Irene Dalmases
Barcelona, 22 mar (EFE).- El escritor Francesc Miralles ha acompañado de gira a la médium más famosa del mundo, Marilyn Rossner; lleva siete millones de libros vendidos de 'Ikigai' y ahora firma la novela 'El teléfono de Dios', que advierte no es religiosa, aunque su protagonista, Teo, puede comunicarse con el altísimo.
En una entrevista con EFE, el barcelonés avanza que su último título, publicado por Ikibooks, es un "cuento de Navidad", sobre "actitudes y autovaloración humana", que puede tener ciertas concomitancias con la película 'Que bello es vivir', que se basa, a la vez, en un relato de Philip Van Doren Stern, 'The Greatest Gift' ('El mayor regalo'), que cautivó a Frank Capra y al actor James Stewart.
Con la colaboración de Adriana Hernández, a partir de una idea original de Marc Vives, llega a las librerías con una historia protagonizada por un hombre "aburrido de la vida, al que nunca le pasa nada, solo y deprimido, que un día es generoso y, entonces, le dan el teléfono de Dios para que pueda hablar con él".
"No es para nada un libro religioso -precisa- sino que es sobre el autoconocimiento, sobre el darse un espacio para poder hablar con uno mismo. Como decía Antonio Machado, quien habla consigo mismo espera hablar con Dios algún día. A lo largo de la obra no se dice quién está realmente detrás del auricular, con lo que podría ser que Teo hablara con él mismo, con la sabiduría que tiene dentro y que no había atendido".
Gracias a las conversaciones telefónicas, Teo emprende pequeñas acciones, desde hablar con desconocidos y cuidar de una amiga a ir a una librería, y ve cómo se va transformando su vida.
Sobre qué le preguntaría a Dios, si pudiera, Francesc Miralles asegura que en cada momento de la vida serían cuestiones diferentes, pero, a sus 57 años, le inquiriría sobre si está cumpliendo "suficientemente bien" su misión en la tierra o "si debería estar haciendo algo que estoy desatendiendo. ¿Qué puedo hacer mejor?", en definitiva.
En su trayectoria, en la que también incluye haber iniciado el curso académico en una cárcel como la de Brians 2, ha conocido a "muchas personas desesperadas, a jóvenes suicidas, con los que quedo y hablamos, y hay algo general en todos los seres humanos: querer ser útil a los demás".
A punto de llegar a las librerías el próximo día 27 con el cuarto título de la colección 'Ikigai', 'Ikigai del dinero' (Urano/Ara Llibres), que coescribe con Héctor García, y cuyos primeros volúmenes se han traducido a unos setenta idiomas, Francesc Miralles afirma que "todos los éxitos literarios y diría que los artísticos son 'cisnes negros', según la teoría de Nassim Taleb, se producen siempre de manera inesperada".
"Quizá porque nadie esperaba un libro como 'Ikigai' (razón de ser en japonés), que no está ni tan solo escrito por japoneses, la obra encontró su agujero, su lugar, en un momento en el que en todo el mundo hay gente que se está planteando el tema del propósito", argumenta.
A pesar de tener la agenda llena y de firmar muchos libros en sus conferencias en grandes auditorios de todo el mundo, Francesc Miralles precisa que lo "bueno de los escritores es que no son famosos".
"Si eres Lamine Yamal o Rosalía no puedes ir a ningún sitio, pero nadie sabe qué cara tienen los escritores. A mi, cuando alguien me dice algo en el supermercado o en una estación de tren es porque es parte del medio millón de seguidores que tenemos en el pódcast 'Ojalá lo hubiera sabido antes', que hago con Álex Rovira y Antoni Bolinches, pero no por las fotos de los libros", remacha.
Escribiendo desde principios de año una novela de amor, Francesc Miralles tampoco esconde que a lo largo de su carrera ha hecho de negro literario, "uno de los mejores trabajos que he llevado a cabo y que todavía hago si el proyecto me interesa, porque estás con personas que saben mucho de una cosa de la que tu lo desconoces todo".
"Son trabajos -asegura- en los que uno se sumerge en el mundo de otras personas y se aprende mucho".
Por otra parte, desvela que tiene lo que se denomina el "síndrome del vicepresidente", puesto que le gusta ser el segundo, "estar detrás, entre bambalinas, y hacer brillar al otro". EFE
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