Sofía Buetas Faro
Zaragoza, 13 feb (EFE).- Un sábado cualquiera, en un piso en Madrid, una mujer caía sobre el suelo de su baño repentinamente, sin motivo aparente. Marta Jiménez Serrano (Madrid, 1990) se levantó el 7 de noviembre de 2020 junto a su pareja, Juan, pensando que sería un día común. Mientras, el monóxido de carbono ocupaba las estancias de su casa y ella, poco a poco, iba perdiendo la vida.
‘Oxígeno’, la nueva entrega de Jiménez Serrano, “es un duelo por esa niña que creía que no le podía pasar absolutamente nada”, asegura en una entrevista a EFE, un libro que se ha ido gestando durante 5 años hasta encontrar el tono, “ni muy lejos ni muy cerca, como para hacer la foto”.
La autoficción, de apenas 150 páginas, es una “oda a los cuidados” y un agradecimiento a su psicólogo José, a los servicios de emergencia que “llegaron a tiempo” y a su ahora expareja. Tres pilares que le salvaron la vida: “es absolutamente ilusoria la idea de que solos podemos con las cosas, vivimos en comunidad”, explica Jiménez Serrano.
Marta caía sobre el suelo de un baño de una casa alquilada. Al otro lado del charco, su casera se desentendía de la fuga ilegal de la caldera que estuvo a punto de causar la muerte de su inquilina. Una antagonista a la que construye sin adornos: “Me liberé el día que me di cuenta de que no es ya que no quisiera, es que no me apetecía retratarla con esos matices”, asegura la escritora.
En plena pandemia, con todavía restricciones, su casa había abandonado la definición de hogar, “un lugar al que poder volver y en el que poder descansar”, describe.
“Hemos banalizado mucho los pisos, como si fueran lugares que no requirieran de mantenimiento, y quien tiene un piso se tiene que encargar de él y tiene que tener conciencia de que lo que está alquilando es un hogar para otra persona”.
Su abuela Concha, que nació y murió en el mismo pueblo, “tuvo un azucarero toda su vida” y cada noche mandaba a la cama a la autora con la frase: “Hasta mañana si Dios quiere”. “Me pone triste entender a la abuela Concha, comprender las muchísimas maneras en las que Dios puede no querer”, decía la novela.
“El libro habla de ese momento en el que comprendes a tu abuela. Ya no la tengo para decírselo, pero si la tuviera le diría: ya te entiendo”, cuenta la escritora.
La obra materializa el contraste, el paso de los 20 a los 30, el camino de la vida a la muerte, la diferencia entre la existencia de las abuelas y la de la propia autora, la consciencia en sí. “Cuando te vas haciendo mayor, cuando vives una experiencia cercana a la muerte, simplemente con el paso del tiempo, te vas dando cuenta de que no eres inmortal y es una noticia triste”, explica.
‘Oxígeno’ es un retrato de los incipientes 30, “un momento bisagra” en el que ciertas amistades “se pierden naturalmente” y, en situaciones extremas, como la vivida por la autora, “revelan” la permanencia de las mismas.
Un retrato íntimo que revela los entresijos de un hogar, las secuelas de un trauma y la pérdida de la identidad. La disyuntiva de la autora oscila entre “contar lo necesario para que la historia se comprenda” y evitar recrearse en determinados detalles.
“Uno de los retos del libro era cómo evitar lo morboso. Hablamos muy mal de la intimidad y creo que es posible hablar de lo íntimo sin ser obscenos y sin ser impúdicos”, asegura Jiménez Serrano.
La historia rememora su cercana ‘muerte dulce’ -la denominación de los fallecimientos por monóxido de carbono-, un fundido en negro que poco a poco se le fue apareciendo y al que trató de mostrar, según afirma, sin caer en clichés.
Jiménez Serrano reconoce que el dolor “forma parte de la vida” y que la muerte es “la anestesia”, un dolor que llegó tras la salida del hospital y se materializó en miedo a dormir, a la soledad y al hogar.
Una muerte que casi alcanza a la escritora un 7 de noviembre de 2020, y que ahora, tras 5 años, le lleva a un lugar “luminoso”. “Lo raro es vivir o no, estamos vivos aquí todo el tiempo, muchos días, eso es un asombro y una suerte”, concluye. EFE
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