Violeta Molina Gallardo
Madrid, 30 ene (EFE).- El alcoholismo y la adicción a otras drogas constituyen factores de riesgo en la violencia de género ya que incrementan la probabilidad de reincidencia del maltratador y de que abandone programas de intervención para no volver a agredir a su pareja o expareja. Una tesis premiada por el Ministerio de Igualdad aborda esta realidad compleja.
La investigadora Cristina Expósito Álvarez, profesora ayudante doctora del Departamento de Psicología Social de la Universidad de Valencia, es la autora de este trabajo que ahonda en el impacto que la dependencia al alcohol y las drogas tiene en la violencia machista.
"La violencia de género es un problema multifactorial en el que diferentes factores de riesgo interactúan entre sí a distintos niveles y facilitan la violencia. Uno de ellos es el consumo de alcohol y drogas", explica en una entrevista con EFE.
Expósito aclara que el alcohol o las drogas no explican por sí solos que se ejerza violencia, que influyen numerosos factores, ya que "no todos los hombres que consumen son violentos". Ahora bien, sí es un factor de riesgo que es importante analizar.
Y ese ha sido el objetivo de su tesis, titulada 'Análisis de factores de riesgo y necesidades de intervención en hombres con problemas de consumo de alcohol y otras drogas condenados por violencia de género: propuestas de intervención', ha sido galardonada por la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género con el segundo premio a tesis doctorales sobre violencia contra la mujer.
El organismo dependiente de Igualdad destaca su "excelente aproximación a una temática compleja" desde un marco feminista y siempre respetuoso con las víctimas.
Expósito forma parte del programa Contexto, de intervención con agresores machistas que han sido condenados por delitos de violencia de género a una pena inferior a dos años de prisión. La pena se suspende a cambio de que participen de forma voluntaria en este programa, que se desarrolla en colaboración con Instituciones Penitenciarias.
"El objetivo es promover relaciones igualitarias, libres de violencia, y reducir la reincidencia porque sabemos que los agresores tienden o bien a mantener la relación con la víctima a lo largo del tiempo o tienen otras parejas sobre las que potencialmente pueden seguir ejerciendo violencia", señala.
"La violencia de género hay que prevenirla desde todas las aristas y una de ellas ha de pasar sí o sí por el trabajo sobre el agresor, que es quien está ejerciendo esa violencia y puede parar de ejercerla", continúa.
En el programa Contexto, de la Universidad de Valencia, han participado más de 1.700 maltratadores. De ellos, el 50 por ciento presenta un consumo problemático de alcohol o drogas y "esto requería atención porque se ha visto que esto incrementa la probabilidad de abandono de la intervención y la probabilidad de reincidencia".
Los propios agresores, cuenta la experta, justifican su comportamiento por el consumo de sustancias, pero las dinámicas de la violencia son más complejas y dependen de muchos más factores.
Mediante el consumo afrontan emociones desagradables o difíciles y se desconectan de la realidad, les sirve para ejercer poder y dominio sobre las mujeres, y las sustancias tienen efectos psicofarmacológicos que impactan sobre la salud: afectan al procesamiento cognitivo y conductual, puede alterar el comportamiento, afectar a la regulación emocional, incrementar la ira ante los conflictos.
Además, se asocia con el apego inseguro, con historial de trauma en la infancia y en la adolescencia y algunos utilizan el alcohol o las drogas para automedicarse ante la depresión, el estrés o la soledad. "Esta falta de regulación emocional puede hacer que consuman sustancias para tratar de controlar sus emociones y todo eso interacciona entre sí y aumenta la probabilidad de que el individuo ejerza violencia", indica.
Los objetivos de su tesis, dirigida por Marisol Lila y Enrique Gracia, eran identificar qué otros factores de riesgo están asociados al consumo para poder ajustar la intervención a las necesidades específicas de cada participante y también evaluar la efectividad de la estrategia motivacional que son las "metas de cambio".
A partir del análisis de 1.039 agresores, descubrió que el consumo de alcohol y drogas se asocia con otros factores de riesgo como la desregulación emocional, mayor ira e impulsividad, menor empatía y mayores limitaciones cognitivas. Menor apoyo social, historia de trauma en la infancia y la adolescencia y a nivel actitudinal tienden a atribuir la responsabilidad de su conducta violenta a ese consumo.
En cuanto al segundo objetivo, los participantes que decían plantearse metas concretas de cambio presentaban un mayor compromiso con la intervención y eso reduce la probabilidad de abandono del programa.
"Los programas de intervención con agresores además de disminuir la reincidencia mejoran muchas variables: la regulación emocional, la empatía, la flexibilidad cognitiva, las habilidades sociales y la conciencia sobre la violencia que ejercen", incide. EFE
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