Los bulos del golpe: el rey lo planeó en Baqueira y traicionó a los golpistas "dentro del mejor estilo borbónico"

Diversos informes del Ministerio del Interior, desclasificados tras el 23-F, revelan que panfletos anónimos y rumores intentaron vincular al rey Juan Carlos I con la planificación de la asonada, buscando desprestigiar su papel durante la crisis institucional

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Entre las versiones apócrifas que circularon tras el intento de golpe de Estado del 23-F de 1981, algunas señalaban que los servicios de información del Estado ya tenían conocimiento desde finales de diciembre de 1980 sobre la posibilidad de un pronunciamiento militar en el que habrían participado altos cargos del Ejército y la mayoría de las capitanías generales. Estas narrativas incluían la intención de suprimir la Constitución vigente, instaurar un gobierno militar para responder a amenazas como el terrorismo separatista y modificar el proceso autonómico, manteniendo de forma temporal a Juan Carlos I al frente de la Jefatura del Estado antes de llevar a cabo una transición hacia un nuevo Ejecutivo civil y la redacción de una Constitución diferente. En ese contexto, un conjunto de documentos elaborados por el Ministerio del Interior y luego desclasificados, a los que accedió Europa Press, identificó y reunió los principales rumores y publicaciones anónimas que pretendieron relacionar al rey con la organización de la asonada, con el fin de menoscabar su papel institucional durante la crisis.

De acuerdo con la información publicada por Europa Press, el Ministerio del Interior recopiló diversos panfletos y rumores difundidos tras el 23-F, señalando que tanto defensores directos de los implicados en el golpe como grupos políticos y simpatizantes de la causa golpista promovieron bulos sobre la participación del monarca en el intento de golpe. Los archivos del Ministerio especifican que estos ideólogos tergiversaron ciertos hechos, interpretaron tendenciosamente otros e inventaron relatos ajenos a la realidad. El informe reconoció, además, que algunas de esas versiones calaron en sectores de la derecha radical, logrando que la idea de una implicación directa del rey Juan Carlos I en la actuación de los generales Milans del Bosch y Alfonso Armada cobrara fuerza entre parte de la opinión pública.

Uno de los relatos identificados en estos documentos aseguraba que el rey "se puso de acuerdo" con el general Armada en la estación de esquí de Baqueira durante las vacaciones navideñas. Según esa versión, Juan Carlos I y Armada habrían definido detalles relacionados con la posible caída del entonces presidente Adolfo Suárez, incluyendo conversaciones sobre la perspectiva del PSOE, para luego contactar con Milans del Bosch en Valencia. Una pieza clave de ese bulo era la afirmación de que el rey había previsto la posibilidad de abandonar el país si el golpe fracasaba y que, como prueba de su conocimiento anticipado, envió a sus hijos a Inglaterra. Mientras tanto, también se sostenía que el monarca no aceptó el Gobierno propuesto por Milans del Bosch porque su preferencia era un Ejecutivo de coalición que incluyera a Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, Santiago Carrillo y Manuel Fraga bajo la presidencia del general, según el archivo compilado por Interior.

El mismo informe recogía que los creadores de estos mensajes falsos buscaban reforzar una imagen del rey como beneficiario del golpe, atribuyéndole la intención de utilizar la intentona para reforzar su figura pública. El Ministerio del Interior planteó en su análisis que el monarca habría empleado a Armada con este objetivo, desautorizándolo más tarde —quizá por acuerdo previo— y presentándose ante los partidos como garante de la democracia y la Constitución. En tal sentido, el documento subraya cómo se interpretó la frase del telegrama real enviado a Milans del Bosch, "ya no puedo volverme atrás", como un supuesto indicio de retirada y del abandono de sus generales.

Entre los panfletos recogidos por Interior, uno fechado con la anotación "Anónimo 23-F" acusaba a Juan Carlos I de forzar un cambio de presidente del Gobierno fuera del marco constitucional. En ese texto se sostenía que Adolfo Suárez habría sido llamado al Palacio de la Zarzuela, donde, acompañado por los capitanes generales de Valencia, Sevilla, Valladolid y Zaragoza, habría recibido la invitación a dimitir. Según esta versión, al negarse Suárez, el teniente general Merry Gordon habría colocado una pistola sobre la mesa diciendo: "Esta es una razón". La narración añadía que el rey tomó la decisión de apartarse de los militares monárquicos, Armada y Milans del Bosch, "para salvar su propio trono", dejándolos solos frente a la situación generada, lo que terminó aislando al teniente coronel Antonio Tejero durante los hechos del 23-F.

En otros documentos analizados por el Ministerio, en particular uno titulado "Intento de liquidación del actual sistema político", se atribuía al rey conocimiento e incluso capacidad de maniobra frente a la intentona golpista. Según ese texto, Juan Carlos I habría dado orden a Milans del Bosch de retirar las tropas tras la ocupación del Congreso de los Diputados y emergía como el salvador del sistema democrático, pasando a convertirse en árbitro de la crisis institucional y personificando el papel de jefe de Estado y de los Ejércitos. Esa versión sugería que Juan Carlos I habría contado, además, con el asesoramiento de su cuñado, el ex rey Constantino de Grecia. En el mismo documento se calificaba la actuación del monarca como una operación hábil y "dentro del mejor estilo borbónico", expresión que el Ministerio identificó como parte de la estrategia de desprestigio hacia la figura del rey.

Otra idea que circuló entre los rumores analizados consistía en la supuesta existencia, desde meses antes del golpe, de información en los servicios de inteligencia sobre la participación de las más altas esferas militares en un plan para sustituir el régimen político vigente. Europa Press detalló que estos relatos indicaban que el objetivo de los militares consistía en suspender la actual Constitución y establecer medidas excepcionales hasta que se pudiera articular un nuevo orden institucional más acorde con lo que describían como la "idiosincrasia del pueblo español", manteniendo en todo momento la autoridad formal del monarca durante el proceso.

El Ministerio del Interior, según los documentos a los que tuvo acceso Europa Press, concluyó que la elaboración y difusión de estos rumores y panfletos respondía a la intención de persistir en la idea de que ninguna acción de generales de alto rango como Milans del Bosch y Armada podía haberse realizado sin el conocimiento y consentimiento del rey. Se decía que incluso la relación personal de Juan Carlos I con el general Armada —definido en estos rumores como un aristócrata de lealtad absoluta— indicaba un acuerdo previo para intervenir en la crisis, así como que el monarca presionó a Adolfo Suárez para que presentara su dimisión con el fin de provocar un vacío de poder.

Estos materiales recogidos en los informes del Ministerio resultan relevantes para el estudio de la propaganda y el rumor tras el 23-F, mostrando cómo determinados grupos políticos y simpatizantes de los implicados buscaron trasladar la responsabilidad de los hechos hacia la figura del monarca, manipulando hechos y diseminando relatos sin fundamento, según lo consignó Europa Press.

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