Felipe González denuncia que la polarización viene de "arriba abajo" y pide un mes de "tregua de insultos"

Durante un acto en el Senado, el exlíder socialista instó a los responsables públicos a cesar el intercambio de ofensas durante un mes, advirtiendo sobre los riesgos para la convivencia y reclamando un retorno al debate constructivo

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La reciente intervención de Felipe González se centró en la dependencia política de España respecto a Carles Puigdemont para la aprobación de los presupuestos generales del Estado. El exlíder socialista calificó esta situación como un síntoma relevante de los desafíos actuales en la política nacional, por encima de otras cuestiones mediáticas como los encuentros entre Pedro Sánchez y Arnaldo Otegi, o las acciones judiciales que afectan a exministros como José Luis Ábalos y su asesor Koldo García. González, según publicó el medio, señaló que escuchar a la vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, afirmar con serenidad que la estabilidad presupuestaria del país depende de Puigdemont, resume en gran medida el momento político que atraviesa España.

Durante un acto conmemorativo en el Senado organizado por el colectivo Fernando de los Ríos, y dedicado a la memoria del expresidente aragonés Javier Lambán, Felipe González expresó su preocupación por la polarización creciente en la vida política del país. De acuerdo con la información consignada por el medio, González sostuvo que este fenómeno tiene su origen en las élites y se traslada a la ciudadanía, instaurando una situación de confrontación permanente. Entre los asistentes al homenaje se encontraron figuras de distintas esferas políticas y sindicales, como Alberto Núñez Feijóo, Alfonso Guerra, Cándido Méndez, Emiliano García-Page, Javier Fernández y Pedro Rollán, quienes llenaron el histórico hemiciclo del Senado.

En su discurso, el expresidente propuso la instauración de una "tregua de insultos" entre los responsables públicos durante un mes, con el objetivo de revertir la escalada de enfrentamientos verbales y favorecer el regreso a un debate parlamentario centrado en los problemas reales de la ciudadanía. González reconoció que Javier Lambán solía bromear acerca de esta sugerencia, considerando que parecía más una ocurrencia que una reflexión profunda. No obstante, planteó la posibilidad de imaginar un mes sin insultos y abogó por un periodo de “vacaciones de la polarización” y un enfoque propositivo en las discusiones políticas.

Felipe González vinculó el estado de crispación actual con lo que describió como un patrón cíclico en la historia de España. Según relató, cada cuarenta años la sociedad experimenta lo que definió como intenciones autodestructivas que desembocan en rupturas y pérdida de lo alcanzado hasta el momento. Como ejemplo, evocó la Restauración, que tras cuarenta años se vio interrumpida por el golpe de estado de Miguel Primo de Rivera, a quien recordó por su pronunciamiento en Barcelona. González expresó su inquietud ante la posibilidad de que este ciclo vuelva a repetirse en la actualidad.

El expresidente compartió además recuerdos personales de Javier Lambán, lamentando su ausencia y destacando su capacidad para negociar y su vocación por la búsqueda del consenso, sin renunciar a expresar sus ideas de forma directa y sin ofender a los demás. Según reportó el medio, González subrayó que Lambán prefería el acuerdo a la confrontación, una actitud que él considera fundamental en la coyuntura actual.

Durante el homenaje, González reconoció sentirse particularmente afectado por la muerte de Lambán, a quien consideraba un interlocutor valioso dentro del Partido Socialista. Admitió que, por esa razón, no quiere eliminar de su teléfono las conversaciones mantenidas con Lambán y también con Alfredo Pérez Rubalcaba, otro referente del socialismo español. “Siento la ausencia”, manifestó González, enfatizando el impacto personal de estas pérdidas.

El exlíder del Ejecutivo valoró el compromiso de Lambán con Aragón y su apuesta por un proyecto nacional inclusivo, compatible con la descentralización autonómica. González insistió en que nunca vio en Lambán una contradicción entre la defensa de la identidad aragonesa y su implicación en un proyecto común para España. Distinguiendo entre descentralización y lo que denominó "centrifugación del poder", precisó que el primer concepto había sido beneficioso para la política española, mientras que fragmentar el poder estatal puede poner en riesgo la cohesión y el interés general. Añadió que el Gobierno debe ser el garante de un proyecto nacional que ilusione y ofrezca perspectiva de futuro, aunque lamentó que esa esperanza se ha disipado en los tiempos recientes.

González también destacó el compromiso de Lambán con la Transición democrática, lo que, en opinión del expresidente, lo situaba como una figura poco común en el panorama actual. Aunque admitió que el proceso de Transición tuvo imperfecciones, defendió que la búsqueda de modelos perfectos conduce a imposiciones y exclusiones, una visión que, según detalló el medio, compartía con Lambán. Como anécdota, recordó un mitin en Zaragoza en el que Lambán intentó sabotear su discurso, valorando esta actitud como una muestra del compromiso de Lambán con la libertad de expresión.

Finalmente, Felipe González aprovechó la ocasión para recordar una afirmación de Fernando de los Ríos ante Lenin en Moscú: “libertad para ser libres”, vinculando esta aspiración con la necesidad de recuperar el diálogo constructivo y evitar la exclusión de quienes defienden posiciones distintas dentro de un mismo proyecto nacional. González concluyó su intervención reafirmando la importancia de preservar la pluralidad y la integración, principios que, según destacó, caracterizaron la trayectoria de Javier Lambán y que considera esenciales para superar los retos que enfrenta la sociedad española, según recogió el medio.