Sagrario Ortega
Madrid, 22 mar (EFE).- La ciencia del ADN es ya imprescindible para la investigación forense, la identificación y el esclarecimiento de delitos. Casi infalible, fue una herramienta esencial en casos como el de Lasa y Zabala, los atentados del 11M o las fosas comunes del franquismo, como puede comprobarse con la lectura de un libro que acaba de salir a la venta.
Editado por Crítica, de Planeta, "La huella invisible. Cómo el ADN cambió la historia de la justicia en España", de Antonio Alonso, rinde tributo en 203 páginas a esa técnica genética en un repaso ameno, directo y documentado de ocho casos emblemáticos.
Además de los tres citados, el libro recoge otros cinco, el primero de ellos uno que hizo historia en nuestro país: el primer cribado genético realizado en España. Fue a 55 varones de Campo de Criptana (Ciudad Real), a los que voluntariamente se les tomó un muestra de saliva. Los detalles están en libro, pero gracias al cribado de ADN se detuvo al asesino de una mujer cuyo cadáver fue hallado en 2001.
El Yak-42 o la historia de una "indignidad", como lo califica el autor; la masacre de Suva Reka (una ciudad al sur de Kosovo); el doble crimen de Almonte (Huelva) sin resolver; la búsqueda de una hija adoptada ilegalmente, o las fosas desde Peñarrubia a Cuelgamuros son los otros casos analizados por el autor.
Antonio Alonso es doctor en Bioquímica y Biología Molecular y, entre otras actividades, ha dirigido el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses. Ha sido perito experto en genética forense en diferentes tribunales españoles, además del Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia.
En una entrevista con EFE, asegura que el ADN ha supuesto un antes y un después en la investigación de delitos graves y de desapariciones. "Hoy en día es una herramienta fundamental y no solo en el ámbito nacional. Actualmente estamos comparando perfiles de ADN diariamente con 23 ó 24 países europeos", recalca.
Aunque cada caso elegido tiene su trascendencia, el autor se queda con el primero, el del cribado en Campo de Criptana, porque "abrió la puerta a la investigación de personas desaparecidas", y con el último, el de las fosas.
Este -dice-, porque habla de nuestra guerra civil y de los desaparecidos y porque "es muy importante cerrar esas heridas". Cuando alguien desaparece -continúa Alonso- la familia no puede hacer su duelo hasta que aparezca su allegado.
Por eso es importante el trabajo de las ciencias forenses "en el ámbito humanitario" para "poder poner fin a ese dolor y a esa incertidumbre", apostilla el autor, que ha querido cerrar el libro con esta frase: "No hay mejor reconocimiento para un forense que el agradecimiento de los afectados".
Alonso cree que el libro es ameno porque mezcla el 'true crime' con la 'true science', es decir, la historia real del caso y la ciencia real que lo investiga y lo esclarece.
Pero advierte: "La ciencia no es inmediata ni es infalible, como nos la enseñan en CSI. La ciencia real tiene sus limitaciones, comete errores y esto es lo que se cuenta también en este libro".
Según su autor, la obra muestra a la ciencia forense tal como es, con todas sus limitaciones, a la vez que desvela "muchas falsas creencias" en esta materia.
Y pone un ejemplo: se cree que la cal viva (así enterraron a Lasa y Zabala) sirve para destruir cadáveres, pero "no sirve para eso, más bien los conserva".
Con esta obra se entiende un poco mejor lo que es la prueba del ADN, que "no siempre es definitiva". "Al final el ADN por sí solo no resuelve delitos. Puede decir con mucha fiabilidad de quién procede una determinada muestra, pero "no dice ni cómo ni cuándo llegó allí".
En la obra se vuelca la experiencia de 40 años de vida profesional de Alonso, al que, no obstante, le ha llevado trabajo y tiempo recopilar toda la documentación, porque "el libro no solamente habla de ADN y de ciencia, habla de justicia, habla de tribunales, habla también del impacto en la sociedad, en los medios de comunicación...".
De hecho, es una revisión completa de cada caso, desde el principio hasta el final. "Desde la escena del delito, pasando por la autopsia, por el laboratorio, pero llegando también al tribunal, a la sentencia. Y viendo un poco la importancia que había tenido en la sociedad", explica a EFE.
¿Hacia dónde vamos en la investigación forense?
¿Hacia dónde vamos en la investigación forense? Alonso subraya los cada vez mayores desarrollos tecnológicos que conducen, por ejemplo, hacia "la posibilidad de obtener, aunque todavía muy rudimentario, un retrato robot a partir de una pequeña mancha, de un indicio biológico", o hacia un proceso de automatización y de valoración no solamente del ADN, sino de otros testigos moleculares como pueden ser las proteínas.
Todo ello va a permitir "obtener mejores diagnósticos no solo en la identificación de individuos, sino también en la identificación de la causa y las circunstancias de la muerte, algo que es fundamental en la investigación forense", apostilla Alonso.
El autor valora la "suerte" de España de contar con "un montón" de laboratorios públicos, en concreto 14 de instituciones públicas y de las distintas fuerzas de seguridad, tanto del Estado como autonómicas, que dentro del entorno europeo tienen "muy buen nivel" en análisis de ADN y biología forense. EFE
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