Entrenar para combatir bajo cero: Jornadas de 12 a 20 horas en condiciones extremas

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Teresa Díaz

Madrid, 8 feb (EFE).- Jornadas de 12 a 20 horas durante nueve meses en condiciones extremas para aprender a vivir, moverse y combatir en un entorno hostil en el que los mayores desafíos son la nieve, el hielo y el frío gélido, por debajo de los cero grados. Así se preparan las tropas de montaña del Ejército de Tierra.

La principal amenaza de operar en un escenario de frío extremo es que el medio "puede matarte antes de que te enfrentes al enemigo y hay que saber gestionar las condiciones, con un material y un entrenamiento previo adecuados", advierte, en una entrevista con EFE, el comandante Jesús Chicharro, jefe del departamento de Montaña de la Escuela Militar de Montaña.

Esta escuela, con base en Jaca (Huesca) y creada en 1945 para homogeneizar la instrucción de las tropas de montaña, es la encargada de impartir el curso, uno de los más prestigiosos y exigentes del Ejército de Tierra. Por allí han pasado ya alrededor de 1.500 alumnos.

Cada año una treintena de militares, con una media de edad de entre 22 y 26 años, se someten a las pruebas de acceso, que superan entre el 80 y el 90 % de los aspirantes. "De esta manera sabemos que los alumnos están en condiciones de afrontar el reto", señala el comandante.

De los 29 suboficiales y oficiales que realizan este año el curso de montaña para mandos, solo uno es mujer y, si consigue superarlo, se convertirá en la tercera diplomada en la historia de la Escuela de Montaña.

El curso se inicia en septiembre y se prolonga durante 9 meses, 7 de los cuales los alumnos se alojan en un refugio en Candanchú, en el Pirineo aragonés. En estas instalaciones residen en situación de internado y afrontan duras jornadas de instrucción de entre 12 y 20 horas con temperaturas que pueden bajar de los -10ºC durante la fase invernal.

El objetivo es garantizar la seguridad de la fuerza para afrontar un reto en entornos de montaña. Por ello, la preparación incide en el ámbito táctico, técnico y psicológico. "Un equilibrio entre formación técnica y preparación para el combate marca la diferencia", asegura Chicharro.

A los alumnos se les somete a un ritmo constante y se les lleva a situaciones límite que los saca de su zona de confort. Este comandante de infantería reconoce que llegan a pasar miedo de verdad.

Entre diciembre y febrero alcanzan un nivel en el cual el profesorado considera que se les puede exigir más. A partir de ese momento, dos actividades clave ponen a prueba sus capacidades.

La primera es una práctica de cinco días, de lunes a viernes, durante la cual los alumnos se desplazan "en autonomía", lo que requiere una planificación minuciosa. Llevan encima todo el equipo, cargan con una mochila de unos 40 kilos y duermen en refugios de nieve que ellos mismos deben construir.

El otro ejercicio importante que sirve para evaluar el aprendizaje se denomina 'reno' y se prolonga entre 5 y 7 días, en los que los alumnos van encadenando misiones tácticas en condiciones de frío extremo. "Planean la misión, la ejecutan, recuperan un poco y vuelta a empezar otra misión", explica Chicharro.

En esas pruebas, los profesores comprueban que los alumnos pueden evolucionar, moverse con esquís o raquetas, controlar técnicas de esquí alpino, y tener bien asentadas las rutinas de vida que exige el invierno en montaña, desde saber como abrigarse a como cambiarse de muda para no tener prendas mojadas en contacto con el cuerpo. Y hacerlo con frío extremo, nieve o hielo resta operatividad.

Sin embargo, "si trabajas todos lo días encima de la nieve y sabes protegerte del frío, mantienes tus capacidades más o menos", asegura el comandante. En suma, se trata de aprovechar los obstáculos derivados del medio para reforzar la posición frente al enemigo.

Chamorro insiste en la importancia de acumular horas y horas de instrucción para actuar en un entorno inhóspito. Es la forma en la que el cuerpo se va aclimatando para poder seguir funcionando.

Por primera vez en sus más de 80 años de historia, el curso "se va a desplazar" este año a Noruega. Durante dos semanas, a finales de febrero, los alumnos van a realizar su formación en el país nórdico, lo que les va a permitir obtener un aprendizaje específico con temperaturas a - 20ºC, que pueden desplomarse hasta -30º o -40º en determinados momentos.

En ese ambiente ártico, los militares van a enfrentarse a duras pruebas como saltar sobre hielo portando todo el equipo y ser capaces de salir después o realizar desplazamientos y vida sobre el terreno en los que tendrán que demostrar que pueden construir refugios por debajo del nivel del suelo cubierto de nieve.

Aunque la experiencia ha demostrado que el Pirineo es un entorno "muy adecuado" para llevar a cabo ese tipo de entrenamiento, haber pasado por tierras noruegas es un plus de calidad, precisa el comandante.

Una vez diplomados, los oficiales y suboficiales, "tienen que tener claro que son una herramienta de la nación y pueden ser requeridos para operar en zonas que exijan poner en práctica las competencias adquiridas durante el curso", recalca Chicharro. EFE

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