La nueva generación que entra por primera vez a la cueva original de Altamira

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Javier G. Paradelo

Altamira (Cantabria), 10 ene (EFE).- Adriana, Iván, Mateo, Marta y Andrea son los primeros jóvenes de 18 años en más de una generación que cruzan el umbral del lugar más emblemático del arte rupestre, para disfrutar de ocho minutos irrepetibles ante las pintura de la cueva original de Altamira.

Estos jóvenes nacidos en Santillana del Mar han sido seleccionados entre los 21 inscritos para admirar la ‘Capilla Sixtina' del arte rupestre, gracias a una concesión aprobada por el Patronato de Altamira en junio de 2025, de forma que las visitas se sucederán de igual manera los restantes sábados de enero.

Todos ellos son hijos de vecinos de la villa que de adolescentes pudieron acceder a la cueva original, en un momento en que no había restricciones de acceso, por lo que cuentan con información extra de sus padres sobre lo irrepetible de la experiencia que han vivido este sábado.

Adriana Cobo explica a EFE que la visita es "gratificante" sin llegar al nivel de la réplica de la neocueva, y por sus padres conoce que acceder a la cueva original "es una experiencia chulísima" que ha disfrutado mucho.

Esta misma opinión la comparten Mateo Bárcena, cuyo interés está en admirar de cerca las pinturas rupestre originales, e Iván Gutiérrez, cuya madre accedió a la cueva en los años 70, y para quien la visita es "una versión mejorada" de la neocueva.

Marta Barategui, quien confesaba estar "nerviosa pero con ansia" en los instantes previos a acceder a la cueva original, asegura que la visita ha sido "un sueño que muchos quisieran hacer realidad pero pocos pueden", sueño que vivieron sus padres hace más de 30 años cuando eran adolescentes.

Para este día se ha documentado preguntando a sus padres del ambiente que se respira en la cavidad original y viendo fotografías en internet de unas pinturas con miles de años de antigüedad que muy pocos en el mundo tienen la oportunidad de admirar.

La visita se ha realizado este sábado siguiendo un estricto protocolo que convierte la experiencia en algo extraordinario, primero admirando la neocueva y su réplica rigurosa que permite contextualizar el yacimiento sin poner en riesgo su conservación.

Allí, las guías han introducido a los jóvenes en el lenguaje visual del Paleolítico superior, en los pigmentos, las técnicas y los gestos de quienes pintaron aquellos polícromos con bisontes, ciervas y manos hace más de 14.000 años, una preparación necesaria antes de enfrentarse al original.

Desde la neocueva, el grupo continúa por el recinto exterior para conocer 'el país de Altamira' y entender la relación entre paisaje, cueva y vida cotidiana, un territorio habitado y transformado durante más de 20.000 años por los humanos primitivos.

Y llega al momento de entrar en la cueva original, aunque antes, por protocolo de conservación, los jóvenes se equipan con mono, gorro, mascarilla y calzado especial que se desinfecta antes de cruzar la entrada, para minimizar el impacto humano en las pinturas.

La visita a la cueva original dura 37 minutos en total, con un tiempo cronometrado de ocho minutos en la sala de los policromos, el corazón simbólico y artístico de Altamira, donde se impone el silencio y todo está medido y controlado, casi como ceremonial.

La alcaldesa de Santillana del Mar, Sara Izquierdo, que ha acompañado a los cinco jóvenes hasta acceder al museo, asegura que abrir la cueva original a este tipo de visitas de vecinos es un gesto simbólico pero también una apuesta por el legado, el patrimonio, la identidad y la responsabilidad hacia Altamira.

Es "agarrarse a lo nuestro, al origen", dice, y a la especial vinculación de los habitantes de la villa con Altamira, por lo que espera que este sistema de visita de los jóvenes se mantengan en el tiempo y se amplíe de los nacidos y a los que llevan más de diez años empadronados.

Recuerda que en esta ocasión los posibles visitantes -todos ellos nacidos en la villa y que cumplieron 18 años en 2025- eran 38, de los que sólo 21 se mostraron dispuestos a participar en esta experiencia que busca concienciar a las nuevas generaciones sobre la fragilidad de la cueva.

Este sueño lo podrán cumplir los 21 inscritos los sábados de enero en grupos de un máximo de cinco personas. EFE

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