Lorena R. de la Torre
Xinzo de Limia (Ourense), 16 feb (EFE).- El carnaval más largo de España y uno de los más largos de Europa, el entroido de Xinzo de Limia, continúa tras el petardazo y el domingo fareleiro con el "Domingo Oleiro", una tradición que se remonta décadas atrás y que consiste en hacer pasillos de personas que se lanzan al aire vasijas de barro -olas- hasta que terminan por romperse en el suelo.
Esta tradición es uno de las principales reclamos del entroido de Xinzo, previo al Domingo de Corredoiro, en una fiesta que tendrán su clímax en marzo, en los días centrales del carnaval en la provincia de Ourense.
Cuenta la tradición que antiguamente el oleiro era un juego de mujeres, que iban a recoger el agua a las fuentes para transportarla, y que se extendió por buena parte de la Península Ibérica ya en el siglo XVII. Algunos antropólogos relacionaban las olas con las bodas, por lo que llegaron a asociarse a la fertilidad.
En Xinzo da Limia, los más ancianos recuerdan la celebración del Oleiro, tradición que se remonta a muchas décadas atrás cuando no existía agua corriente en las casas. En aquellos momentos, la gente iba a las fuentes con cántaros y ollas y, aquellas que quedaban en desuso, se las lanzaban unos jóvenes a otros en un juego de flirteo y que terminaba con noviazgos.
Desde entonces, Xinzo de Limia, capital por antonomasia del entroido gallego y que tiene uno de los rituales más largos del noroeste peninsular, mantiene intacta esta tradición con ligeras variaciones.
Una de ellas es el tamaño de las olas -son más pequeñas- y también la gran participación, ya que no solo hombres sino también mujeres se han ido sumando en los últimos años a esta celebración.
Una de las especificidades del "Oleiro", es que hay que tener cierta destreza a la hora de lanzar bien la ola, preferiblemente alta y con parábola, un aspecto que consideran clave, según sus integrantes, para poder garantizar una buena recepción, especialmente si la persona que la va a recoger está lejos.
"Es muy importante que venga bien para no hacerse daño y poder agarrarla", cuenta Poly, un vecino de la localidad, quien, con más de cuatro décadas a sus espaldas lanzando olas, recuerda desde siempre esta tradición.
"Tengo 60 años y desde los dieciocho ya estaba lanzando olas. La principal diferencia es que antes eran más grandes y participaban sólo una decena de hombres", explica.
Otra peculiaridad es que los participantes van vestidos de época, mientras la gente disfruta del espectáculo agolpada detrás de las vallas.
Las olas tienen un tamaño mediano, aunque para incrementar la dificultad algunas van cargadas de agua, vino o distintos objetos, dificultando su recepción por parte de la persona que la recibe.
El resultado final es cerca de 400 olas, destrozadas por el suelo, con el consabido remojón.
"Aprendí de mi abuelo, que ya jugaba a las olas, después con mi padre, y desde hace unos años también yo", explica a Efe Mariña Rodríguez.
Lo más importante es darle parábola a la ola, aunque también se atreven a jugar con dos. "Las cruzamos por el aire" y, si tiene el canto roto, "le damos un golpe contra el suelo para alisarla", añade esta vecina.
"Hay que saber tirarlas bien, y sobre todo tener ganas de pasarlo bien", coinciden los asistentes.
Por el momento, el relevo está asegurado: "Cada vez juega más gente joven y viene más gente a verlo. Eso facilita una mejor organización", apunta Mariña, para quien el entroido en Xinzo "es un sentimiento" que se lleva dentro".
La siguiente etapa será el próximo domingo, el Domingo Corredoiro, primer día del entroido en el que salen a la calle sus personajes centrales, las Pantallas. EFE
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