa Mia Blichfeldt (21-18 y 21-17) y al año siguiente su éxito lo saboreó en Madrid, nuevamente con la escocesa Kirsty Gilmour (21-10 y 21-12) como rival. El séptimo título lo consiguió en la ciudad alemana de Saarbrücken contra la danesa Mia Blichfeldt por 21-11 y 21-20 en 2024.

En este año llegó su momento más duro cuando se tuvo que retirar a pocos puntos de lograr la clasificación para la final olímpica de París a causa de su tercera lesión de rodilla. El 4 de agosto iba ganando a la japonesa Akane Yamaguchi, tras adjudicarse el primer set 21-14 y mandar en el segundo 10-8, pero en un apoyo su rodilla se volvió a romper.

Previamente el 27 de enero de 2019, cuando jugaba los octavos del Máster de Indonesia que iba ante la tailandesa Busanan Ongbamrungphan, sufrió su primera lesión de rodilla. Ocho meses después volvió a competir y ganar pero entrenando, en junio de 2021, meses antes del los Juegos Olímpicos de Tokio y el Mundial de Huelva, en 2021, volvió a caer lesionada. La cuarta intervención se produjo este mes de febrero por molestias en el menisco, que ha sido la confirmación de que su momento para decir adiós al deporte había llegado.

Su legado es, además de sus títulos, su ejemplo de sacrificio y afán de superación, su capacidad para inspirar a los demás y ser la mejor embajadora posible de un deporte minoritario al que llegó como pionera y del que se despide siendo la reina. EFE

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